Testimonios para la Iglesia, Vol. 6, p. 179-188, día 356

Para lograr este resultado debe evitarse toda mezquindad. Se necesitará devoción sincera, ferviente y cordial. Será esencial que haya en los maestros piedad ardiente y activa. Pero hay un gran poder disponible para nosotros si queremos tenerlo. Hay gracia para nosotros si deseamos conseguirlo. Para obtenerlo, el Espíritu Santo aguarda tan sólo que lo pidamos con una ardiente dedicación proporcional al valor del objeto que perseguimos. Los ángeles del cielo están tomando nota de toda nuestra obra y observando para decidir cómo ministrar a cada uno de modo que todos reflejen la imagen de Cristo en su carácter y que se amolden a la similitud divina. Cuando los encargados de los hogares de nuestras escuelas aprecien los privilegios y las oportunidades que tienen, harán para Dios una obra que el cielo aprobará.

-180-

La reforma industrial

Por el hecho de que surjan dificultades no tenemos que abandonar las industrias establecidas como ramas de la educación. Mientras asisten a la escuela, los jóvenes deben tener la oportunidad de aprender a manejar herramientas. Bajo la dirección de obreros de experiencia, carpinteros aptos para enseñar, pacientes y bondadosos; los mismos alumnos deben levantar edificios en los terrenos de la escuela y hacer las mejoras necesarias. Así aprenderán, mediante lecciones prácticas, a construir de una manera económica. Se debe adiestrar también a los alumnos en los detalles de los diversos trabajos relacionados con la imprenta, tales como la composición, la impresión y la encuadernación; también en la confección de tiendas y otros trabajos útiles. Se deben plantar frutales pequeños y cultivarse flores y verduras, haciendo salir a las jóvenes alumnas al aire libre para realizar estas labores. Así, mientras ejercitan la mente, los huesos y los músculos, estarán adquiriendo también conocimientos de la vida práctica.

La cultura en todas estas cosas hará a nuestros jóvenes útiles para llevar la verdad a los campos extranjeros. Así no tendrán que depender de las personas entre quienes vivan para cocinar, coser o edificar; tampoco será necesario gastar dinero para trasladar hombres a miles de kilómetros para trabajar en la construcción de escuelas, capillas y viviendas. Los misioneros ejercerán mayor influencia entre la gente si pueden enseñar a los inexpertos a trabajar de acuerdo con los mejores métodos y obtener los mejores resultados. Podrán demostrar así que los misioneros pueden llegar a ser educadores industriales; y esta clase de instrucción será apreciada especialmente donde los recursos son limitados. Se requerirán menos fondos para sostener a tales misioneros; por cuanto, en combinación con sus estudios dieron el mejor empleo a sus facultades físicas en el trabajo práctico. Dondequiera que vayan les resultará ventajoso todo lo que hayan logrado en este sentido. Los alumnos de los departamentos industriales, ya sea que se ocupen en trabajos domésticos, en el cultivo del suelo o en otras actividades, deben tener tiempo y oportunidad para poder asociar lecciones prácticas y espirituales que han aprendido con sus labores. En todos los deberes prácticos de la vida, deben hacerse comparaciones con las enseñanzas de la naturaleza y de la Biblia.

-181-

Los motivos que en algunos lugares nos han inducido a alejarnos de las ciudades y a situar nuestras escuelas en el campo, se adaptan bien a las escuelas que vayamos a establecer en otros lugares. El gastar dinero en construcciones adicionales cuando una escuela está ya muy endeudada, no está de acuerdo con el plan de Dios. Si el dinero que nuestras escuelas más grandes emplearon en edificios costosos se hubiese invertido en la adquisición de terrenos donde los alumnos pudiesen haber recibido una educación apropiada, no habría ahora un número tan grande de alumnos luchando bajo la carga de una pesada deuda, y la obra de dichas instituciones se hallaría en una condición más próspera. Si se hubiese seguido esa conducta, habría habido algunas quejas de parte de los alumnos y muchas objeciones de parte de los padres; pero los alumnos habrían obtenido una educación adecuada que los habría preparado no solamente para la labor práctica en oficios diversos, sino para un lugar en la viña del Señor en la tierra renovada.

Si todas nuestras escuelas hubieran estimulado el trabajo en los diversos ramos de la agricultura, habrían alcanzado resultados muy diferentes. No habría desalientos tan grandes. Se habrían vencido las influencias opositoras; habrían cambiado las condiciones financieras. En cuanto a los alumnos, el trabajo habría sido equilibrado, y todos participando proporcionalmente, se habría desarrollado una mayor fuerza física y mental. Pero la instrucción que el Señor tuvo a bien dar se acogió tan tibiamente que no se han vencido los obstáculos.

Revela cobardía el avanzar con tanta lentitud e incertidumbre en lo que concierne al trabajo, fase esa que ha de suministrar el mejor tipo de educación. Mirad la naturaleza. Hay sitio dentro de sus vastos límites para establecer escuelas donde los terrenos puedan ser preparados para la labranza y cultivados. Este trabajo es esencial para la educación que más favorece el progreso espiritual; pues la voz de la naturaleza es la voz de Cristo que nos enseña lecciones innumerables de amor, poder, sumisión y perseverancia. Algunos no aprecian el valor del trabajo agrícola. Estos no debieran estar a cargo de formular planes para nuestras escuelas; pues detendrían el avance de cualquier en las direcciones debidas. En pasado su influencia ha sido un impedimento.

-182-

Si se cultiva la tierra, ella proveerá con la bendición de Dios, para nuestras necesidades. No tenemos que desanimarnos en cuanto a las cosas temporales, en virtud de fracasos aparentes ni debiéramos descorazonarnos a causa de las demoras. Debiéramos trabajar la tierra en forma alegre, esperanzada y agradecidamente; estando persuadidos de que la tierra encierra en su seno ricas provisiones para el obrero fiel, provisiones más preciosas que oro o plata. La mezquindad que se le atribuye a la tierra es falso. Mediante un cultivo adecuado e inteligente, la tierra entregará sus tesoros para provecho de la humanidad. Las montañas y las colinas están cambiando; la tierra se está envejeciendo como ropa de vestir; empero la bendición del Dios que preparó la mesa para su pueblo en el desierto no cesará jamás.

Nos esperan tiempos solemnes, y existe gran necesidad de que las familias salgan de las ciudades y se internen en el campo, a fin de que la verdad pueda llevarse a los vallados así como a los caminos de la tierra. Mucho depende de que se tracen nuestros planes de acuerdo con la Palabra del Señor y se lleven a término con perseverante energía. El éxito depende más de la consagrada actividad y perseverancia que del genio y del estudio de los libros. Todos los talentos y las aptitudes otorgadas a los agentes humanos, si no se usan, son de escaso valor.

Un retorno a los métodos más sencillos será apreciado por los niños y los jóvenes. El trabajo en la huerta y en el campo constituirá una variación agradable en la cansadora rutina de las lecciones abstractas, a las cuales sus jóvenes inteligencias no debieran jamás ser limitadas. Esta variación será especialmente valiosa para el niño nervioso que encuentra en los libros lecciones agotadoras y difíciles de recordar. Habrá para él salud y dicha en el estudio de la naturaleza y las impresiones obtenidas no desaparecerán de su mente, por cuanto estarán asociadas con objetos que se hallan constantemente ante su vista.

-183-

El trabajar la tierra es una de las mejores ocupaciones, algo que pone en actividad a los músculos y da reposo a la mente. El estudio en materia de agricultura debe ser el ABC de la educación en nuestras escuelas. Esta es precisamente la primera tarea que debiera iniciarse. Nuestras escuelas no debieran depender de la adquisición de productos importados en lo que se refiere a cereales, verduras y frutas, que tan esenciales son para la salud. Nuestros jóvenes deber ser instruidos en el desmonte de terrenos y en la labranza de la tierra tanto como en los asuntos literarios. Varios maestros debieran ser elegidos para vigilar a determinado número de alumnos en su trabajo y trabajar con ellos. De este modo los mismos maestros aprenderán responsabilidades como supervisores. Los alumnos capaces debieran ser enseñados también a llevar responsabilidades y a ser colaboradores de los maestros. Todos debieran efectuar planes juntos para encontrar los mejores métodos de llevar adelante el trabajo.

El tiempo es demasiado corto ahora para lograr lo que pudo haberse hecho en generaciones pasadas. Pero aún en estos últimos días podemos hacer mucho para corregir los males existentes en la educación de la juventud. Y porque el tiempo es corto, debemos ser diligentes y trabajar celosamente para dar a los jóvenes una educación consecuente con su fe. Somos reformadores. Deseamos que nuestros hijos estudien para ser la mejor prerrogativa. A fin de lograr esto, debiera empleárseles en aquello que les ayude a ejercitar los músculos. El trabajo sistemático diario debe constituir una parte de la educación de la juventud aun en esta hora avanzada. Mucho puede lograrse ahora de esta manera. Siguiendo este plan, los estudiantes obtendrán elasticidad de espíritu y fuerza de pensamiento, y en un momento dado pueden lograr más labor mental que la que obtendrían por solamente el estudio. Así pueden salir de la escuela con una constitución no debilitada, con fuerza y ánimo para perseverar en cualquier posición donde la providencia de Dios los coloque.

-184-

El ejercicio que enseña a la mano a ser útil, y disciplina al joven para llevar la parte que le toca de las cargas de la vida, proporciona fuerza física y desarrolla cada facultad. Todos debieran buscar algo que hacer que sea beneficioso para sí mismos y para otros. Dios ordenó el trabajo como una bendición y solamente el obrero diligente encontrará la verdadera gloria y gozo de la vida.

El cerebro y los músculos la mente y el cuerpo deben utilizarse proporcionalmente en forma equilibrada si se quiere conservar la salud y el vigor. Los jóvenes pueden entonces aportar al estudio de la Palabra de Dios una percepción sana y nervios bien equilibrados. Tendrán pensamientos saludables y podrán retener las cosas preciosas que se encuentran en la Palabra. Se Asimilarán sus verdades y como resultado tendrán fuerza intelectual para discernir lo que es verdad. Luego, según la ocasión lo requiera, podrán dar, con mansedumbre y temor, a todo aquel que lo demande; razón de la esperanza que hay en ellos.

-185-

La finca de la escuela de Avondale

Existen algunas cosas referentes a la disposición y el empleo de las tierras próximas a nuestra escuela e iglesia, que me han sido presentadas y que, por la instrucción que he recibido, debo presentaros. Hasta hace poco no me sentí en libertad para hablar de ellas y aun ahora no me atrevo a revelarlo todo, debido a que nuestro pueblo no está preparado todavía para comprender todo lo que en la providencia de Dios se desarrollará en Avondale.

En visiones de la noche algunas cosas me fueron presentadas claramente. Había personas que escogían parcelas de tierra cercanas a la escuela, en las que se proponían edificar casas y establecer hogares. Pero Uno se puso en medio de nosotros y dijo: “Estáis cometiendo una gran equivocación, la cual tendréis que lamentar. Este terreno no tiene que ser ocupado con edificios, excepto en lo tocante a proveer las comodidades necesarias para los maestros y alumnos de la escuela. El terreno que rodea la escuela debe reservarse para la granja de la escuela. Tiene que convertirse en una parábola viva para los alumnos, quienes no han de considerar el terreno de la escuela como cosa común, sino como un libro de texto abierto ante ellos y que el Señor quiere que estudien. Sus lecciones impartirán conocimiento con respecto a la cultura del alma.

“Si consentís en que el terreno próximo a la escuela sea ocupado por domicilios privados y luego os veis obligados a escoger para el cultivo otro terreno distante de la escuela, será una gran equivocación, que siempre lamentaréis. Todo el terreno próximo a los edificios ha de considerarse destinado a la labranza, donde los alumnos podrán aprender bajo instructores bien preparados. Los jóvenes que asistan a nuestras escuelas necesitarán todo el terreno cercano. Han de sembrar en él plantas de adorno y árboles frutales y cultivar la huerta.

“La finca de la escuela ha de considerarse como un libro de texto de la naturaleza, del cual los maestros saquen lecciones prácticas. Se ha de enseñar a nuestros alumnos que Cristo quien creó el mundo y todas las cosas que hay en él, es la vida y la luz de cada cosa viviente. La vida de cada niño y joven dispuesto a aprovechar las oportunidades de recibir una educación apropiada, será grata y feliz, mientras estén en la escuela, por las cosas sobre las cuales se posen sus ojos”.

-186-

La obra que nos espera

Necesitamos más maestros y más talento para educar a los alumnos en diversas maneras, a fin de que muchos salgan dispuestos y preparados a comunicar a otros el conocimiento que han obtenido. Los jóvenes y niñas huérfanos han de encontrar aquí un hogar. Se han de levantar edificios para un hospital y debieran habilitarse bancas para la comodidad de la escuela. Debiera emplearse a un competente administrador para la finca, y también a hombres entendidos y enérgicos para actuar de directores en los diversos ramos industriales. Personas que hagan uso de sus talentos individuales para enseñar a los alumnos a trabajar.

Vendrán al colegio muchos jóvenes que desearán obtener una preparación en ramos industriales. La enseñanza industrial debe incluir contabilidad, carpintería y todo lo relativo a la agricultura. Se debieran establecer los recursos necesarios para enseñar a trabajar en herrería, pintura, zapatería, cocina, panadería, lavandería, reparaciones en general, mecanografía e imprenta. Toda facultad que poseamos deberá ponerse a disposición en esta obra de preparación, a fin de que los alumnos salgan de la escuela bien preparados para los deberes de la vida práctica.

Las viviendas y otras dependencias esenciales para la obra del colegio deben ser construidas por los mismos alumnos, y sin aglomerarlas ni colocarlas cerca de los edificios propios del colegio. Las personas que dirigen la obra de construcción deben formar grupos pequeños, a los cuales los directores competentes enseñarán a tener pleno sentido de su responsabilidad. Todas estas cosas no pueden llevarse a cabo simultáneamente, pero debemos empezar a trabajar por fe.

-187-

Debe reservarse terreno

El Señor quiere que los terrenos que rodean al colegio se le dediquen a él como su aula personal. Estamos situados donde hay abundancia de tierra, por lo que los terrenos adyacentes al colegio y la iglesia no deben ocuparse para domicilios privados. No todos los que creen la verdad para este tiempo han experimentado una transformación en su carácter. No todos dan un buen ejemplo porque no representan el carácter de Cristo. Muchas personas que desearían relacionarse con la iglesia y la escuela, no prestarían ayuda, sino que serían estorbos. Creen que ellos deben ser ayudados y favorecidos. No aprecian el carácter ni la situación de la obra en que estamos empeñados. No comprenden que todo lo hecho en Avondale se ha llevado a cabo con penoso trabajo y mediante el empleo de dinero dado con sacrificio, o que se se recibió en préstamo.

Entre las personas que desearán establecerse cerca de nuestras escuelas, habrá algunos que tienen un elevado concepto de sí mismos y se preocupan mucho de su propia reputación. Son quisquillosos y revoltosos. Necesitan convertirse, por cuanto están lejos de hallarse en condición de recibir la bendición del Señor. Satanás los tienta a que pidan favores que si se conceden, sólo los perjudicarán, y acarrearán ansiedad a sus hermanos. Los principios vivificantes de la Palabra de Dios tienen que introducirse en la vida de muchos que ahora no encuentran lugar para ellos. Los que están aprendiendo en la escuela de Cristo, considerarán cada favor proveniente de Dios como demasiado bueno para ellos. Reconocerán que no merecen todo lo bueno que reciben y se tendrán por dichosos. Sus rostros manifestarán paz y descanso en el Señor, por cuanto tienen la promesa de que Dios cuida de ellos.

“Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies: ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero mirare a aquél que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” Isaías 66:1, 2. Durante los últimos días del año 1898 ocurrieron muchos incidentes que nos enseñaron lo que estas palabras significan. Mi corazón estaba sumamente abrumado cuando se me me revelaron asuntos relativos a los males que ocurrirían si se entregara el terreno adyacente al colegio para la construcción de viviendas. Tuve la impresión de que estábamos en una reunión de consulta y entre nosotros había Uno de quien se esperaba que nos ayudase a salir de nuestras dificultades. Las palabras que pronunció fueron sencillas y terminantes. Dijo:

-188-

“Por designio de Dios, este terreno es para beneficio de la escuela. Habéis tenido pruebas de cómo obra la naturaleza humana y de lo que ella revelará al ser tentada. Cuanto mayor sea el número de familias que se establezcan alrededor del colegio, tanto más numerosas serán las dificultades que aquejarán a maestros y alumnos. El egoísmo natural de los hijos de los hombres está siempre listo para manifestarse si alguna cosa no conviene. El terreno circundante debe convertirse en una granja, y el terreno cultivado debe ser mucho más que lo que habéis proyectado. En ese terreno debe realizarse trabajo relacionado con el estudio. En esta institución se ha de trabajar y estudiar conjuntamente, de acuerdo con los consejos recibidos. Avondale debe convertirse en un centro filantrópico. El pueblo de Dios residente en Australia ha de ser motivado por el Espíritu del Señor a ofrecer simpatía y recursos para el sostén y fomento de muchas iniciativas de caridad y benevolencia que proveerán medios adecuados para enseñar a los pobres, a los desamparados y a los ignorantes a valerse por sí mismos”.

-188-

Visión panorámica

En varias ocasiones se me ha indicado que el terreno que rodea nuestro colegio debe usarse como campo de cultivo del Señor. En un sentido especial, ciertas porciones debieran cultivarse intensivamente. Vi delante de mí terrenos en que se había plantado toda clase de árboles frutales que pueden prosperar en la localidad; había también huertas de verduras donde la semilla se sembraba y cultivaba. Si los dirigentes de esta finca y los maestros del colegio quieren recibir la colaboración del Espíritu Santo, tendrán sabiduría en su administración y Dios bendecirá sus labores. El cuidado de los árboles, la siembra y la recolección de la cosecha, serán lecciones maravillosas para todos los alumnos. Los eslabones invisibles que conectan la siembra y la siega han deben estudiarse, y las bondades de Dios es necesario que se destaquen y aprecien. El Señor es el que imparte virtud y poder al terreno y la semilla. Si no fuera por la mediación divina combinada con el conocimiento y la habilidad de los encargados del trabajo, la semilla sembrada sería inútil. Existe un poder invisible que obra constantemente a favor de los seres humanos para alimentarlos y vestirlos. La parábola de la simiente, si se la estudia en la experiencia diaria del maestro y del alumno, revelará que Dios obra en la naturaleza y aclarará muchas cosas relativas al reino de los cielos.

Posted in

Tatiana Patrasco