Testimonios para la Iglesia, Vol. 6, p. 89-98, día 347

Convertido a la verdad, se transformará en un instrumento en la mano de Dios para comunicar la luz. Tendrá una preocupación especial por otras almas de esta desatendida clase. Sentirá que se le ha encomendado una dispensación del Evangelio para aquellos que han hecho de este mundo su todo. Tiempo y dinero serán consagrados a Dios, recursos serán traídos a su tesorería, talento e influencia serán convertidos a la verdad, se añadirá a la Iglesia eficiencia y poder renovados.

Cristo instruye a sus mensajeros para que vayan también en busca de quienes están en los caminos apartados y los vallados: los pobres y humildes de la tierra. Muchos de ellos no saben qué hacer para ser salvos. Muchos están sumergidos en sus delitos y pecados; muchos se encuentran desesperados. Los afligen enfermedades de todo tipo, tanto del cuerpo como del alma. Anhelan encontrar solaz para sus tribulaciones, y Satanás los tienta para que lo busquen en la impureza y los placeres que los conducen a la ruina y a la muerte. Gastan su dinero en lo que no es pan, y trabajan por lo que no satisface. Estas almas no deben ser pasadas por alto.

Con la obra de promover los mandamientos de Dios y reparar el portillo que ha sido abierto en su ley, debemos mezclar compasión por la humanidad sufriente. Debemos mostrar amor supremo a Dios; necesitamos exaltar su monumento conmemorativo que ha sido pisoteado por pies profanos; y con esta obra debemos manifestar misericordia, benevolencia y la piedad más tierna por el doliente y el pecador.

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En cada lugar donde se presenta la verdad, deben hacerse fervorosos esfuerzos desde el comienzo para predicar el Evangelio a los pobres y sanar a los quebrantados de salud. Fielmente realizado, este trabajo agregará a la iglesia muchas almas que habrán de ser salvas.

Los que trabajan de casa en casa encontrarán oportunidades para el ministerio en muchos frentes. Deben orar por los enfermos y hacer todo lo que esté a su alcance para aliviarlos del sufrimiento. Deben trabajar entre los humildes, los pobres y los oprimidos. Debemos orar por y con los desamparados que no tienen fuerza de voluntad para controlar los apetitos degradados por las pasiones. Deben hacerse fervorosos y perseverantes esfuerzos por la salvación de aquellos en cuyos corazones se ha despertado un interés. Muchos pueden ser alcanzados solamente por acciones de bondad desinteresada. Sus necesidades físicas deben ser aliviadas antes. A medida que observen evidencias de nuestro amor desinteresado, será más fácil creer en el amor de Cristo.

Las enfermeras misioneras son las mejor calificadas para esta obra; pero otras deben unirse a ellas. Estas, aunque no educadas ni entrenadas especialmente en enfermería, pueden aprender de sus compañeras de labor la mejor manera de trabajar.

Abundan la habladuría, el fariseísmo y la vanagloria; pero estos jamás ganarán almas para Cristo. El amor puro, santificado, tal como se manifestó en la vida de Cristo, es como un perfume sagrado; como el perfume del aceite aromático derramado por María Magdalena, llena toda la habitación con fragancia. La elocuencia, el conocimiento, la verdad y los talentos inusuales, mezclados con amor, son todos dones preciosos. Pero ni la habilidad ni los talentos mejor seleccionados pueden por ellos solos ocupar el lugar del amor.

Este amor debe ser manifestado por los obreros del Señor. El amor por Dios y por quienes Cristo ha muerto, hará una obra que escasamente comprendemos. Quienes no aprecian ni cultivan este amor, no pueden ser misioneros de éxito.

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Todos los que aceptan a Cristo deben disponerse a trabajar por quienes están muertos en sus delitos y pecados. Dondequiera se haya proclamado la verdad y despertado y convertido a la gente, los creyentes deben unirse sin demora para practicar la caridad. Doquiera se haya presentado la verdad bíblica, debe establecerse la obra de la piedad práctica. En todos los lugares donde se haya establecido una iglesia, debe hacerse obra misionera para los desamparados y sufrientes.

Preocupémonos de nuestros pobres

Se nos ordena que “hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”. Gálatas 6:10. En nuestra obra de benevolencia debiera ofrecerse ayuda especial a los que, por la presentación de la verdad, estén convencidos y convertidos. Debemos preocuparnos de las personas que tienen el valor de aceptar la verdad, de quienes pierden sus ocupaciones y se les niega trabajo para sostener a sus familias. Se debe hacer provisión para ayudar al pobre digno y proveer empleo para aquellos que aman a Dios y guardan sus mandamientos. No hay que dejarlos desamparados ni que lleguen a la conclusión de que deben trabajar en sábado o morir de hambre. Los que se ponen de parte del Señor deben ver en los adventistas del séptimo día a un pueblo generoso, abnegado y sacrificado, que alegremente y de buen grado presta servicio a sus hermanos en necesidad. El Señor se refiere especialmente a esta clase de gente cuando dice “y a los pobres errantes albergues en casa”. Isaías 58:7.

Los dirigentes y los obreros de la iglesia

Cuando se eligen los dirigentes para las nuevas iglesias, debe ejercerse gran cuidado. Que sean hombres y mujeres plenamente convertidos. Las personas elegidas deben ser las que están mejor preparadas para enseñar, las que puedan servir tanto con palabras como en acciones. Existe gran necesidad de trabajar en todo frente.

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Jamás permitáis que el interés se debilite. Elaborad métodos que produzcan un profundo y vivo interés en las nuevas iglesias. Todos los que están asociados con la iglesia deberían sentir una responsabilidad individual. Todos debieran trabajar al máximo de sus habilidades para fortalecer la iglesia y hacer que las reuniones estén tan llenas de vida, que los que están fuera se sientan atraídos e interesados. Todos debieran sentir que es un pecado dejar que el interés del público disminuya cuando tenemos verdades tan sagradas y solemnes de los oráculos vivos que debemos repetir una y otra vez. Fijad en el ánimo de todos la necesidad del bautismo del Espíritu Santo, la santificación de los miembros de la iglesia para que sean árboles vivos del plantío del Señor, en crecimiento y con frutos.

Dios llama a obreros abnegados y sacrificados. Quienes dedican el tiempo que Dios les ha dado para ir en busca de la gente, y se esfuerzan por instruirla, cuidándola como quienes tendrán que rendir cuenta, obtendrán abundante experiencia. A medida que comunican las preciosas verdades de la Palabra de Dios a otros, sus propios corazones se abrirán para la recepción de la Palabra. Serán instruidos por el gran Maestro.

Dios ha abierto una fuente para el mundo malvado y sufriente y se escucha la voz de la misericordia divina: “Venid todos los sedientos; venid y bebed”. Podéis tomar el agua de la vida gratuitamente. Que todo el que oye diga, ven; y el que quiera, venga. Que cada alma -hombre o mujer- haga resonar este mensaje. Entonces el mensaje será llevado a los lugares incultos de la tierra. Se cumplirá entonces lo que está escrito: En aquel día el Señor abrirá fuentes en los valles, y “abriré en el desierto estanques de aguas”. “Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación”. Isaías 41:18; 43:19, 20; 12:3.

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Menos predicación, más instrucción

No debiera exigirse que sólo uno o dos obreros se encarguen de predicar y enseñar los temas bíblicos en nuestros congresos campestres. A veces se puede lograr mejor efectividad si se divide la congregación en secciones menores; de esta manera el instructor bíblico puede relacionarse mejor con los asistentes que en grupos más numerosos.

Hay más predicación que la necesaria en nuestros congresos. Esto pone una carga pesada sobre los pastores, y debido a esto, se descuida gran parte de lo que requiere atención. Muchos detalles pequeños que abren la puerta a males serios pasan inadvertidos. Se le quita energía física al ministro y se lo priva del tiempo que necesita para meditar y orar a fin de mantener su propia alma en el amor de Dios. Y cuando se presentan tantos discursos seguidos, la gente no tiene tiempo para asimilar lo que escucha. Sus mentes se confunden, y los servicios les parecen tediosos y aburridores.

Debe enseñarse más y predicarse menos. Hay quienes desean tener una luz más definida que la que reciben escuchando sermones. Algunos necesitan más tiempo que otros para comprender los puntos presentados. Si se hiciera más sencilla la verdad enseñada, sus ojos se abrirían y se aferrarían a ella, y sería como un clavo fijado en un lugar seguro.

Se me mostró que nuestros congresos campestres deben ser más interesantes y exitosos. Al aproximarnos al tiempo del fin, he visto que en estas concentraciones espirituales habrá menos sermones y más estudio de la Biblia. Habrá pequeños grupos esparcidos por todo el terreno con sus Biblias en mano, y otros dirigiéndolos en estudios conversacionales de la Escritura.

Éste es el método que Cristo enseñó a sus discípulos. Cuando las grandes multitudes se reunían alrededor de Jesús, él instruía a los discípulos y a la gente. Después del sermón, los discípulos se mezclaban con la gente y le repetían lo que Jesús había dicho. A menudo los oyentes habían aplicado mal las palabras de Cristo, y los discípulos les aclaraban lo que decía la Escritura y lo que Cristo había enseñado que decía.

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Si el hombre que siente que ha sido llamado por Dios para ser un ministro se humillara y aprendiera de Cristo, llegaría a ser un verdadero maestro. Lo que necesitamos en nuestros congresos campestres, es un ministerio vivificado por el Espíritu Santo. Debe haber menos predicación de sermones y más tacto para educar a la gente en la religión práctica. Deben ser impresionados por el hecho de que Cristo es salvación a todo aquel que cree. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. Juan 3:16. Hay temas extraordinarios sobre los cuales debe basarse el ministerio. Cristo dijo: “El que cree en mí, tiene vida eterna”. Juan 6:47.

Si los labios del ministro son tocados con el carbón encendido del altar, él ensalzará a Jesús como la única esperanza del pecador. Cuando el corazón del predicador está santificado por la verdad, sus palabras serán realidades vivientes para él y para otros. Aquellos que le han oído, sabrán que ha estado con Dios y se ha acercado a él en ferviente y eficaz oración. El Espíritu Santo ha sido derramado sobre él, su alma ha sentido el vigorizador fuego celestial y podrá comparar los asuntos espirituales con lo espiritual. Se les dará poder para derrumbar las fortalezas de Satanás. Sus presentaciones del amor de Dios quebrantarán corazones y muchos indagarán: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”

Institutos ministeriales

“Id y predicad el evangelio a todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura”, es la orden del Salvador para sus obreros. Pero, se ha ignorado esta clara instrucción. Aunque la luz se ha dado repetidamente, se continúa llamando hombres desde sus campos de trabajo para que asistan durante muchas semanas a un instituto ministerial. Hubo un tiempo cuando esto era necesario, porque nuestra propia feligresía se opuso a la obra de Dios al rechazar la luz sobre la justificación por la fe en Cristo. Ellos debieron haber recibido e impartido ese mensaje con el corazón, la voz y la palabra impresa, porque esta es su única eficiencia. Debieron haber trabajado bajo la dirección del Espíritu Santo para dar la luz a otros.

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La realización de tantos institutos bíblicos entre nuestro propio pueblo, no es sabia. El objetivo es bueno, pero hay una obra más urgente que cumplir: llevar la luz de la verdad a nuevas regiones, donde no ha penetrado. Los obreros retenidos para trabajar por los que ya tienen un conocimiento de la verdad, se colocan fuera de contacto con los inconversos. Al dedicar tanto tiempo, año tras año, a los institutos ministeriales, nuestros hermanos han descuidado campos que ya están listos para la siega. Personas ciegas espiritualmente, prejuiciadas por aquellos que representan incorrectamente la verdad, han quedado sin amonestar. ¡Oh, el descuido que será registrado contra individuos, organizaciones e iglesias en aquel día, cuando cada cual será juzgado de acuerdo a las obras hechas en el cuerpo! Entonces se verá cuán grande era la medida de responsabilidad por no haber extendido la obra a las regiones lejanas.

La asistencia a tantos institutos no ha producido mayor beneficio a los mismos obreros. Los talentos se desarrollan mejor donde son más necesitados. Los ministros llamados de otros campos para asistir a institutos ministeriales, no están tan bien preparados para la obra como si se asignaran ellos mismos al trabajo consagrado en los campos de estudios, allí donde el estandarte de la verdad debe flamear bien alto. Si estudiaran la Palabra de Dios con un espíritu dócil, orando y velando en oración, y trabajando además de orar; los ángeles de Dios abrirían sus entendimientos para recibir la verdad en su hermosura.

Según se recibe el conocimiento de la verdad, permitid que esta se imparta a los que están en oscuridad, sin Dios y sin esperanza en el mundo. En dicha labor hay una variedad de percepciones con las cuales trabajar, y Dios bendecirá grandemente a sus siervos cuando acudan a él en busca de sabiduría. El Espíritu Santo vendrá a todos los que imploran la recepción del pan de vida para darlo a sus vecinos.

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En vez de tener institutos para capacitar ministros para su trabajo, dadles la responsabilidad de laborar en lugares donde se han celebrado congresos campestres. Después de ser alimentados con el pan de vida por un milagro de la misericordia de Dios, permitidles trabajar para alimentar a otros.

Las cuantiosas sumas requeridas para los institutos ministeriales habrían dado mejores resultados si se hubieran gastado en sostener a los ministros en campos misioneros.

En el ministerio hay hombres de fe y oración que pueden decir: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo”. 1 Juan 1:1-3. Estos hombres deben instruir a otros. Dejad que los obreros se instruyan en el trabajo mismo en relación con obreros experimentados.

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Los bautismos

El significado del rito bautismal

Los ritos del bautismo y de la Cena del Señor son dos columnas monumentales, una fuera de la iglesia y la otra dentro de ella. Sobre estos ritos, Cristo ha escrito el nombre del verdadero Dios.

Cristo ha hecho del bautismo la señal de entrada en su reino espiritual. Ha hecho de él una condición positiva que todos deben cumplir si desean ser considerados bajo la autoridad del Padre, del Hijo y el Espíritu Santo. Antes que todo ser humano pueda hallar un hogar en la iglesia, antes de cruzar el umbral del reino espiritual de Dios, debe recibir la impresión del divino nombre: “Jehová, justicia nuestra”. Jeremías 23:6.

Por el bautismo se renuncia muy solemnemente al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre, Padre, Hijo y Espíritu Santo, al comienzo mismo de su vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satán y que han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey Celestial. Han obedecido la orden: “Salid de en medio de ellos, y apartaos … y no toquéis lo inmundo”. Y para ellos se cumple la promesa: “Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. 2 Corintios 6:17, 18.

La preparación para el bautismo

Los candidatos para el bautismo necesitan una preparación más cabal. Necesitan ser instruidos más fielmente de lo que generalmente se los ha instruido. Los principios de la vida cristiana deben ser presentados claramente a los recién llegados a la verdad. Nadie puede depender de su profesión de fe como prueba que tiene una relación salvadora con Cristo. No hemos de decir solamente: Yo creo, sino practicar la verdad. Conformándonos a la voluntad de Dios en nuestras palabras, nuestro comportamiento y carácter, es como probamos nuestra relación con él. Cuando alguien renuncia al pecado, que es la trasgresión de la ley, su vida será puesta en conformidad con la ley, en perfecta obediencia. Esta es la obra del Espíritu Santo. La luz de la Palabra estudiada cuidadosamente, la voz de la conciencia, las súplicas del Espíritu; producen en el corazón verdadero amor a Cristo, quien se dio como sacrificio completo para redimir toda la persona: el cuerpo, el alma, y el espíritu. Y el amor se manifiesta por la obediencia. La línea de demarcación será clara entre los que aman a Dios y guardan sus mandamientos, y aquellos que no le aman y desprecian sus preceptos.

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Los hombres y mujeres que sean fieles cristianos sentirán un interés intenso por impartir al alma convencida un correcto conocimiento de la justicia en Cristo Jesús. Algunos han permitido que el deseo de satisfacción egoísta lo domine todo en su vida; por estas almas los creyentes fieles deben velar como quienes tienen que dar cuenta. No deben descuidar la instrucción fiel, tierna y amante tan esencial para los jóvenes conversos, a fin de que la obra no sea hecha a medias. La primera experiencia debe ser correcta.

Satanás quiere que nadie contemple la necesidad de una completa entrega a Dios. Cuando el alma no hace esta entrega y no abandona el pecado; los apetitos y pasiones lucharán por el predominio y las tentaciones confundirán la conciencia, de manera que la verdadera conversión no se realiza. Si todos tuvieran un concepto del conflicto que cada alma debe sostener con los agentes satánicos que están tratando de entrampar, seducir y engañar, habría una labor diligente mucho mayor en favor de los que son jóvenes en la fe.

Con frecuencia, esas almas, abandonadas a su propio criterio, son tentadas y no disciernen lo malo de la tentación. Se les debe decir que es un privilegio solicitar consejos. Permítaseles que busquen la sociedad de los que pueden ayudarles. Mediante su trato con los que aman y temen a Dios recibirán fuerzas.

Nuestra conversación con estas almas debe ser de un carácter espiritual y animador. El Señor nota los conflictos de todos los seres débiles que dudan y luchan, y ayudará a todos los que le invocan. Verán el cielo abierto delante de ellos, y los ángeles de Dios que bajan y suben por la escalera resplandeciente por la cual ellos están tratando de subir.

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Tatiana Patrasco