Testimonios para la Iglesia, Vol. 6, p. 129-138, día 351

La parábola de la oveja perdida

La parábola de la oveja extraviada debiera ser atesorada como lema en toda familia. El divino Pastor deja las noventa y nueve, y sale al desierto en busca de la perdida. Hay matorrales, pantanos y grietas peligrosas en las rocas, y el Pastor sabe que si la oveja está en alguno de esos lugares, una mano amistosa debe ayudarle a salir. Mientras oye su balido lejano, hace frente a cualquier dificultad para salvar a su oveja perdida. Cuando la descubre, no la abruma con reproches. Se alegra de encontrarla viva. Con mano firme, aunque suave, aparta las espinas, o la saca del barro; la alza tiernamente sobre sus hombros, y la lleva de vuelta al aprisco. El Redentor puro y sin pecado, lleva al ser pecaminoso e inmundo.

El que expía los pecados lleva la oveja contaminada; pero es tan preciosa su carga que se regocija, cantando: “Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido”. Lucas 15:6. Considere cada uno de vosotros que su propia persona ha sido llevada sobre los hombros de Cristo. No albergue nadie un espíritu dominador, de justicia propia y criticón; porque ni una sola oveja habría entrado en el aprisco si el Pastor no hubiera emprendido la penosa búsqueda en el desierto. El hecho de que una oveja se había perdido bastaba para despertar la simpatía del Pastor, y hacerle emprender su búsqueda.

Este mundo diminuto fue escena de la encarnación y el sufrimiento del Hijo de Dios. Cristo no fue a los mundos que no habían caído, sino que vino a este pobre mundo, todo mancillado y arruinado por la maldición. La perspectiva no era favorable, sino muy desalentadora. Sin embargo, “no se cansará, ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia”. Isaías 42:4. Debemos tener presente el gran gozo manifestado por el Pastor al recobrar la oveja perdida. Llama a sus vecinos, y dice: “Dadme el parabién, porque he hallado la oveja que se había perdido.” Y por todo el cielo repercute la nota de gozo. El Padre mismo se regocija con cantos por el alma rescatada. ¡Qué santo éxtasis de gozo se expresa en esta parábola! Y es nuestro privilegio participar de este gozo.

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¿Estáis vosotros, los que veis este ejemplo, cooperando con el que está tratando de salvar a los perdidos? ¿Sois colaboradores con Cristo? ¿No podéis soportar por su causa sacrificios, padecimientos y pruebas? Hay oportunidad de hacer bien a las almas de los jóvenes y de los que yerran. Si veis a alguno cuyas palabras o actitud demuestran que está separado de Dios, no le culpéis. No es obra vuestra condenarle, sino acercaos a su lado para darle ayuda. Considerad la humildad de Cristo, su mansedumbre y sumisión, y obrad como él obró, con el corazón lleno de ternura santificada. “En aquel tiempo, dice Jehová, yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo. Así ha dicho Jehová: El pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo. Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. Jeremías 31:1-3.

Para obrar como lo hizo Cristo, debemos crucificar el yo. Es una muerte dolorosa; pero es vida para el alma. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. Isaías 57:15.

Sección 3—Educación

“El Señor da sabiduría: de su boca viene el conocimiento y el entendimiento”.

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Necesidad de reforma en la educación

“Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones.” “Y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. Isaías 61:4; 58:12. Estas palabras de la Inspiración señalan a los creyentes en la verdad presente, la obra que debe hacerse ahora en la educación de nuestros niños y jóvenes. Cuando la verdad para estos últimos días llegó al mundo en la proclamación de los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles, se nos mostró que en la educación de nuestros niños debía introducirse un orden diferente de cosas; pero ha llevado mucho tiempo la comprensión de cuáles son los cambios que deben hacerse.

Nuestra obra es reformatoria, y es propósito de Dios que mediante el trabajo hecho en nuestras instituciones educacionales, se llame la atención de la gente al último gran esfuerzo por salvar a los que perecen. En nuestras escuelas no ha de rebajarse la norma de educación. Ha de levantarse siempre más alta, muy por encima de lo que está ahora; empero la educación dada no ha de limitarse meramente a un conocimiento de los libros de texto. El estudio de los libros de texto solamente, no puede proporcionar a los estudiantes la disciplina que necesitan, ni puede impartirles verdadera sabiduría. El objeto de nuestras escuelas es proveer lugares donde los miembros más jóvenes de la familia del Señor, puedan ser educados de acuerdo con su plan de crecimiento y desarrollo.

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Satanás ha empleado los métodos más ingeniosos para entretejer sus planes y principios en los sistemas de educación y lograr así un poderoso dominio de la mente de niños y jóvenes. Contrarrestar sus artificios es la obra del verdadero educador. Tenemos ante Dios la obligación solemne y sagrada de criar a nuestros niños para él y no para el mundo; de enseñarles a no hacer alianza con el mundo sino a amar y temer a Dios y guardar sus mandamientos. Se les debe inculcar el pensamiento de que están formados a la imagen de su Creador y que Cristo es el modelo al cual deben adaptarse. Debe presentarse la más seria atención a la educación que impartirá un conocimiento de la salvación, y moldeará la vida y el carácter a la semejanza divina. Es el amor de Dios, la pureza del alma entretejida en la vida a guisa de hebras de oro, es lo que tiene verdadero valor. La altura que el ser humano puede alcanzar así no ha sido comprendida plenamente.

Para llevar a efecto la tarea, ha de ponerse un fundamento más amplio. Debe introducirse y adoptarse un nuevo propósito, ayudarse a los alumnos a aplicar los principios de la Biblia en todo lo que hacen. Debe señalarse claramente y eliminarse todo aquello que salga de lo recto, pues es iniquidad que no debe perpetuarse. Es importante que todo maestro ame y cultive sanos principios y doctrinas, por cuanto en ellos está la luz que ha de proyectarse en la senda de todos los alumnos.

El mensaje del tercer ángel en nuestras escuelas

En el libro de Apocalipsis leemos acerca de una obra especial que Dios quiere que su pueblo haga en estos últimos días. Él nos ha revelado su ley y nos ha mostrado la verdad para este tiempo. Esa verdad se despliega constantemente, y Dios quiere que seamos entendidos en ella para que podamos distinguir entre lo correcto y lo erróneo, entre la justicia y la injusticia.

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El mensaje del tercer ángel, la gran verdad probatoria para este tiempo, ha de enseñarse en nuestras instituciones. Es designio de Dios que por intermedio de ellas se dé esta amonestación especial, y rayos brillantes de luz resplandecerán sobre el mundo. El tiempo es corto. Los peligros de los últimos días están muy cerca y debemos velar y orar, estudiar y dar oído a las lecciones presentadas en los libros de Daniel y Apocalipsis.

Cuando Juan fue desterrado a la isla de Patmos, dejando aquellos que él amaba, Cristo sabía dónde encontrar a su fiel testigo. Juan dijo: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta”. El día del Señor es el séptimo día, el sábado de la creación. En el día que Dios santificó y bendijo, Cristo declaró “por su ángel a su siervo Juan”, cosas que deben suceder antes del cierre de la historia de este mundo, y él quiere decir que debemos llegar a ser entendidos respecto a ellas. No es en vano que él declara: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ellas escritas; porque el tiempo está cerca”. Apocalipsis 1:9, 10:1-3. Esta es la educación que debe darse pacientemente. Que nuestras lecciones sean apropiadas para los días en que vivimos, y que nuestra instrucción religiosa sea dada de acuerdo con el mensaje que Dios envía.

Tendremos que comparecer ante magistrados para dar razón de nuestra lealtad a la ley de Dios, para dar a conocer los motivos de nuestra fe; y los jóvenes debieran entender estas cosas. Debieran estar al tanto de las cosas que acontecerán antes del fin de la historia del mundo. Estas cosas tienen que ver con nuestro bienestar eterno, y los maestros y alumnos deben prestarles más atención. Por voz y pluma debe impartirse el conocimiento que será alimento a tiempo, no sólo para los jóvenes, sino también para los de edad adulta.

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Estamos viviendo en las escenas finales de estos tiempos peligrosos. El Señor anticipó la incredulidad que ahora prevalece respecto a su venida; y vez tras vez ha advertido en su Palabra que ese evento será inesperado. El gran día vendrá como lazo “sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra”. Lucas 21:35. Pero hay dos clases de personas. A una de ellas el apóstol le dice estas palabras animadoras: “Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón”. 1 Tesalonicenses 5:4. Algunos estarán preparados cuando el esposo llegue, y entrarán con él a la boda. ¡Cuán precioso es este pensamiento para los que están esperando y velando por su venida! Cristo “amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. Efesios 5:25-27. Aquellos a quienes Dios ama gozan de este favor porque poseen un carácter hermoso.

La importante y grandiosa obra de preparar un pueblo que posea el carácter de Cristo y que pueda estar de pie en el día del Señor, ha de llevarse a efecto. Mientras navegamos en la corriente del mundo, no tenemos necesidad de vela ni de remo. En realidad, es al volvernos decididamente contra la corriente cuando empieza nuestro trabajo. Satanás introducirá toda clase de teorías para pervertir la verdad. La obra avanzará con dificultad; pues, desde la caída de Adán el mundo ha tenido por costumbre pecar. Pero Cristo está en el campo de acción. El Espíritu Santo está trabajando. Agentes divinos se unen con los humanos para rehacer el carácter de acuerdo al modelo perfecto, y al hombre le toca acabar aquello en lo cual Dios ha trabajado. Como pueblo, ¿haremos esta obra que Dios nos ha encomendado? ¿Consideraremos cuidadosamente toda la luz que se ha dado, manteniendo siempre delante de nosotros el objetivo principal de preparar discípulos para el reino de Dios? Si por fe avanzamos paso a paso en el camino correcto, siguiendo al gran Líder, la luz resplandecerá a lo largo de nuestro sendero; y se presentarán circunstancias para quitar del medio las dificultades. La aprobación de Dios dará esperanza, y ángeles ministradores cooperarán con nosotros, trayendo luz, gracia, ánimo y alegría.

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Por lo tanto, no se pierda más tiempo en explayarse en las muchas cosas que no son esenciales y que no guardan ninguna relación con las necesidades presentes del pueblo de Dios. No se pierda más tiempo en enaltecer a los hombres que no conocen la verdad, “porque el tiempo está cerca”. Apocalipsis 1:3. No hay ahora tiempo para llenar la mente con teorías de lo que comúnmente se llama “educación superior”. El tiempo consagrado a aquello que no tiende a moldear el alma a la semejanza de Cristo, es tiempo perdido para la eternidad. No podemos permitir esto, por cuanto cada momento rebosa de intereses eternos. ¿Hemos de permitir ahora, cuando la gran obra de juzgar a los vivos está por empezar, que ambiciones no santificadas se posesionen del corazón y nos induzcan a descuidar la educación requerida para hacer frente a las exigencias de este tiempo de peligro?

En cada caso habrá que efectuar la gran decisión de si hemos de recibir la marca de la bestia o su imagen, o el sello del Dios vivo. Y ahora que nos encontramos en la frontera del mundo eterno, ¿qué puede ser de valor más inmenso para nosotros que ser hallados leales y fieles al Dios del cielo? ¿Qué hay de mayor estima que su verdad y su ley? ¿Qué educación puede darse a los alumnos en nuestras escuelas que sea tan necesaria como un conocimiento de lo “que dicen las Escrituras”?

Sabemos que hay escuelas que dan oportunidades para instruirse en las ciencias; pero queremos algo más que esto. La ciencia de la verdadera educación es la verdad, la cual ha de quedar grabada tan profundamente en el alma que no pueda ser borrada por el error que abunda por doquiera. El mensaje del tercer ángel es verdad, luz y poder, y presentarlo de manera que produzca las debidas impresiones en el corazón debe ser obra de nuestras escuelas, tanto como de nuestras iglesias, del maestro como del ministro. Los que aceptan puestos de educadores deben estimar cada vez más la voluntad revelada de Dios, tal como la presentan clara y notablemente Daniel y el Apocalipsis.

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El estudio de la Biblia

Las urgentes necesidades que se están haciendo sentir en este tiempo exigen una educación constante en el conocimiento de la Palabra de Dios. Esta es la verdad presente. Por todo el mundo debiera haber una reforma en el estudio de la Biblia, pues hoy se necesita como nunca antes. A medida que esta reforma progrese, se realizará una obra poderosa; pues cuando Dios declaró que su Palabra no volverá a él vacía quiso decir eso precisamente. El conocimiento de Dios y de Jesucristo “a quien envió” es la más elevada educación, y ella llegará a cubrir la tierra con su maravillosa luz, como las aguas colman la mar.

El estudio de la Biblia es especialmente necesario en las escuelas. Los alumnos debieran ser arraigados y fundados en la verdad divina. Se debiera llamar su atención no ya a los asertos humanos, sino a la Palabra de Dios. Por encima de todo otro libro, la Palabra de Dios debe ser nuestro tema de estudio, el gran libro de texto, la base de toda educación; y nuestros niños deben ser educados en las verdades que ella encierra, sin atender a hábitos y costumbres precedentes. Al hacer esto, tanto los maestros como los alumnos encontrarán el tesoro escondido, la educación más elevada.

Los preceptos bíblicos han de regir la vida cotidiana. La cruz de Cristo ha de ser el tema, y nos ha de revelar las lecciones que hemos de aprender y practicar. Debe introducirse a Cristo en todos los estudios, para que los alumnos absorban el conocimiento de Dios y lo puedan representar en su carácter. Su excelencia ha de ser nuestro tema de estudio en el presente como lo será en la eternidad. La Palabra de Dios, proclamada por Cristo en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos, es el pan del cielo; pero mucho de lo que se llama ciencia no es el verdadero maná: es como manjares de invención humana, como alimento adulterado.

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En la Palabra de Dios se halla sabiduría indubitable, inagotable; pues ella no se originó en la mente finita, sino en la infinita. Sin embargo, mucho de lo que Dios ha revelado en su Palabra es oscuro para los seres humanos debido a que las joyas de la verdad están sepultadas debajo de los escombros de la sabiduría y la tradición humanas. Para muchos, los tesoros de la Palabra permanecen ocultos debido a que no los han buscado con ardiente perseverancia hasta haber comprendido los preceptos de oro. La Palabra ha de ser escudriñada para que purifique a los que la reciban y los prepare para ser miembros de la familia real, hijos del Rey del cielo.

El estudio de la Palabra de Dios debiera reemplazar al de los libros que han llevado las mentes al misticismo y lejos de la verdad. Sus vivos principios, entretejidos en nuestra vida, serán nuestra salvaguardia en las pruebas y tentaciones; su instrucción divina es la única vía hacia éxito. En cuanto llegue la prueba a cada alma, habrá apostasías. Algunos resultarán traidores, temerarios, presuntuosos y engreídos, y abandonarán la verdad, haciendo naufragio de la fe. ¿Por qué? Porque no vivieron de “toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4. No cavaron hondo para hacer firme su fundamento. Cuando las palabras del Señor les son transmitidas por medio de los mensajeros escogidos, murmuran y piensan que el camino es demasiado estrecho. En el capítulo seis de Juan, leemos de algunos a quienes se creía discípulos de Cristo pero que, cuando se les presentó la clara verdad, se disgustaron y no anduvieron más con él. De la misma manera, se separarán de Cristo también esos estudiantes superficiales.

A todo el que se ha convertido al Señor se le pide que crezca en eficiencia mediante el uso de sus talentos. Todo pámpano de la viviente Vid que no crece es cortado y desechado como cosa inútil. ¿Cuál debe ser, entonces, el carácter de la educación impartida en nuestras escuelas? ¿Ha de estar de acuerdo con la sabiduría de este mundo, o con la sabiduría que es de lo alto? ¿No despertarán los maestros ante su responsabilidad en este asunto y procurarán que la Palabra de Dios tenga un lugar más destacado en la instrucción que se imparte en nuestras escuelas?

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La preparación de obreros

Uno de los grandes propósitos de nuestras iglesias es la preparación de jóvenes para servir en nuestras instituciones y en otras diferentes fases de la obra evangélica. Por doquiera se le ha de explicar la Biblia a la gente. Ha llegado el momento en que, por medio de los mensajeros de Dios, el pergamino de la Escritura se está desenrollando ante el mundo. La verdad encerrada en los mensajes de los ángeles primero, segundo y tercero ha de ir a toda nación, tribu, lengua y pueblo; iluminar la oscuridad de todo continente y extenderse a las islas del mar. No se ha de permitir que cosa alguna de invención humana retarde esta obra. Para que esto pueda llevarse a cabo hacen falta talentos cultivados y consagrados: hacen falta personas que puedan hacer un trabajo excelente con la mansedumbre de Cristo, que mantengan su yo escondido en él. Los novicios no pueden hacer aceptablemente la obra de revelar el tesoro oculto para enriquecer a las almas en las cosas espirituales. “Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.” “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. 2 Timoteo 2:7, 15. Este encargo hecho a Timoteo debe constituir una fuerza educadora en toda familia y escuela.

Se requieren varios esfuerzos de parte de todos los que estén vinculados con nuestras instituciones, no solamente las escuelas, sino también los sanatorios y las casas editoriales, para hacer idóneos a hombres, mujeres y jóvenes para ser colaboradores de Dios. Se ha de enseñar a los estudiantes a trabajar con inteligencia como trabajó Cristo; a revelar un carácter cristiano noble y elevado ante aquellos con quienes se asocien. Los encargados de preparar a los jóvenes vinculados con cualquier fase de nuestra obra, debieran ser hombres que tengan un claro concepto del valor de las almas. A menos que beban en abundancia del Espíritu Santo, el observador maligno creará circunstancias molestas. El educador debe ser sabio para discernir que mientras la felicidad y la bondad ganarán almas, la aspereza nunca lo logrará. Las palabras y las acciones arbitrarias incitan las peores pasiones del corazón humano. Si los hombres y las mujeres que profesan ser cristianos no han aprendido a dominar su temperamento malo e infantil, ¿cómo podrán esperar que se les honre y respete?

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Tatiana Patrasco