Testimonios para la Iglesia, Vol. 6, p. 439-448, día 382

El aumento de instituciones

Es necesario efectuar una vasta obra en todo el mundo, pero nadie debe suponer que debido a la proximidad del fin es innecesario realizar esfuerzos especiales para crear las diversas instituciones que la obra requerirá. No es posible saber el día ni la hora de la venida del Señor, porque esto no se nos ha revelado; que nadie efectúe especulaciones acerca de algo que no se ha puesto a su alcance. Que cada uno trabaje con lo que se le ha puesto en las manos, y realice los deberes requeridos por Dios.

Cuando el Señor nos pida que nuestros esfuerzos para construir nuevas capillas y establecer escuelas, sanatorios y casas editoras; entonces habrá llegado el momento de cruzarnos de brazos y dejar que el Señor concluya la obra; pero ahora es la oportunidad de demostrar nuestro fervor por Dios y nuestro amor por la humanidad.

Debemos ser socios en la obra de Dios en el mundo entero; debemos aportar nuestra ayuda en cualquier parte donde haya almas que salvar, para que muchos hijos e hijas de Dios puedan ser conducidos a él. El fin está cerca, razón por la cual debemos tratar de obtener resultados óptimos mediante todas las habilidades recibidas, y de cada departamento que aporte su ayuda a la obra.

Es necesario establecer escuelas para educar a los menores, para que los que se dedican a la obra ministerial puedan alcanzar logros importantes en el conocimiento de la Biblia y las ciencias. Hay que establecer instituciones para el tratamiento de los enfermos en países extranjeros, y hay que formar médicos misioneros que sean abnegados; que ensalcen la cruz, que estén preparados para trabajar en posiciones de confianza, y que sean capaces de educar a otros. Además de todo esto, Dios pide misioneros que trabajen en su propio país. Los que trabajan para Dios en campos misioneros, o en su país deben ser abnegados, deben llevar su cruz y restringir sus propios deseos, para abundar en buenos frutos.

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Una fe que abarque menos que eso, niega el carácter cristiano. La fe del Evangelio es aquella cuyo poder y gracia son de origen divino. Demostremos que Cristo mora en nosotros dejando de gastar dinero en atavíos y en cosas innecesarias, mientras la causa de Cristo permanece debilitada por falta de recursos económicos, con deudas que permanecen impagas en nuestras casas de culto, y la tesorería está vacía. No cultivéis el gusto por artículos de vestir caros ni por muebles suntuosos. Permitid que la obra continúe como empezó, con simple abnegación y fe.

Utilizad vuestros recursos financieros para crear—y no vuestra influencia para reducir—instituciones benéficas. Que nadie escuche la sugerencia que podemos ejercer fe y que con eso desaparecerán todas nuestras enfermedades; por lo tanto es innecesario tener instituciones para la restablecer la salud. La fe y las obras no están separadas. Puesto que el Señor vendrá pronto, actuad decididamente y con determinación para aumentar las facilidades mencionadas, con el fin de efectuar una gran obra en corto tiempo.

Puesto que el Señor vendrá pronto, es tiempo de retirar el dinero entregado a los bancos, y tiempo de colocar en la tesorería del Señor todo el dinero que podamos ahorrar, con el fin de establecer instituciones de educación para obreros, quienes recibirán instrucción como los alumnos de las escuelas de los profetas. Si el Señor viene y os encuentra ocupados en esta obra, os dirá: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor”.

Ha llegado el tiempo cuando ninguna facultad física, mental o moral debiera desperdiciarse o usarse indebidamente. El Señor desea que su pueblo en Estados Unidos no continúe confinando a unos pocos lugares del país las importantes instituciones relacionadas con el progreso moral y espiritual de su obra. Pide a quienes han recibido mucho, que lo compartan con los demás. Colocad vuestros recursos ahora donde contribuyan a llevar luz a las naciones en tinieblas y a las islas del mar.

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La obra que se debe hacer. Podría realizarse una obra grandiosa si las familias se establecieran en los lugares que están a oscuras, donde la gente vive envuelta en la penumbra espiritual; y si dejaran que la luz de Cristo brillara a través de ellas. Deben comenzar su obra en forma paulatina y discreta, sin usar los fondos de la Asociación hasta que el interés haya aumentado tanto que no puedan atenderlo sin ayuda ministerial.

Cuando se lleven a cabo seminarios y otras reuniones similares, no deben efectuarse en conexión con nuestras iglesias grandes ya establecidas. Dejad que den carácter a la obra y que difundan el conocimiento de la verdad en localidades donde es poco conocida. Tal vez esto no sea fácil; ¿pero fue fácil para Cristo salir de las cortes reales? ¿Fue conveniente para él desprenderse de su honor, su gloria, su elevada posición de liderazgo y humillarse para llegar a ser uno con nosotros? No visitó a seres que no habían caído, sino a quienes más lo necesitaban. Nosotros, a quienes él ha confiado su obra, debemos imitar su ejemplo.

Debemos presentar Palabra de vida a esas personas a quienes podemos considerar tan sin esperanza como si estuvieran en sus tumbas. Aunque causen la impresión de no querer escuchar o de recibir la luz de la verdad, debemos hacer nuestra parte sin vacilar ni discutir.

La demora es peligrosa. Esa alma que pudisteis haber encontrado, esa alma a quien pudisteis haber abierto la Biblia, se pone fuera de vuestro alcance. Satanás tiene preparada una red para sus pies, y mañana esa persona puede estar llevando a cabo los planes del archienemigo de Dios. ¿Por qué demorar un día más? ¿Por qué no ir a trabajar ahora?

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Cómo se sentirán los ángeles cuando ven la proximidad del fin y ven a tantos a quienes se les ha confiado el último mensaje de misericordia reunidos para buscar beneficios personales, y manifestando su descontento cuando no hay suficiente predicación, mientras sienten escasa preocupación y hacen muy poco por la salvación de la gente. Todos los que están verdaderamente unidos con Cristo mediante una fe viva, participarán de la naturaleza divina. Él les infundirá continuamente vida espiritual, y nadie puede silenciarlos.

La vida se manifiesta constantemente en acción. Si el corazón está vivo, enviará una corriente de sangre vital a todas partes en el cuerpo. Quienes tienen el corazón lleno de vida espiritual no necesitan que se los urja a revelarlo. La vida divina manará de ellos en raudales de gracia. Dios es glorificado cuando estas personas oran, hablan y trabajan.

El obrero. No es el trabajo del obrero más brillante ni más talentoso el que produce resultados más excelentes y durables. ¿Quiénes son los obreros más eficientes? Son los que responderán a esta invitación: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Mateo 11:29.

Si las personas a quienes Dios ha dotado con talentos intelectuales rehúsan usar estos dones para su gloria, los abandonará a su propia imaginación después de un tiempo de prueba; y usará en su lugar a personas que no causan la impresión de estar muy bien dotadas, que no tienen confianza desmedida en sí mismas, y fortalecerá a los débiles porque confían en que Dios hará por ellos aquellas cosas que son incapaces de realizar. Dios aceptará el servicio efectuado de todo corazón y él mismo remediará las deficiencias.

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El Señor Jesús toma a las personas que sabe que se dejarán moldear y las emplea para dar gloria a su nombre, para que satisfagan su propia concepción espiritual. Emplea material que otros desecharían y trabaja con todos los que permiten que lo haga. Una puerta se abre en el cielo accionada por medios muy sencillo, y Dios usa la sencillez del agente humano para revelarse a los hombres.

¿Habéis experimentado un anticipo de los poderes del mundo venidero? ¿Habéis estado comiendo la carne y bebiendo la sangre del Hijo de Dios? Entonces, aunque las manos ministeriales no se hayan posado sobre vosotros para ordenaros, Cristo ha colocado sus manos sobre vosotros y ha dicho: “Vosotros sois mis testigos.”

Algunas personas que Dios emplea como sus instrumentos, puede ser que sean consideradas ineficientes; pero si pueden orar, si pueden hablar la verdad llanamente porque la aman, pueden alcanzar a la gente mediante la acción del poder del Espíritu Santo. Cuando presentan la verdad con sencillez leyéndola de la Palabra, o recordando incidentes de su propia experiencia, el Espíritu Santo impresionará la mente y el carácter. La voluntad del hombre se subordina a la voluntad de Dios, y la verdad que hasta el momento no se comprendía, ahora penetra en el corazón con una convicción llena de vida y se convierte en una realidad espiritual.

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Ayuda para los campos misioneros

Siento una gran preocupación acerca de los campos misioneros necesitados. En las misiones cercanas hay una obra que debe hacerse agresivamente; y existe una gran necesidad de recursos financieros para promover la obra en los campos misioneros. Nuestras misiones en el extranjero están languideciendo. No estamos sosteniendo a los misioneros en la forma como Dios requiere. Los obreros están incapacitados para entrar en nuevos campos porque carecen de los fondos necesarios.

Existen a nuestro alrededor almas que perecen en sus pecados. Miles y miles de personas mueren anualmente sin Dios y sin esperanza de vida eterna. Las plagas y los juicios de Dios están realizando su obra, y hay almas que perecerán porque nadie ha iluminado su camino con la luz de la verdad. Sin embargo, ¡cuán poco se preocupan por la condición de sus semejantes! El mundo está pereciendo en medio de su aflicción. Pero esto escasamente conmueve aun a los que afirman creer la verdad más importante y extensa que los mortales hayan recibido. Dios requiere que su pueblo sea su mano ayudadora para alcanzar a los que perecen, pero muchos se conforman con no hacer nada. Falta ese amor que indujo a Cristo a dejar su hogar celestial y asumir la naturaleza humana, para que la humanidad pudiera tocar a la humanidad y conducir la humanidad hacia la divinidad. Existe un estupor y una parálisis que han sobrecogido al pueblo de Dios y le impiden comprender lo que se necesita para este tiempo.

El pueblo de Dios está siendo observado por el universo celestial; pero la escasez de sus donativos y ofrendas, y la debilidad de sus esfuerzos en el servicio divino los delatan como infieles. Si lo poco que ahora se logra, fuera lo mejor que ellos pueden hacer, no estarían bajo condenación; pero ellos podrían hacer mucho mejor con sus recursos. Ellos saben, y también el mundo lo sabe, que han perdido en gran medida el espíritu de abnegación que induce a cada uno a llevar su cruz.

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Dios necesita personas que proclamen la advertencia al mundo que está dormido, muerto en desobediencia y pecado. Pide ofrendas voluntarias a los que tienen el corazón puesto en la obra, que se preocupan por las almas y no quieren que se pierdan sino que obtengan la vida eterna. Satanás está obstinado en el juego de la vida por las almas humanas. Busca la manera de impedir que los recursos económicos se usen para hacer progresar las empresas misioneras. ¿Ignoraremos sus estratagemas? ¿Permitiremos que él confunda nuestros sentidos?

Insto a mis hermanos en todas partes a que despierten, que se consagren a Dios, y que busquen sabiduría de parte de él. Insto a los dirigentes de nuestras Asociaciones a que trabajen resueltamente en nuestras iglesias. Despierten a los miembros a la necesidad de contribuir financieramente para satisfacer las necesidades de nuestras misiones en el extranjero. A menos que vuestros corazones se conmuevan en vista de la situación aflictiva de los campos extranjeros, se restringirá la predicación del último mensaje de misericordia para el mundo, y la obra que Dios desea que se haga quedará inconclusa.

Los últimos años del tiempo de prueba están transcurriendo con rapidez. El gran día del Señor se está acercando. Debiéramos realizar ahora todo esfuerzo posible para despertar a nuestro pueblo. Que las palabras del Señor expresadas por el profeta Malaquías penetren hondo en cada alma:

“Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”. Malaquías 3:6-12.

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Ya es tiempo que obedezcamos la enseñanza de Palabra de Dios. Todos sus mandamientos los ha dado para nuestro bien, para convertir el alma a la rectitud moral. Cada persona que se convierte a la verdad debiera recibir instrucción acerca de los requerimientos de Dios en lo que atañe a los diezmos y las ofrendas. A medida que surgen nuevas iglesias, esta obra debe llevarse acabo en forma decidida y con el espíritu de Cristo. Todo lo que la gente disfruta lo recibe de la generosa mano del Señor, y él se siente complacido de permitir que sus herederos disfruten de sus beneficios; pero todos los que están bajo el estandarte ensangrentado del Príncipe Emmanuel deben reconocer su dependencia de Dios y su responsabilidad hacia él, devolviendo a la tesorería la parte que le pertenece a él. Estos recursos deben invertirse en la obra misionera en cumplimiento de la comisión dada a sus discípulos por el Hijo de Dios: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones”. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. “Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” Mateo 28:19, 20; Marcos 16:15.

Las personas que están verdaderamente convertidas son llamadas a realizar una obra que requiere dinero y consagración. La obligación que nos compele a incluir nuestros nombres en los libros de la iglesia, y eso nos compromete a trabajar para Dios al nivel de nuestra máxima habilidad. Él exige un servicio total, y la completa devoción del corazón, el alma, la mente y las fuerzas. Cristo nos ha traído a la iglesia para comprometer y usar todas nuestras facultades en un servicio consagrado para la salvación de la gente. Cualquier cosa que no esté a la altura de esto, significa oposición a la obra. Existen solamente dos lugares en el mundo donde podamos depositar nuestro tesoro: en la tesorería de Dios, o en la de Satanás; y todo lo que no se dedica al servicio de Cristo se considera que se ha colocado en el lado de Satanás y fortalecerá su causa.

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El Señor ha dispuesto que los recursos confiados a nosotros debemos usarlos en la edificación de su reino. Ha entregado sus bienes a sus mayordomos para que negocien hábilmente con ellos y le traigan los ingresos en función de personas salvadas para la vida eterna. Esas personas, a su turno, se convertirán en mayordomos de la verdad, para cooperar con la gran firma en los intereses del reino de Dios.

Donde hay vida se produce aumento y crecimiento; en el reino de Dios existe un intercambio constante: tomar y dar; recibir y entregar al Señor lo que es suyo. Dios trabaja con cada creyente auténtico, y la luz y la bendición recibidas se dan nuevamente en la obra realizada por el creyente. Así es como aumenta la capacidad de recibir. A media que se comparten los dones celestiales, se hace lugar para que nuevas corrientes de gracia fluyan hacia el alma desde la fuente viva. Así se obtienen mayor luz, aumento del conocimiento y bendiciones. En esta obra, que incumbe a cada miembro de iglesia, yace la vida y el crecimiento de toda iglesia. La persona cuya vida consiste en recibir constantemente sin nunca dar, no tarda en perder la bendición. Si la verdad no fluye de su persona hacia otros, perderá la capacidad de recibir. Debemos compartir los beneficios recibidos del cielo si deseamos recibir renovadas bendiciones.

Esto es igualmente verdadero tanto en las cosas temporales como en las espirituales. El Señor no desciende a este mundo trayendo oro y plata para promover su obra. En cambio provee recursos a la gente para que mediante sus donativos y ofrendas contribuyan a que su obra continúe avanzando. El propósito que sobrepuja a todos los demás para el cual debieran usarse los recursos que Dios da, es el sostenimiento de los obreros que trabajan en el gran campo donde está la cosecha de almas. Y si los hombres y las mujeres se convierten en canales de bendición para otras almas, el Señor mantendrá los canales provistos. Lo que empobrece a la gente no es la devolución de lo que pertenece a Dios, sino su retención es lo que la empobrece.

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La obra de compartir lo que uno ha recibido convertirá a cada miembro de iglesia en un colaborador de Dios. No podemos hacer nada por cuenta propia, pero Cristo es el obrero principal. Toda persona tiene el privilegio de trabajar juntamente con él.

El Salvador dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. Juan 12:32. Cristo soportó la cruz por el gozo de ver almas redimidas. Se convirtió en el sacrificio viviente por el mundo caído. Ese acto de sacrificio de sí mismo incluyó el corazón de Cristo y el amor de Dios; y mediante este sacrificio se dio al mundo la poderosa influencia del Espíritu Santo. La obra de Dios debe llevarse a cabo mediante el sacrificio. De cada hijo de Dios se requiere abnegación. Cristo dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”. Lucas 9:23. Cristo da un nuevo carácter a todos los que creen; este carácter, mediante su sacrificio infinito, es la reproducción del suyo propio.

El autor de nuestra salvación será el consumador de la obra. Una verdad atesorada en el corazón hará lugar para otra verdad aún. Y la verdad pone siempre en actividad las facultades de quien la reciba. Cuando los miembros de nuestras iglesias amen verdaderamente la Palabra de Dios, revelarán las mejores cualidades, las más poderosas; y cuanto más nobles sean, tanto más semejantes a niños serán en espíritu, pues creerán lo que la Palabra de Dios enseña contra todo egoísmo.

Un raudal de luz brota de la Palabra de Dios y debemos despertarnos para reconocer las oportunidades descuidadas. Cuando todos sean fieles en lo que respecta a devolver a Dios lo suyo en diezmos y ofrendas, se abrirá el camino para que el mundo oiga el mensaje para este tiempo. Si el corazón de los hijos de Dios rebosara de amor por Cristo; si cada miembro de la iglesia estuviera totalmente dominado por un espíritu de abnegación; si todos manifestasen profundo fervor, no faltarían fondos para las misiones. Nuestros recursos se multiplicarían, y se nos ofrecerían mil oportunidades de ser útiles. Si el propósito de Dios de dar al mundo el mensaje de misericordia hubiese sido llevado a cabo por su pueblo, Cristo habría venido ya a la tierra, y los santos habrían recibido su bienvenida en la ciudad de Dios.

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Tatiana Patrasco