Testimonios para la Iglesia, Vol. 6, p. 459-468, día 384

Hermanos, en el trato que tengan con la familia del Señor, “sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación”. Romanos 14:19. No hablen palabras de censura. No echen la culpa a éste o a aquél. Ahora se necesita la ayuda que todos puedan traer. Procuren sanar la brecha que se ha hecho. Háganlo alegremente. Háganlo noblemente. Acudan en ayuda del Señor, en ayuda del Señor contra el poderoso. Traten de restaurar inmediatamente la institución que se encuentra en un peligro tan grande.

Que todos los que comprenden la cercanía de la venida del Señor demuestren su fe. Cuando vemos que una de las agencias de Dios languidece, que todos los que tienen corazón y alma en la obra manifiesten su interés.

Que todos los que ocupan posiciones responsables den un ejemplo correcto. Cada noble impulso cristiano debiera guiarlos para planear y trabajar con un fervor mucho mayor a fin de auxiliar a la institución del Señor que el que desplegarían para salvar su propia propiedad. Que todos traten de hacer algo. Examinen sus asuntos, y vean lo que pueden hacer para cooperar con Dios en esta obra.

Puesto que hay una simpatía definida entre el cielo y la tierra, y puesto que Dios comisiona a los ángeles para que ministren a todos los que necesiten ayuda, sabemos que si hacemos nuestra parte, estos representantes celestiales de poder omnipotente ayudarán en este tiempo de necesidad. Si llegamos a ser uno, en mente y corazón, con las inteligencias celestiales; podemos ser empleados por ellos. Dios impresionará a hombres a quienes ha confiado aptitudes y recursos materiales para que asuman el peso de la responsabilidad, y ayuden a nuestros hermanos escandinavos.

La causa de Dios en Europa no debe convertirse en una piedra de tropiezo ni en una roca molesta para los incrédulos. Las instituciones no han de cerrarse ni entregarse a los mundanos. Que los siervos del Señor en Europa hagan todo esfuerzo posible para recuperar lo que se ha perdido, y el Señor trabajará con ellos. Y yo pido a nuestro pueblo en los Estados Unidos que coopere con sus hermanos en Europa. Si todos hacen su parte en el gran plan divino, el propósito de Dios se cumplirá. La dificultad pronto quedará en el pasado y no hostigará más a la causa de Dios.

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Que ninguna mano sea negligente o impotente. Ustedes tienen la seguridad de que los ángeles cuyo hogar se encuentra en el pabellón del Eterno, y que ven la gloria de Dios, son sus ayudantes. ¿Cooperarán con ellos en afirmar cada institución que sirve a Dios bajo la supervisión del ministerio angélico?

¿Quién puede comprender el valor de las almas por cuya salvación su Príncipe, su Rey, el Hijo del Dios infinito, dio su vida inmaculada para sufrir una muerte vergonzosa? Si todos entendieran esto como debieran, ¡qué obra se cumpliría! Mediante la operación del Espíritu, ellos, por su influencia, sus palabras y recursos, guiarán a muchas almas para escapar de la cadena de las tinieblas y de las maquinaciones infernales de Satanás, para ser lavadas de sus pecados en la sangre del Cordero. ¡Oh, permitamos que la obra redentora llegue más y más a lo profundo! Los ángeles del cielo se regocijan al ver pecadores que se arrepienten y se convierten al Dios viviente.

Si refrenamos las expresiones de incredulidad, y mediante palabras de esperanza y acciones rápidas, fortalecemos nuestra propia fe y la fe de otros, nuestra visión será más clara. La atmósfera pura del cielo rodeará nuestras almas.

Sed fuertes y hablad palabras de esperanza. Abrid paso en medio de los obstáculos. Estáis en un matrimonio espiritual con Jesucristo. La Palabra es vuestra seguridad. Acercaos a vuestro Salvador con la plena confianza de una fe viviente, uniendo vuestras manos con las de él. Id donde él os guíe. Haced todo lo que lo dice. Él os enseñará tan voluntariamente como enseña a cualquier otra persona.

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Nuestro sanatorio en Dinamarca

En Skodsborg, un suburbio de Copenhague, Dinamarca, nuestros hermanos han establecido un sanatorio. Avanzaron con optimismo en este asunto, bajo la convicción de que estaban haciendo precisamente la obra que Dios le había ordenado a su pueblo. Pero por lo general nuestros hermanos no se han interesado como debieran en el establecimiento de sanatorios en los países europeos; y nuestros queridos hermanos, que ya tienen en marcha el Sanatorio de Skodsborg, han avanzado más rápido de lo que permitían los medios disponibles, y ahora están en dificultades y apuros.

Estoy sumamente preocupada por las dificultades y peligros que rodean a nuestras instituciones en Escandinavia. Me siento impresionada a apelar a nuestro pueblo, no sólo en favor de la casa publicadora de Cristianía, sino también por el sanatorio danés. Se me ha representado al enemigo como esperando ansiosamente una oportunidad para destruir estas instituciones, las cuales son agencias de Dios, usadas para la redención de la humanidad. ¿Se satisfará el deseo de Satanás? ¿Permitiremos que estas instituciones sean arrebatadas de nuestras manos y que se detenga su obra benéfica porque nuestros hermanos han cometido errores; y los dejaremos solos para que soporten las consecuencias de sus errores? ¿Es esta la manera en que Cristo nos ha tratado?

Cuando alguien, abrumado por una pesada carga, está al pie de un camino empinado de difícil acceso, rodeado por el desaliento y en necesidad de ayudantes fuertes y animosos, a menudo se pierde mucho tiempo en críticas, regaños y preocupaciones. Pero esto no mueve la carga. Aquellos sobre quienes recae más pesadamente la presión no necesitan o merecen la censura. Esta podría recaer más apropiadamente sobre los que debieran haber compartido la carga antes. Pero aun entonces la censura podría ser inapropiada y ciertamente sería inútil. Nuestro primer pensamiento debiera ser: ¿Cómo podemos ayudar a levantar la carga? El tiempo es precioso. Hay demasiado en juego para correr el riesgo de demorarse.

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Sería injusto acusar a los administradores del Sanatorio de Skodsborg de tener ambiciones mundanales y un deseo de glorificarse. Al ampliar la obra estaban buscando la gloria de Dios, y se ha hecho un trabajo de largo alcance para bien. Pero han errado al hacer inversiones más allá de sus medios y así se han puesto bajo el cautiverio de la deuda. Debido a esto, el futuro de la institución y el honor de la causa están en peligro. Ahora, en vez de aumentar las dificultades de la situación, ¿no encararemos valientemente el trabajo de cancelar la deuda?

Me siento impulsada por el Espíritu de Dios a dar una voz de alarma. ¡Oh, qué espectáculo sería para los ángeles ver las instituciones establecidas para demostrar y promulgar los principios de la reforma y de la vida cristiana, que pasan de las manos de aquellos que pueden usarlas en la obra de Dios, a las manos del mundo! Hermanos, es tiempo que mostremos nuestro interés en favor de estas instituciones en Europa que ahora están sufriendo por falta de ayuda. Como Cristo nos trata a nosotros, así debemos tratar a nuestros hermanos que están en dificultad.

Los tesoros del Señor están a la mano y se nos han confiado precisamente para emergencias semejantes. Que nuestro pueblo que ama a Dios y su causa acuda para ayudar a sus instituciones en peligro. Nuestros hermanos americanos debieran unirse para prestar auxilio. Debiera animarse en forma especial a nuestros hermanos escandinavos que viven en Estados Unidos para que entren decididamente en acción. Y nuestros hermanos en Dinamarca, Noruega y Suecia debieran entender que ahora es el tiempo cuando deben presentarse a fin de ayudar al Señor. Que todos los que confían en Dios y creen en su Palabra estudien diligentemente para comprender sus privilegios, sus responsabilidades y su deber en este asunto. Si fracasamos ahora en hacer nuestro trabajo como la mano ayudadora de Dios auxiliando a la casa publicadora y al sanatorio de Escandinavia, perderemos una gran bendición.

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¿Quiénes se colocarán ahora del lado del Señor? ¿Quiénes serán su mano ayudadora, y levantarán la carga de todo corazón? ¿Quiénes animarán a los oprimidos para que confíen en el Señor? ¿Quiénes manifestarán esa fe que no fallará ni vacilará, sino que impulsará hacia la victoria? ¿Quiénes se esforzarán ahora para fortalecer lo que Satanás procura destruir, una obra que debiera avanzar vigorosamente? ¿Quiénes harán ahora por sus hermanos en Europa lo que ellos quisieran que se hiciera en su favor en circunstancias similares? ¿Quiénes cooperarán con los ángeles ministradores?

El Señor llama a su pueblo para que dé ofrendas con sacrificio. Renunciemos a algo que planeábamos comprar para la comodidad o el placer personal. Enseñemos a nuestros hijos a negarse a sí mismos y a convertirse en las manos ayudadoras del Señor para dispensar sus bendiciones.

Les ruego a mis hermanos escandinavos que hagan lo que pueden. Uniremos nuestros esfuerzos con su obra de amor y de servicio. Hay suficientes recursos en las manos de los mayordomos del Señor para hacer esta obra si se unen en tierna simpatía para restaurar, sanar y comunicar salud y prosperidad a las agencias de Dios.

Las sumas que ustedes den pueden ser pequeñas cuando se las compara con las necesidades de la obra, pero no se desanimen. Tengan fe en Dios. Aférrense firmemente a la mano del Poder infinito, y lo que al principio parecía sin esperanza se verá diferente. La alimentación de los cinco mil es una lección práctica para nosotros. El que con cinco panes y dos pececitos alimentó a cinco mil hombres, además de las mujeres y los niños, puede hacer grandes cosas para su pueblo hoy.

Léase el relato de cómo el profeta Elías alimentó a cien hombres: “Vino entonces un hombre de Baal-salisa, el cual trajo al varón de Dios panes de primicias, veinte panes de cebada, y trigo nuevo en su espiga. Y él dijo: Da a la gente para que coma. Y respondió su sirviente: ¿Cómo pondré esto delante de cien hombres? Pero él volvió a decir: Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará. Entonces lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová”. 2 Reyes 4:42-44.

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¡Qué condescendencia de parte de Cristo al realizar este milagro para satisfacer el hambre! Alivió el hambre de un centenar de hijos de los profetas, y vez tras vez desde entonces, aunque no siempre en una manera tan notable y visible, ha obrado para suplir la necesidad humana. Si tuviéramos un discernimiento espiritual más claro, de modo que pudiéramos reconocer más prontamente el trato misericordioso y compasivo de Dios con su pueblo, obtendríamos una rica experiencia. Necesitamos estudiar, más de lo que lo hacemos, la manera maravillosa en que Dios obra. Él impulsó, para favorecer a su pueblo, a hombres que no están unidos con nosotros en reconocer la verdad. El Señor tiene sus hombres para momentos oportunos, como el hombre que trajo la comida para los hijos de los profetas.

Cuando el Señor nos da un trabajo para hacer, no nos detengamos para indagar lo razonable de la orden, o el resultado probable de nuestros esfuerzos para obedecer. Lo que hay en nuestras manos puede parecer muy insuficiente en relación con nuestras necesidades; pero en las manos del Señor será más que suficiente. El sirviente “lo puso delante de ellos, y comieron, y les sobró, conforme a la palabra de Jehová”. 2 Reyes 4:44.

Necesitamos mayor fe. Debiéramos tener un sentido más amplio de la relación de Dios con aquellos a quienes ha comprado con la sangre de su Hijo unigénito. Debiéramos ejercer fe en la marcha hacia delante de la obra del reino de Dios.

No desperdiciemos tiempo deplorando la escasez de nuestros recursos visibles, sino hagamos el mejor uso de lo que tenemos. Aunque las apariencias externas puedan ser poco prometedoras, la energía y la confianza en Dios desarrollarán recursos. Enviemos nuestras ofrendas con acción de gracias y con oración para que el Señor bendiga las dádivas y las multiplique como hizo con el alimento dado a los cinco mil. Si usamos los mejores medios que tenemos, el poder de Dios nos capacitará para llegar a las multitudes que tienen hambre del pan de vida.

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En esta obra de ayudar a nuestros hermanos en Dinamarca y Noruega, elevémonos fervorosa y noblemente, dejando el resultado a Dios. Tengamos fe para creer que él aumentará nuestras ofrendas hasta que sean suficientes para colocar a sus instituciones en un terreno ventajoso.

La fe es la mano espiritual que toca lo infinito.

Las sencillas oraciones dictadas por el Espíritu Santo ascenderán a través de los portales entreabiertos, por la puerta abierta de la que Cristo ha declarado: “He puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar”. Apocalipsis 3:8. Estas oraciones, mezcladas con el incienso de la perfección de Cristo, ascenderán como fragancia al Padre, y llegarán las respuestas.

Los obreros de Cristo jamás deben pensar, menos hablar, de fracaso en su obra. El Señor Jesús es nuestra eficiencia en todas las cosas; su Espíritu debe ser nuestra inspiración; y cuando nos colocamos en sus manos para ser canales de luz, nuestros medios para hacer el bien jamás se agotarán. Podemos hacer uso de su plenitud y recibir de esa gracia que no tiene límite.

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La ayuda a nuestras escuelas

Un ejemplo de liberalidad

Cuando el Señor invitó a Israel a contribuir para la construcción del tabernáculo en el desierto, hubo una respuesta espontánea. El pueblo “vino… a quien su corazón estimuló, y todo aquel a quien su espíritu le dio voluntad, con ofrenda a Jehová para la obra del tabernáculo de reunión”. Vinieron, tanto hombres como mujeres, todos los que tenían un corazón voluntario. Los hombres vinieron con sus ofrendas de oro y plata, telas escogidas y madera valiosa. Los dirigentes trajeron piedras preciosas, especias costosas y aceite para las lámparas. Y “todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado”. Trajeron “ofrenda voluntaria cada mañana” hasta que se le dio a Moisés el informe: “El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga”. Éxodo 35:21-25; 36:3, 5. Este servicio voluntario, procedente de un corazón generoso, agradó a Dios; y cuando se completó el tabernáculo, él expresó su aceptación de la ofrenda en forma visible: “Una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el tabernáculo”. Éxodo 40:34.

Semejante a este ejemplo de servicio voluntario ha sido la obra hecha en favor de nuestras escuelas mediante la publicación y venta del libro Palabras de vida del gran Maestro. Nos alegramos porque un número tan grande de nuestros miembros se ha dedicado a esta obra y que sus esfuerzos han resultado tan exitosos. Nos regocijamos porque los oficiales de nuestra Asociación y de la sociedad de folletos han dado su influencia y energía a esta gran empresa y que ministros, obreros bíblicos, colportores y miembros de iglesia; se han ocupado tan gustosamente en este esfuerzo especial para socorrer rápidamente a nuestras escuelas. La manera generosa e incondicional en la que nuestras casas publicadoras y nuestros hermanos y hermanas en general se han encargado de esta empresa agrada sumamente al Señor. Está en armonía con su plan.

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El plan del señor

En la divina providencia, hay períodos particulares cuando debemos levantarnos en respuesta al llamado de Dios y hacer uso de nuestros recursos, nuestro tiempo, nuestro intelecto, todo nuestro ser, cuerpo, alma y espíritu, en el cumplimiento de sus requerimientos. El tiempo actual es uno de ellos. Los intereses de la causa de Dios están en juego. Las instituciones del Señor están en peligro. Debido a la terrible carga de deuda bajo la cual están luchando nuestras escuelas, la obra sufre obstáculos en todas partes. En nuestra gran necesidad, Dios ha abierto un camino en medio de la dificultad y nos ha invitado a cooperar con él en el logro de su propósito. Era su plan que se dedicara el libro Palabras de vida del gran Maestro para ayudar a nuestras escuelas, y él llama a su pueblo a que haga su parte en colocar este libro ante el mundo. En esto él está probando a su pueblo y a sus instituciones para ver si trabajarán juntos y con el mismo parecer, con abnegación y espíritu de sacrificio.

Todos deben cooperar

Se ha hecho un buen comienzo en la venta de Palabras de vida del gran Maestro. Lo que ahora se necesita es un esfuerzo ferviente, unido, para completar el trabajo que se inició tan bien. En las Escrituras leemos: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor”. Romanos 12:11. Cada rama de la causa de Dios es digna de diligencia; pero nada puede merecerla más que esta empresa en este momento. Debe hacerse un trabajo decidido en el cumplimiento del plan de Dios. Que cada campanada hable en favor del Maestro en la venta de Palabras de vida del gran Maestro. Que todos los que de alguna manera puedan, se unan a los trabajadores.

Considerando el éxito de los esfuerzos ya realizados, vemos que es mucho mejor obedecer los requerimientos de Dios hoy, que esperar por lo que podríamos pensar que es una época más favorable. Debemos llegar a ser hombres y mujeres para los momentos oportunos de Dios, porque grandes responsabilidades y posibilidades están al alcance de todos los que se han enrolado para una vida de servicio bajo el estandarte de Cristo.

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Dios nos llama a la acción, para que nuestras instituciones educativas puedan estar libres de deuda. Permitamos que el plan de Dios se realice de acuerdo con lo que él disponga.

El presente constituye una oportunidad que no podemos darnos el lujo de perder. Convocamos a nuestro pueblo para ayudar al máximo de su capacidad precisamente ahora. Los convocamos para hacer una obra que agradará a Dios al comprar el libro. Pedimos que se use todo medio disponible para ayudar a su circulación. Pedimos a los presidentes de nuestras Asociaciones que consideren cómo pueden promover esta empresa. Pedimos a nuestros ministros, cuando visitan las iglesias, que animen a hombres y mujeres a salir como colportores y a avanzar decididamente en la senda de la abnegación dando una parte de sus ganancias para ayudar a nuestras escuelas.

Se necesita un movimiento general, y esto debe comenzar con movimientos individuales. En cada iglesia, que cada miembro de cada familia, haga esfuerzos decididos para negarse al yo y para contribuir a que la obra avance. Que los niños tengan una parte. Que todos cooperen. Hagamos lo mejor en este momento para presentar a Dios nuestra ofrenda, para llevar a cabo su voluntad estipulada, y así hacer de ello una ocasión para testificar por él y su verdad en un mundo de tinieblas. La lámpara está en nuestras manos. Permitamos que su luz resplandezca con gran brillo.

Jóvenes que pensáis entrar en el ministerio, abrazad esta obra. El uso del libro colocado en vuestras manos por el Señor debe ser vuestro agente educador. Al aprovechar esta oportunidad, ciertamente progresaréis en un conocimiento de Dios y de los mejores métodos para alcanzar a la gente.

El Señor llama a jóvenes de ambos sexos a entrar en su servicio. Los jóvenes son receptivos, vigorosos, ardientes, optimistas. Una vez que hayan saboreado la bendición del sacrificio personal, no estarán satisfechos a menos que estén aprendiendo constantemente del gran Maestro. El Señor abrirá caminos ante aquellos que respondan a su llamado. Traigan al trabajo un deseo ferviente de aprender a llevar responsabilidades. Con brazos fuertes y corazones valientes vayan al conflicto en el cual todos deben entrar, un conflicto que se volverá cada vez más severo a medida que nos acerquemos a la lucha final.

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Tatiana Patrasco