Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 126-135, día 425

“Escritas para nuestra amonestación”

“Estas cosas… están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”. 1 Corintios 10:11.

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice:

Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación.

¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés!”. Hebreos 3:12-16.

¿No podemos nosotros, que vivimos en el tiempo del fin, darnos cuenta de la importancia de las palabras del apóstol: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo!”. vers. 12.

Sobre nosotros brilla la luz acumulada de los siglos pasados. El registro del olvido de Israel ha sido preservado para nuestra instrucción. En este siglo Dios se ha propuesto reunir un pueblo para sí de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas. Dentro del movimiento adventista, él ha obrado en favor de su heredad, así como obró por los israelitas al sacarlos de Egipto. En el gran chasco de 1844 la fe de su pueblo fue probada así como la de los hebreos al llegar al Mar Rojo. Si en los días tempranos los adventistas hubieran mantenido su fe en la Mano guiadora que los había acompañado en su experiencia pasada, habrían visto la salvación del Señor. Si todos los que habían trabajado solidariamente en la obra de 1844 hubiesen aceptado y proclamado el mensaje del tercer ángel bajo el poder del Espíritu Santo, el Señor habría hecho grandes cosas mediante sus esfuerzos. Una gran luz hubiera alumbrado el mundo. Hace años que los habitantes del mundo habrían sido amonestados, la obra final terminada, y Cristo venido para rescatar a su pueblo.

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El mensaje para este tiempo

Se me han dado instrucciones de escribir palabras de advertencia para nuestros hermanos y hermanas que están en peligro de perder de vista la obra especial para este tiempo. El Señor nos ha hecho depositarios de la sagrada verdad. Hemos de levantarnos y resplandecer. En todo país hemos de proclamar la segunda venida de Cristo, proclamando, en las palabras del revelador: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”. Apocalipsis 1:7.

¿Qué estamos haciendo? ¿Estamos comunicando el mensaje del tercer ángel? “Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre. Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Apocalipsis 14:9-12.

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Los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesús están enlazados. Han de ser claramente presentados ante el mundo.

La oposición del enemigo

En la Palabra de Dios se nos muestran las consecuencias que tiene la proclamación del mensaje del tercer ángel. “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”. Apocalipsis 12:17. La negativa a obedecer los mandamientos de Dios, y la resolución de albergar odio contra los que proclaman estos mandamientos, lleva a la guerra más resuelta de parte del dragón, cuyas energías enteras se dedican a oponerse al pueblo de Dios que guarda los mandamientos. “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre”. Apocalipsis 13:16, 17.

La señal o sello de Dios se revela en la observancia del séptimo día, monumento recordativo de la creación por el Señor. “Habló además Jehová a Moisés, diciendo: Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico”. Éxodo 31:12, 13. En este pasaje el sábado se designa claramente como señal entre Dios y su pueblo.

La marca de la bestia es lo opuesto a esto; la observancia del primer día de la semana. Esta marca distingue a los que reconocen la supremacía de la autoridad papal de aquellos que reconocen la autoridad de Dios.

El fuerte pregón

Así como fue predicho en el capítulo 18 de Apocalipsis, el mensaje del tercer ángel ha de ser proclamado con gran poder por aquellos que dan la advertencia final contra la bestia y su imagen: “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble”. Apocalipsis 18:16.

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Este es el mensaje dado por Dios que ha de hacerse sonar en el fuerte pregón del tercer ángel.

Aquellos cuya fe y celo son proporcionales a su conocimiento de la verdad manifestarán su lealtad a Dios comunicando la verdad en todo su poder salvador y santificador a todos con quienes se asocian. Sus vidas piadosas y su servicio abnegado estarán en conformidad con los principios vitales del reino de los cielos.

“Y os habéis olvidado”

¡Es una solemne y aterradora verdad que muchos de los que han sido celosos en la proclamación del mensaje del tercer ángel se están volviendo apáticos e indiferentes! La línea de demarcación entre los mundanos y los cristianos profesos es casi indistinguible. Muchos que una vez fueron adventistas fervientes están conformándose al mundo: a sus hábitos, costumbres y egoísmo. En lugar de llevar al mundo a rendirle obediencia a la ley de Dios, la iglesia está uniéndose más y más de cerca con el mundo en la transgresión. A diario la iglesia se convierte al mundo. ¿Cuántos cristianos profesos no son esclavos de las riquezas? El apetito desordenado y el derroche de dinero para satisfacer deseos egoístas constituyen una gran deshonra para Dios.

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Y por la falta de celo en la promulgación del mensaje del tercer ángel, muchos otros, aunque no aparentan vivir en transgresión, de todos modos están ejerciendo su influencia en favor de Satanás tan seguramente como aquellos que abiertamente pecan contra Dios. Multitudes de personas perecen, ¡pero cuán pocos se preocupan por estas almas! Ha caído sobre el pueblo de Dios un estupor, una parálisis que le impide entender su deber para esta hora.

Cuando los israelitas entraron en Canaán, no cumplieron el propósito de Dios de tomar posesión de toda la tierra. Luego de haber hecho una conquista parcial, se establecieron para disfrutar el fruto de sus victorias. En su incredulidad y amor por la comodidad, se congregaron en las porciones ya conquistadas, en lugar de marchar adelante y ocupar nuevos territorios. Así empezaron a apartarse de Dios. No alcanzaron a llevar a cabo sus propósitos, y por esta razón le hicieron imposible cumplir en ellos su promesa de bendición.

¿No está la iglesia haciendo la misma cosa hoy? Teniendo al mundo por delante en necesidad del evangelio, los cristianos profesos se congregan en donde pueden ellos mismos disfrutar de los beneficios del evangelio. No sienten la necesidad de ocupar nuevo territorio y llevar el mensaje de salvación a las regiones distantes. Rehúsan cumplir la comisión: “Id y haced discípulos en todas las naciones”. ¿Son menos culpables que los creyentes hebreos?

“Escogeos hoy a quien sirváis”

Se librará un conflicto agudo entre los que son leales a Dios y los que han desdeñado su ley. La veneración por la ley de Dios se ha trastornado. Por doctrina, los dirigentes religiosos enseñan mandamientos de hombres. Como fue en los días del antiguo Israel, así es en esta era del mundo. Pero aunque ahora prevalezcan la deslealtad y la transgresión, ¿tendrán menos respeto por la ley de Dios aquellos que la han venerado? ¿Se unirán con los poderes de la tierra para anularla? Los que son leales no se dejarán arrastrar por la corriente del mal. No despreciarán lo que Dios ha apartado como santo. No seguirán el ejemplo de olvido de Israel. Recordarán las intervenciones de Dios en favor de su pueblo en todas las edades, y andarán en sus mandamientos.

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La prueba les llega a todos. Hay sólo dos partidos. ¿De qué lado estáis vosotros?

El escudo de la omnipotencia

El pueblo de Dios que guarda sus mandamientos está bajo la protección del amplio escudo del Omnipotente.

El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía y castillo mío; Mi Dios en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación. Salmos 91.

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Jehová reina

Venid, aclamemos alegremente a Jehová Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos. Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra. Y las alturas de los montes son suyas. Suyo también el mar, pues él lo hizo; Y sus manos formaron la tierra seca. Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, Me probaron, y vieron mis obras. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo. Salmos 95.

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Cantad a Jehová cántico nuevo; Cantad a Jehová, toda la tierra. Cantad a Jehová, bendecid su nombre; Anunciad de día en día su salvación. Proclamad entre las naciones su gloria, En todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Temible sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Pero Jehová hizo los cielos. Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y gloria en su santuario. Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, Dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la honra debida a su nombre; Traed ofrendas, y venid a sus atrios. Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra. Decid entre las naciones: Jehová reina. También afirmó el mundo, no será conmovido; Juzgará a los pueblos en justicia. Alégrense los cielos, y gócese la tierra; Brame el mar y su plenitud. Regocíjese el campo, y todo lo que en él está; Entonces todos los árboles del bosque rebosarán de contento, Delante de Jehová que vino; Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, Y a los pueblos con su verdad. Salmos 96.

Sección 3—Cartas a médicos

“A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”. Filipenses 3:1

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El valor de la prueba

Rumbo a Copenhague, Dinamarca,

16 de julio de 1886.

Al médico supervisor del Sanatorio de Battle Creek

Mi estimado hermano,

Tengo el mayor afecto por usted y quisiera que los que se dedican a reprocharlo lo dejaran en paz. Pero, mi hermano, recuerde que estas cuitas y perturbaciones son parte integral de “todas las cosas” que ayudan a bien a los que aman a Dios. Dios vela por usted y toma cuenta de aquellos que lo denigran y procuran despedazarlo. Pero si se muestra valiente, si su alma está anclada en Dios, si confía en su Padre celestial como un niño en sus padres, si es justo y ama la misericordia, Dios puede y ha de obrar en usted. Su promesa es segura: “Honraré a los que me honran”. 1 Samuel 2:30.

Recuerde que su experiencia no es la primera de su índole. ¿Recuerda las historias de José y Daniel? El Señor no impidió las maquinaciones de hombres impíos; pero hizo que sus artimañas obraran para el bien de aquellos que, en medio de la prueba y el conflicto, mantuvieron su fe y lealtad.

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Tatiana Patrasco