Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 136-145, día 426

El fuego del horno no tiene como propósito destruir, sino refinar, ennoblecer y santificar. Sin la prueba, no sentiríamos tan hondamente nuestra necesidad de Dios y de su ayuda; y nos tornaríamos orgullosos y autosuficientes. En las pruebas que encara, yo veo evidencia de que el Señor vela por usted y que se propone atraerlo hacia él. No son los sanos sino los heridos los que necesitan un médico; aquellos que se ven presionados más allá de lo que pueden aguantar son los que necesitan un ayudador. Acuda a la fortaleza. Aprenda la valiosa lección: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30.

Jesús le ama, y me alegra leer acerca de la experiencia por la cual está atravesando, no porque es un sufridor, sino porque a mi parecer esto es evidencia de que el Señor Jesús lo está probando para ver si usted se acercará a él, si pondrá su confianza en él, y hallará descanso y paz en su amor. Estoy orando para que venga a él, quien es la Fuente de agua viva. Esta es la experiencia que cada uno de nosotros debe tener si hemos de morar con Cristo para siempre en las mansiones que ha ido a preparar para nosotros. Usted tiene lecciones de la mayor importancia que aprender en la escuela de Cristo, que lo llevarán a buscar su propia salvación con temor y temblor.

Es cuando disfruta de prosperidad y los hombres hablan bien de usted que está en mayor peligro. Manténgase alerta porque será probado. Mi mayor temor ha sido que prospere demasiado y que no logre aprender que su dependencia debe estar solamente en Dios. Ha sido colocado en un puesto de la mayor confianza y honor, y ha estado en peligro de turbarse y olvidarse de confiar en Dios. Ha sido colocado donde puede ejercer una vasta influencia en favor del bien si mantiene su vista fija en la gloria de Dios. Su Padre celestial lo ama, y lo traerá a sí por medio de las pruebas que a usted le parecen tan severas.

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Deseo fervientemente que tenga una libre entrada en la ciudad de Dios, no como un acusado apenas perdonado, sino como vencedor. Mi hermano, ¿no meditará usted sobre esto? Si se mantiene leal, humilde y fiel en esta vida, se le dará amplia entrada. Entonces el árbol de la vida será suyo, porque obtuvo la victoria sobre el pecado; la ciudad cuyo artífice y hacedor es Dios será su ciudad. Sujete su imaginación a las cosas invisibles. Que su mente se extasíe pensando en las evidencias del gran amor que Dios le tiene. Al contemplar el objeto que persigue, perderá todo sentido de dolor ocasionado por las leves aflicciones que pronto pasarán.

La experiencia de Pablo

Copenhague, Dinamarca, 17 de julio de 1886

Pablo era un hombre que sabía lo que era ser partícipe de los sufrimientos de Cristo. Estaría demás que yo repitiera la historia de sus tribulaciones. Su vida era de constante actividad, a pesar de que era víctima de muchas enfermedades. Lo perseguían constantemente el odio y la mala voluntad de los judíos. Ellos se oponían a él implacablemente y hacían todo lo que estaba a su alcance para impedir su obra. Sin embargo, su voz repercute hasta nuestros tiempos, diciendo: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”. “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. 2 Corintios 4:17, 18; Romanos 8:18. No es exagerada la valoración de Pablo de los privilegios y ventajas de la vida cristiana. Yo hablo sin titubeos sobre este asunto, porque sé por experiencia que lo que él dice es verdad.

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Hay descanso en el amor de Dios

Pablo dice, además: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” Romanos 8:14, 15. Una de las lecciones que debemos aprender en la escuela de Cristo es que el amor del Señor por nosotros es mucho más grande que el de nuestros padres terrenales. Necesitamos una fe indiscutible y una confianza perfecta en él. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Romanos 8:16, 17.

Que el Señor le ayude, como discípulo diligente en la escuela de Cristo, a aprender a poner sus cargas sobre Cristo. Y si es usted libre en su amor, mirará por encima y más allá de estas pruebas perturbadoras. Piense en lo que Cristo sufrió por usted y nunca olvide que es parte de nuestro legado como cristianos ser partícipes con él de sus sufrimientos, para que también participemos juntamente con él de su gloria.

El peligro de la autosuficiencia

Estudie el sueño de Nabucodonosor registrado en el capítulo cuatro de Daniel. El rey vio un árbol de hermoso follaje en medio de la tierra. Las bestias del campo se ponían a su sombra, y las aves del cielo hacían su morada en sus ramas. Así fueron representadas la grandeza y la riqueza de Nabucodonosor. Las naciones estaban bajo su soberano imperio y su reino estaba firmemente establecido en el corazón de sus leales súbditos.

El rey contempló su prosperidad, y a causa de ella se enalteció. No obstante las advertencias de Dios, hizo las mismas cosas que el Señor le había dicho que no hiciera. Contemplando su reino con orgullo, declaró: ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad!” Daniel 4:30. En el mismo instante que estas palabras fueron proferidas, la sentencia del tribunal fue pronunciada. El rey perdió el juicio. La razón que él había considerado ser tan perfecta, la sabiduría que él se había jactado de tener, le fueron arrebatadas. La mente, joya que eleva al hombre por encima de las bestias, él ya no pudo retener.

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El cetro ya no está en manos de un monarca altivo y poderoso. El gran gobernante es un demente. Es apacentado como buey y come hierba como los bueyes. Acompaña a las bestias del campo. Las sienes que una vez lucieron una corona se encuentran desfiguradas por la ausencia de la razón y el intelecto. Ha salido el mandato: “Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto”. Daniel 4:14.

Así es como el Señor se ensalza a sí mismo como el Dios verdadero y viviente. Con razón exclamó David: “Vi yo al impío sumamente enaltecido, y que se extendía como laurel verde. Pero él pasó, y he aquí ya no estaba; lo busqué, y no fue hallado”. Salmos 37:35, 36. Al ensalzarse los hombres con altivez, el Señor no los sostiene ni evita su caída. Cuando una iglesia se vuelve orgullosa y jactanciosa, y deja de depender de Dios, no exaltando su poder, seguramente el Señor la abandonará y abatirá. Cuando un pueblo se gloría en las riquezas, el intelecto, el conocimiento, o en cualquier cosa que no sea Cristo, pronto será confundido.

El que lleva nuestras cargas

Hermano mío, recuerde que esta tierra no es el cielo. Cristo dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he venido al mundo”. “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo”. Juan 16:33; Mateo 5:10-12.

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Jesús no lo ha abandonado para que usted se asombre por las pruebas y dificultades que encuentra. Él se lo ha expuesto todo, como también le ha dicho que no se quede abatido ni oprimido cuando vienen las pruebas. Mire a Jesús, su Redentor; tenga ánimo y regocíjese. Las pruebas más duras de soportar son aquellas que provienen de nuestros hermanos, de nuestros amigos cercanos; pero aun estas pruebas pueden ser soportadas con paciencia. Jesús no está en la tumba nueva de José. Resucitó y ascendió al cielo para interceder allí en nuestro favor. Tenemos un Salvador que nos amó de tal manera que murió por nosotros, a fin de que por él pudiésemos tener esperanza, fuerza y valor, y un lugar con él en su trono. Él puede y quiere ayudarnos si lo invocamos.

Si procura llevar solo sus cargas, será aplastado por ellas. Usted lleva pesadas responsabilidades. Jesús las conoce, y no lo dejará solo, si usted no lo abandona. Él se siente honrado cuando le confía la custodia de su alma como a un Creador fiel. Lo invita a esperar en su misericordia, creyendo que él no desea que lleve con su propia fuerza estas pesadas responsabilidades. Tan sólo crea, y verá la salvación de Dios.

¿Siente usted su insuficiencia para el puesto de confianza que ocupa? Gracias a Dios por esto. Cuanto más sienta su debilidad, tanto más inclinado estará a buscar un auxiliador. “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros”. Santiago 4:8. Jesús quiere que usted sea feliz y alegre. Quiere que haga lo mejor que puede con la capacidad que Dios le ha dado, y luego confíe en que el Señor le ayudará, y suscitará a quienes le habrán de ayudar a llevar las cargas.

No permita que le hagan daño las palabras crueles de los hombres. ¿No dijeron los hombres cosas crueles acerca de Jesús? Usted yerra, y a veces puede dar ocasión a que se hagan declaraciones inclementes, cosa que nunca hizo Jesús. Él era puro, inmaculado, y sin contaminación. No espere usted mejor suerte en esta vida que la que tuvo el Príncipe de gloria. Cuando sus enemigos vean que pueden hacerle daño, se regocijarán, y Satanás también. Mire a Jesús, y trabaje sinceramente para su gloria. Mantenga su corazón en el amor de Dios.

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Apartad la vista de los hombres

Puede ser que aún los miembros de la iglesia a la cual pertenece digan cosas que le ofendan. Pero, siga adelante con calma y en paz, siempre confiando en Jesús, recordando que no es dueño de sí mismo, que es propiedad de Cristo, comprado por la sangre del Hijo amado de Dios, y que está empeñado en su obra, procurando traer bendición a la humanidad. Esta es una gran obra. No deje que la perversidad de los hombres lo aparte de su firme confianza y fe perdurable en las promesas de Dios.

A usted le duele cuando alguien por quien ha hecho mucho se convierte en su enemigo, habiendo caído bajo una influencia enemiga. ¿Pero no le hace usted lo mismo a Jesús al apartarse de él? Él ha sido su mejor amigo. Ha hecho todo lo posible para merecer su amor. Ha querido ganar su confianza. Le ha pedido que venga a él con todas sus cargas y penas, y ha prometido proveerle descanso y sosiego, si lleva usted su yugo y su carga. Él declara que su yugo es fácil y ligera su carga. Demuestre que lo cree. Confíe en la palabra de Dios. Usted nunca habría podido estar donde está, llevando las responsabilidades que tiene, a menos que Jesús le hubiera dado ayuda especial. Reconózcalo. Alabe a Dios por haberle sido de ayuda, y confíe aún en él.

Que Cristo forme parte de su vida. No piense que usted es responsable por el mal comportamiento de los demás, aunque sean de la iglesia. En la iglesia hay personas infieles que tratan a Jesús peor que a usted. Si él estuviera en la tierra, lo insultarían, lo injuriarían, y lo denigrarían. “Es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!… Mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”. Mateo 18:7, 6.

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Usted lleva una carga pesada. Ojalá que todos pudieran sentir esto como yo. Ojalá que todos sus hermanos le fueran leales y fieles, que no le sirvieran de estorbo, que no lo exaltasen ni glorificaran, sino que lo vieran como uno a quien Dios está usando como instrumento para hacer una obra determinada, y recordaran que no deberían estorbar el progreso, sino arrimar el hombro, ayudando y no entorpeciendo.

Un eterno peso de gloria

Otra vez digo: Regocíjese en el Señor. Descanse en él. Usted necesita su poder, y puede tenerlo. Siga adelante con firmeza y valor. Usted podrá errar en su criterio, pero no se suelte de Jesús. Él es la sabiduría, la luz, y el poder. Es como un gran Peñasco en tierra calurosa. Descanse en su sombra. Usted necesita sabiduría, y Jesús se la dará. No sea incrédulo. Mientras más sea sacudido, mal entendido, mal interpretado, mayor será la evidencia de que está haciendo una labor para el Maestro, y mayor su necesidad de afianzarse en su Salvador. En todas sus dificultades, manténgase sereno e imperturbable, paciente y magnánimo, no devolviendo mal por mal, sino bien por mal. Mire la parte de arriba de la escalera. Dios está sobre ella. Su gloria ilumina a toda alma que asciende hacia el cielo. Jesús es la escalera. Suba por él, aférrese de él, y dentro de poco tiempo se bajará de la escalera para entrar en su reino sempiterno.

Es mi deseo que usted llegue al cielo. No conozco a ninguna otra persona que apreciaría el cielo más que usted, que haya trabajado tan infatigablemente para aliviar el sufrimiento de la humanidad, perdiendo sueño, dejando de comer, disfrutando de muy poco placer en su vida. A veces parece que no hay mucho sol en su camino, sólo una larga y constante sombra. Las aflicciones que pasa, los mortales dependientes que anhelan auxilio, su contacto con los seres humanos depravados y corruptos; esta experiencia es de una naturaleza capaz de debilitar su fe en la humanidad.

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Por cierto que tiene que mirar a Jesús, manteniendo su vista fija en la gloria que está en la parte superior de la escalera. Sólo por medio de Cristo podrá estar seguro del cielo, donde todo es pureza, santidad, paz y bendición; donde hay cosas sublimes que los labios mortales no alcanzan a describir. Lo más que nos podemos aproximar a una descripción del premio que espera a los vencedores es decir que es un cada vez más excelente y eterno peso de gloria. Será una eternidad de felicidad, una eternidad bendecida que va desplegando nuevas maravillas conforme van corriendo los siglos sin fin.

Usted tiene que estar allí. No importa lo que pierda aquí, resuelva asegurarse de la vida eterna. Nunca se desanime. Muchas veces he visto que los brazos eternos lo envolvían, cuando usted parecía no ver ni apreciar la gran condescendencia del cielo. Viva para Jesús. Usted puede trabajar mejor como médico en el sanatorio si hace de Cristo su médico jefe. Esfuércese fervientemente por obtener la corona de la vida. Ocúpese en servir a Dios. Vale la pena, no sólo en esta vida, sino en la venidera. Siento un interés muy profundo en usted y en su esposa, a quien amo en el Señor, como por mis propios hijos y sus esposas. Anhelo que usted y su esposa se encuentren entre los redimidos, para tomar parte en la coronación de Cristo. Deseo profundamente que salga más que vencedor por medio de aquel que dio su vida por usted. Por esta razón, mi hermano, le he hablado con claridad. Deseo profundamente que disfrute de una eternidad feliz. Se encuentra usted en una posición sumamente difícil. He temido que vaya usted a perder su fe y valor. Crezca en la gracia y el conocimiento de la verdad. Acérquese a sus hermanos. No importa lo que venga, no pierda su fe en ellos o en Cristo; y manténgase firme en la verdad.

Extracto de una carta escrita en 1892 en Adelaida, Australia.

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Hermano mío, usted tendrá que encarar pruebas, pero mantenga su integridad. No demuestre otra cosa que un espíritu noble. El universo celestial está observando el conflicto. Satanás lo observa, ansioso de sorprenderlo desapercibido, de verlo actuar impetuosamente para ganarle ventaja. Pelee varonilmente la batalla del Señor. Haga lo que Cristo haría si estuviera en su lugar. Que no haya inconsistencia en su fe y práctica. No se deje impacientar por las molestias irritantes que siempre surgen. Cálmese, piense en Jesús y haga lo que pueda para agradarlo. La gracia de Cristo y del Espíritu Santo son los dones del cielo para usted, de tal modo que sea fortalecido con poder en el hombre interior.

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Concentración excesiva en Battle Creek

South Lancaster, Massachusetts,

16 de octubre de 1890.

A los gerentes del Sanatorio de Battle Creek

Estimados hermanos,

Estando en Petoskey tuve la oportunidad de conversar con el médico encargado referente al establecimiento de un hogar para niños huérfanos en Battle Creek. Yo dije que esto era precisamente lo que se necesitaba entre nosotros como pueblo, y que en esta clase de empresas íbamos a la zaga de otras denominaciones.

En el curso de mi conversación mencioné mi temor de que estemos centralizando demasiadas funciones en Battle Creek, y todavía soy de la misma opinión. Es peligroso concentrar tanto en una localidad. Una gran cantidad de recursos se emplea en este solo lugar, a la vez que se descuidan ciudades que se harán más difíciles de trabajar con el correr del tiempo.

He estado revisando algunos de mis escritos, y veo que se dieron advertencias sobre este punto hace años. Se expresa claramente que los edificios en Battle Creek no deben ensancharse, que no se debe añadir un edificio tras otro para que haya más comodidad. Se nos instruyó que no se debieran acumular intereses en ese solo lugar, sino más bien que se ampliara nuestra esfera de trabajo. Battle Creek estaba en peligro de convertirse en un centro poderoso como la Jerusalén antigua. Si no hacemos caso de estas advertencias, los males que arruinaron a Jerusalén nos afectarán a nosotros también. El orgullo, la exaltación propia, el descuido de los pobres, y la parcialidad en favor de los ricos: estos fueron los pecados de Jerusalén. Hoy día, cuando se levantan tantos intereses en un solo lugar, los obreros se ven tentados a exaltarse con egoísmo y envanecimiento. Cuando ceden a esta tentación, dejan de ser obreros unidos a Dios. En lugar de procurar el aumento de funciones en Battle Creek, debemos con valor y voluntad dividir las que ya existen allí, esparciéndolas por diferentes lugares.

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Tatiana Patrasco