Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 146-155, día 427

Somos un “espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres”. 1 Corintios 4:9. Nuestra misión es la misma que fue anunciada por Cristo al comienzo de su ministerio. “El Espíritu del Señor está sobre mí”, dijo él, “por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. Lucas 4:18, 19.

Hemos de llevar a cabo la obra que el Maestro ha puesto en nuestras manos. El dice: “…si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías saciará tu alma, y dará vigor a tus huesos; y serás como huerto de riego, y como manantial de aguas, cuyas aguas nunca faltan”. “Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra”. “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas”. Isaías 58:10, 11; Deuteronomio 15:11; Mateo 7:12.

Nos veremos tentados a ser codiciosos y avaros, a cultivar un deseo insaciable de tener más. Si cedemos a esta tentación, nos acarreará los mismos peligros que cayeron sobre la antigua Jerusalén. No lograremos conocer a Dios ni representarlo por medio del carácter. Es preciso que nos vigilemos de cerca para que no caigamos por causa de la incredulidad, como los judíos. Hemos de trabajar abnegadamente. Hemos de sentir un profundo interés por el establecimiento y crecimiento de otras instituciones además de aquellas que tenemos bajo nuestra supervisión. Desearía sinceramente que el Sanatorio estuviera a muchos kilómetros de distancia de Battle Creek. Basándome en la luz que Dios me ha dado, sé que esto sería mucho mejor para su espiritualidad y utilidad. El colegio que está cerca de Lincoln, Nebraska, podría recibir a un buen número de personas de Battle Creek, y así es como debiera ser. La luz debería brillar desde otros lugares tanto como de Battle Creek. Es el designio de Dios que la luz brille desde diferentes ciudades y localidades.

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La gran centralización en un solo lugar es un error; sabe a egoísmo. Battle Creek recibe más de lo que le pertenece en recursos. Si los intereses importantes establecidos allí fueran divididos y subdivididos, otras iglesias se verían fortalecidas. Hemos de trabajar abnegadamente en la gran viña del Señor, midiendo el tiempo, el dinero, los intereses educacionales y los institutos ministeriales, de tal manera que el más elevado número aprovechara los beneficios. La ambición que hace que los hombres centralicen tantas empresas en Battle Creek se debe restringir para que otros lugares sean bendecidos con los beneficios que algunos pensaban reunir allí. Al concentrar mucho en un solo lugar, se imparte una educación equivocada al pueblo.

Hacer planes mayormente para Battle Creek no es nada sabio. El mundo es nuestro campo de labor, y el dinero que se gasta en este solo lugar alcanzaría para llevar adelante una obra agresiva en muchas partes. Hay incontables ciudades donde la gente necesita escuchar el mensaje evangélico. En vez de que tantos de nuestros obreros capaces se concentren en Battle Creek, se deben asignar hombres de una habilidad santificada a puestos activos en diferentes localidades. Estos hombres debieran tener un interés vivo en muchos lugares y estudiar la manera y los medios mediante los cuales puedan adelantar la obra. No han de actuar en base a su propio criterio, sino que han de combinarse para llevar a cabo la gran obra. Año tras año, conforme vaya fortaleciéndose la obra en el lugar donde están laborando, han de educar y adiestrar obreros y enviarlos a trabajar en otras partes.

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El servicio abnegado

Hay que establecer un límite para la expansión de nuestras instituciones en Battle Creek. El campo es el mundo, y Dios tiene interés en otras partes de su gran viña. Hay iglesias e instituciones que para existir se esfuerzan hasta lo sumo por obtener un espacio donde mantenerse en pie. Que nuestras prósperas instituciones se encarguen de fortalecer lo que queda y está a punto de morir. ¡Con cuánta facilidad no podría la gran iglesia de Battle Creek destinar algunos de sus recursos para auxiliar las iglesias más pobres, que están casi aplastadas bajo la carga de la deuda! ¿Por qué año tras año estas iglesias hermanas se dejan solas para lidiar con la pobreza y la deuda? El egoísmo engendra la muerte espiritual. ¡Cuánto mayor sería el bien que nuestras iglesias más pudientes harían si auxiliaran a sus iglesias hermanas, elevándolas a un nivel de prosperidad!

La ayuda para los que la necesitan

Como agentes de Dios, hemos de tener corazones de carne, llenos del amor que nos insta a ser de ayuda para los que tienen mayor necesidad que nosotros. Si vemos a nuestros hermanos y hermanas luchando bajo la pobreza y la deuda, si vemos iglesias que están en necesidad de ayuda financiera, debemos manifestar un interés abnegado en ellos y auxiliarlos en la medida que Dios nos ha prosperado a nosotros. Si los que están a cargo de alguna institución ven a otras instituciones luchando tenazmente por conseguir espacio para estar en pie con el fin de realizar una obra semejante a la de ellos, que no les dé envidia.

No procuréis eliminar a un grupo que se esfuerza y jactaros por ello con un sentido de superioridad. Deberíais más bien limitar algunos de vuestros grandes proyectos y auxiliar a los que están en necesidad. Ayudadlos a llevar a cabo algunos de sus proyectos para ampliar sus instalaciones. No, empleéis cada dólar en la amplificación de vuestras instalaciones y en el aumento de vuestras responsabilidades. Reservad parte de vuestros recursos para establecer instituciones y escuelas en otros lugares. Necesitaréis mucha sabiduría para determinar dónde establecer estas instituciones para que el pueblo reciba el mayor beneficio. Todos estos asuntos deben recibir la más franca consideración.

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Los que ocupan puestos de responsabilidad necesitarán sabiduría de lo alto para manejar las cosas justamente, amar la misericordia y demostrarla no sólo a los pocos, sino a todos con quienes se relacionan. Cristo identifica sus intereses con los de su pueblo, no importa cuán pobre y necesitado sea. Se deben abrir misiones para la gente de color, y todos deben intentar hacer algo de inmediato.

Hay necesidad de establecer instituciones en diferentes lugares para que hombres y mujeres se pongan a trabajar haciendo lo mejor que puedan en el temor de Dios. Ninguno debiera perder de vista su misión y trabajo. Que todos procuren cumplir con éxito el trabajo que tienen entre manos. Todas nuestras instituciones deben tener esto en mente y esforzarse por lograr el éxito; pero a la vez recordar que su éxito aumentará a medida que ejerzan una liberalidad desinteresada, compartiendo su abundancia con aquellas instituciones que están luchando por su existencia. Entre nosotros existe poco del amor verdadero y abnegado. El apóstol Juan dice: “Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”. “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros”. 1 Juan 4:7, 8, 12. No es del agrado de Dios ver que un hombre cuide sólo de lo suyo e ignore los intereses de sus prójimos.

Lo que una institución puede hacer por otra

En su providencia, Dios ha prosperado grandemente el Sanatorio de Battle Creek, y durante el año venidero los encargados deben limitar sus necesidades. En vez de llevar a cabo todo lo que desean hacer para ensanchar sus instalaciones, deben realizar una labor desinteresada para Dios, tendiendo la mano de caridad a otros intereses centrados en otros lugares. ¡Cuán grande no sería el beneficio que le conferirían al Rural Health Retreat (Retiro Rural de Salud) de Santa Elena, si donaran unos cuantos miles de dólares a esta empresa! Una donación tal levantaría el ánimo de los encargados, inspirándolos a marchar hacia adelante y hacia arriba.

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El Sanatorio de Battle Creek recibió donativos en sus primeros años y, por lo tanto, ¿no debería este sanatorio estudiar cuidadosamente lo que pudiera hacer en favor de su institución hermana en la costa del Pacífico? Mis hermanos de Battle Creek, ¿acaso no es conforme a la voluntad de Dios que limitéis vuestras necesidades, disminuyendo vuestra labor de construcción, no ampliando nuestras instituciones en ese centro? ¿Por qué no habéis de sentir que es un privilegio y un deber ayudar a los que necesitan ayuda?

Hace falta una reforma

La instrucción que me ha sido dada es que hace falta una reforma con respecto a estas cosas; que debiera prevalecer la liberalidad entre nosotros. Existe el peligro de que aun los adventistas del séptimo día sean vencidos por una ambición egoísta y que quieran concentrar todos los recursos y el poder en los intereses sobre los cuales tienen especial gobierno. Hay peligro de que los hombres permitan que surjan celos en sus corazones y que sientan envidia de otros intereses que son tan importantes como los que ellos manejan. Los que albergan la gracia de un cristianismo puro no pueden ver con indiferencia a ninguna de las partes de la gran viña del Señor. Los que están verdaderamente convertidos tendrán un mismo interés en la obra en todos los sectores de la viña y estarán dispuestos a ayudar doquiera se necesite ayuda.

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Es el egoísmo lo que impide que los hombres envíen ayuda a los lugares donde la obra de Dios no prospera tanto como en la institución que está bajo su supervisión. Los que llevan responsabilidades debieran procurar el bien de todo ramo de la causa y obra de Dios. Deben alentar y sostener los intereses en otros campos tanto como en los suyos propios. Así el vínculo de la hermandad se fortalecería entre los miembros de la familia de Dios sobre la tierra, y se cerraría la puerta a las envidias baladíes y los rencores que el puesto y la prosperidad de seguro suscitarán, a menos que la gracia de Dios gobierne el corazón.

“Pero esto digo -declaró Pablo-: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra… para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios; pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos; asimismo en la oración de ellos por vosotros, a quienes aman a causa de la superabundante gracia de Dios en vosotros. ¡Gracias a Dios por su don inefable!” 2 Corintios 9:6-8, 11-15.

El principio vital de la fraternidad

La ley divina se cumple sólo mientras los hombres aman a Dios de corazón, mente, alma y fuerza, y a sus prójimos como a ellos mismos. Es la manifestación de este amor lo que glorifica a Dios en lo alto y trae paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres. El Señor recibe gloria cuando se logra la gran finalidad de la ley. Es la obra del Espíritu infundir el amor en el corazón humano de siglo en siglo, por cuanto el amor es el principio vital de la fraternidad.

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Ningún recoveco del alma ha de ser un escondite para el egoísmo. Dios desea que el plan del cielo se cumpla, y que prevalezcan el orden y la armonía divina en toda familia, iglesia, e institución. Si este amor leudara la sociedad, veríamos la manifestación de principios nobles a través del refinamiento y la cortesía cristiana, y del amor por aquellos que han sido ganados por la sangre de Cristo. Se echaría de ver una transformación espiritual en todas nuestras familias, instituciones, e iglesias. Cuando esta transformación sea realizada, estas entidades se convertirán en instrumentos mediante los cuales Dios impartirá la luz del cielo al mundo y de esa manera, por medio de la capacitación y disciplina divina, se prepararán hombres y mujeres para vivir en el cielo.

Jesús ha ido a preparar mansiones para los que se están preparando, por su amor y gracia, para entrar en las moradas bienaventuradas. En la familia celestial de Dios no se hallará ni una sola persona egoísta. La paz y la armonía de los atrios celestiales no se echarán a perder por la presencia de ninguno que sea tosco e inconsiderado. El que se exalta a sí mismo en este mundo al hacer la obra que le ha sido encomendada, no verá el reino de los cielos jamás a menos que se obre en él un cambio de espíritu y se haga manso y humilde, manifestando la sencillez de un niño pequeño.

El único camino seguro

Las personas que ocupan cargos en nuestras instituciones deben buscar a diario el camino del Señor. No deben sentirse calificados para escoger su propio camino porque al hacerlo andarán a la luz de su propio fuego y de las teas que ellos mismos encendieron. Solamente Dios ha de ser su guía. Los que procuran una esfera mayor, los que anhelan una libertad mayor que la que Dios les ha asignado, los que dejan de hacer de él su consejero, su sabiduría, su santificación y su justicia, nunca obtendrán la corona de la vida. Día tras día el alma necesita la religión de Cristo. Los que beben profundamente de su Espíritu no serán ambiciosos. Se darán cuenta de que no pueden ir más allá del dominio de Dios, porque Dios reina dondequiera.

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La persona que está totalmente dispuesta a recibir su cometido del cielo recibirá el aliento de las promesas de Dios mientras se esmera por obrar con rectitud y discernimiento. Tener una confianza inconmovible en Dios, ser un hacedor de su palabra, es seguir un camino seguro. El consejo de Dios simplifica las complicaciones de las transacciones comerciales y los quehaceres domésticos. Los seguidores de Cristo que trabajan con la vista puesta en la gloria de Dios poseerán sabiduría de lo alto. Pero es un hecho penoso que en nuestras iglesias e instituciones haya una escasez del verdadero cristianismo. Que el Señor ayude a los que llevan responsabilidades para que se unan unos a otros en su obra y se conviertan en colaboradores de Dios.

Cristo dijo a sus discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo”. Mateo 5:14. Entonces, ¡cuán importante es que cada alma mantenga su lámpara arreglada y encendida para dar luz a todos aquellos con quienes se relaciona! Dios ha hecho a su pueblo depositario de su sagrada verdad. Se le han encomendado talentos para ser perfeccionados sabiamente porque es el propósito de Dios que mediante el ejercicio constante sean multiplicados.

El peligro de la expansión

Hermanos míos, la expansión de vuestras instalaciones, el aumento en número, es algo que no está en armonía con las órdenes del Señor. Los grandes edificios requieren una gran clientela, y una gran clientela requiere hombres de educación y talento, y hombres de una profunda experiencia espiritual que conduzcan la institución por los caminos del Señor; y manejarla con tacto y destreza requiere que haya un aumento general en la experiencia espiritual para que el temor de Dios se propague a través del sanatorio, evitando que la clientela común le imponga su molde y su ejemplo, causando que deje de ser lo que Dios se propuso que fuese: un refugio para los pobres y humildes. Los que se mantienen firmes en la verdad no deben ser echados a un lado en favor de los mundanos. Para sufragar los gastos corrientes, los precios no se deben fijar tan altos que los pobres, en su mayoría, sean excluidos de los beneficios del sanatorio.

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En vista del talento y las instalaciones actuales, es imposible que el médico jefe pueda atender todo lo que es esencial en los diferentes ramos y departamentos, por más que quisiera hacerlo. No es posible para él ofrecer una supervisión personal a todos los aspectos de la obra.

Este asunto me ha sido presentando vez tras vez. Aunque la institución experimenta un continuo crecimiento y los edificios se ensanchan y los deberes aumentan, no se está llevando a cabo un crecimiento correspondiente en lo que se refiere al talento y la capacidad necesarios para el manejo de una empresa semejante. ¿No le darán la debida atención a esto el médico jefe y los miembros de la junta? Hermano mío, usted no es inmortal. Le doy gracias al Señor porque usted es tan sabio como lo es en lo referente a su salud. Pero no siempre podrá hacer las cosas como ahora. Su salud puede fallar. Su vida es insegura, y se me ha revelado que en el sanatorio debería haber una mano de obra tres veces mayor que la que hay. Aun así, los obreros tendrían bastante qué hacer si hicieran bien su trabajo.

La cuestión del sueldo

La institución se encuentra ahora en un estado saludable y sus gerentes no deberían insistir en pagar sueldos ínfimos como fue necesario en tiempos pasados. El obrero digno y eficiente debe recibir un sueldo razonable por su trabajo y se le debe permitir emplear su sueldo conforme a su propio criterio. En ninguna manera deberán trabajar más de la cuenta. El mismo médico jefe debería recibir un sueldo mayor.

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Deseo decirle al médico jefe: Aunque la cuestión de los sueldos no está bajo su supervisión personal, sería mejor que usted examine cuidadosamente este asunto, porque usted es el responsable como cabeza de la institución. No les pida a los trabajadores que hagan la mayor parte del sacrificio. Controle su ambición de ensanchar la institución y de acumular más responsabilidades. Permita que algunos de los recursos que entran en el sanatorio sean dados a las instituciones que necesitan la ayuda. Esto es en verdad lo correcto. Está conforme a la voluntad y el propósito de Dios y redundará en bendición para el sanatorio.

Tengo algo en particular que decir a la junta directiva: “Recordad que debe pagarse a los empleados conforme a su fidelidad. Dios exige que nos tratemos unos a otros con la mayor fidelidad. Algunos entre vosotros estáis sobrecargados de preocupaciones y deberes, y la instrucción que me ha sido dada es que hay peligro de que os tornéis egoístas y hagáis daño a vuestros empleados”.

Cada transacción comercial, que tenga que ver con un empleado que ocupa un puesto de responsabilidad o con el trabajador más humilde del sanatorio, debe realizarse de tal manera que reciba la aprobación de Dios. Andad en la luz mientras tenéis la luz para que no os sobrecojan las tinieblas. Sería mucho mejor gastar menos en edificios y pagarles a los trabajadores un sueldo que esté conforme al valor de su trabajo, tratándolos con misericordia y justicia.

De acuerdo a la luz que el Señor se ha dignado darme, yo sé que a él no le agradan muchas de las cosas que se han llevado a cabo con respecto a los trabajadores. Dios no me ha expuesto todos los pormenores, pero nos ha enviado advertencias referentes a una cantidad de cosas en las cuales se necesita una reforma. Se me ha mostrado que hace falta que madres y padres en Israel se unan a la institución. Se deben emplear hombres y mujeres devotos que por no estar presionados constantemente con cuidados y responsabilidades puedan atender los intereses espirituales de los empleados. Es preciso que tales hombres y mujeres se ocupen constantemente en labores misioneras dentro de esta gran institución. No se está haciendo ni la mitad de lo que se debiera en este sentido. La responsabilidad de estos hombres y mujeres debería ser el trabajo de tipo espiritual en favor de los empleados, enseñándoles cómo ganar almas, demostrándoles que es menester hacer esto no mediante el mucho hablar, sino por medio de una vida consistente, a semejanza de la de Cristo. Los trabajadores están expuestos a influencias mundanales; pero, en lugar de ser moldeados por estas influencias, deberían ser misioneros consagrados, gobernados por una influencia que eleve y ennoblezca. Así aprenderán cómo relacionarse con los incrédulos y ejercer una influencia sobre ellos que los gane para Cristo.

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Extracto de una carta escrita en 1895 desde Cooranbong, Australia.

Dios tiene una obra para cada creyente empleado en el sanatorio. Cada enfermera ha de ser un instrumento de bendición que reciba luz de lo alto y la deje alumbrar a los demás. Los trabajadores no han de adaptarse al despliegue de modas de los que vienen al sanatorio para recibir tratamientos, sino que han de consagrarse a Dios. La atmósfera que envuelve a sus almas ha de ser un sabor de vida para vida. Las tentaciones los acosan por todos lados, pero que pidan que Dios los acompañe y los guíe. El Señor le dijo a Moisés: “Vé, porque yo estaré contigo” (Éxodo 3:12); y a todo obrero fiel y consagrado se le da la misma seguridad.

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Tatiana Patrasco