Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 166-175, día 429

El propósito de Dios para sus instituciones

Newtown, Tasmania, Australia,

1 de diciembre de 1895

Al Director Médico del Gran Sanatorio

Mi estimado hermano,

Cada institución que lleva el nombre de Adventista del Séptimo Día debe ser para el mundo lo que fue José en Egipto, y Daniel y sus compañeros en Babilonia. Bajo la providencia de Dios estos hombres fueron tomados cautivos para que llevaran el conocimiento del verdadero Dios a las naciones paganas. Eran los representantes de Dios en el mundo. No debían transigir con las naciones idólatras con las cuales se relacionaban, sino que debían mantenerse leales a la fe que profesaban, llevando con especial orgullo el nombre de los adoradores del Dios que creó los cielos y la tierra. Estos jóvenes se mantuvieron fieles a sus principios. Vivían cerca de Dios, rindiéndole honor en todos sus caminos, y él los honró a ellos. Él era su sabiduría. Él les impartía conocimiento y entendimiento.

Hoy el pueblo remanente de Dios debe glorificar su nombre proclamando el postrer mensaje de advertencia, la postrer invitación a la cena de las bodas del Cordero. La única manera en que han de cumplir lo que Dios espera de ellos es que sean los representantes de la verdad para este tiempo.

El Señor se ha valido de agentes humanos para cumplir las profecías. Ha hecho que la verdad sagrada y eterna sobresalga en medio de las herejías y engaños que según Cristo iban a presenciarse en los últimos días.

Hermano mío, usted está en una posición donde puede ser un representante de la verdad en estos tiempos. Apéguese al Gran Maestro. Lo vi alzando una bandera sobre la cual estaban escritas las siguientes palabras: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. Apocalipsis 14:12. Varios hombres, entre ellos algunos conocidos suyos del sanatorio, le ofrecían una bandera que llevaba una inscripción diferente. Usted soltaba la bandera de los adventistas del séptimo día y alcanzaba con la mano la otra bandera. Una persona de porte distinguido se acercó a usted diciéndole con profundo fervor:

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“Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable…” 1 Pedro 2:7-9. Entonces tomó usted firmemente en su mano la verdadera bandera, y se escucharon estas palabras alentadoras: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”. Apocalipsis 19:7, 8.

Recibí instrucción con respecto a que usted y sus compañeros de trabajo en el sanatorio estaban en peligro de ocultar los principios de nuestra fe para obtener una clientela mayor. Todo lo que se haga en este sentido, en lugar de extender la influencia de la verdad, más bien estorbará su progreso.

Es preciso que usted y sus asociados en la obra del sanatorio tengan un piloto a su lado en todo momento, de lo contrario van a naufragar. Seguramente debe comprender el peligro en que está. Satanás está haciendo todo lo posible para desviarlo por senderos extraños. Dios le ha dado fuerzas. Su alma debe ser santificada por la verdad para que su apego firme a los principios se haga evidente a todos. Mientras más plenamente se incline su alma indefensa sobre Dios, más fuerte será su confianza en él, más hambre tendrá por el pan de vida.

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Dios ha de ser reconocido y exaltado por el pueblo que lleva el nombre de adventistas del séptimo día. En el pasado la verdad ha sido proclamada para gloria de Dios y con poder convincente por médicos y asistentes en nuestros sanatorios. Dios no espera menos de usted, sino mucho más. Usted y sus colaboradores deberían obrar con fe y firmeza para evitar el declive y asegurar el progreso. No debiera haber una disminución en su trabajo, y nada de ocultar los principios de la verdad; debiera ampliarse la base de operaciones. Deberían levantarse instalaciones en diferentes lugares. Es menester que haya más celo, más fe, mayor influencia, más obreros activos y de buen ánimo.

No olvide que está trabajando por el tiempo y la eternidad. Ángeles del cielo son asignados para cooperar con sus esfuerzos para conquistar almas. Se deberían hacer mayores esfuerzos para establecer la verdad en diferentes localidades. Y no se ha de encubrir ninguna fase del mensaje. La verdad para este tiempo a ser dada a las almas que están a punto de perecer. Los que en alguna forma ocultan la verdad deshonran a Dios. Sobre sus vestiduras caerá la sangre de las almas.

El propósito de Dios para el sanatorio

El Sanatorio de Battle Creek es un amplio campo misionero. Dios ha estado influyendo en las almas para que procuren el alivio de sus males físicos en esta institución. Él exige que todo lo relacionado con ella merezca su aprobación.

Él está satisfecho de que se construya una capilla junto al sanatorio para que los que visitan la institución tengan la oportunidad de escuchar personalmente la verdad tal cual es en Jesús. El precioso evangelio debe presentárseles, no en una forma débil y diluida, sino en tono convincente y entusiasta. Al hacerse claro que la santidad es necesaria para la salvación, los rasgos peculiares de nuestra fe aflorarán, distinguiéndonos del mundo. Pero que no se lancen invectivas contra las doctrinas que profesan los demás. Al asociarnos con personas del mundo, hemos de darle valía a nuestra fe, viviendo, con toda modestia, los principios del cristianismo.

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El valor del estudio de la palabra de Dios

Si los estudiantes de medicina estudian la palabra de Dios diligentemente, quedarán mucho mejor preparados para comprender sus otros estudios, porque el ferviente estudio de la Palabra del Señor nos ilumina siempre. Entiendan nuestros obreros médicos misioneros que cuanto mejor conozcan a Dios, a Cristo y la historia bíblica, tanto mejor preparados estarán para hacer su obra.

Los estudiantes de nuestras escuelas deben aspirar a un conocimiento superior. Nada les ayudará tanto a adquirir una memoria retentiva como el estudio de las Escrituras. Nada les ayudará tanto a adquirir conocimiento de sus otros estudios.

Si los incrédulos desean unirse a vuestras clases para la preparación de médicos misioneros, y os parece que no ejercerán una influencia que desvíe de la verdad a los otros estudiantes, dadles la oportunidad. Puede ser que de entre ellos salgan nuestros mejores misioneros. Nunca han oído la verdad, y al verse colocados donde estén rodeados por una influencia que revele el espíritu del Maestro, algunos serán ganados para la verdad. En las clases que se dicten no debe ocultarse un solo principio de la verdad bíblica. Si la admisión en vuestras clases de los que no son de nuestra fe os induciría a no mencionar los grandes temas concernientes a vuestro bien presente y eterno, es decir, temas que deben tenerse siempre presentes, no admitáis a los tales estudiantes. En ningún caso se han de sacrificar los principios ni se han de ocultar las características peculiares de nuestra fe para añadir a nuestras clases estudiantes que no comparten esa fe.

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Las clases de Biblia deben estar a cargo de maestros fieles que se esforzarán por hacer comprender sus lecciones a sus alumnos, no explicándoselo todo, sino requiriendo de ellos que expliquen claramente cada pasaje que lean. Recuerden estos maestros que poco bien se obtendrá recorriendo ligera y superficialmente la Palabra. Para comprenderla, se requieren investigaciones y estudios fervientes y esforzados. Hay en ella verdades que, como vetas de metal precioso, están escondidas debajo de la superficie. El tesoro oculto se descubre cuando se lo busca como el minero busca oro y plata. La evidencia de la Palabra de Dios se halla en la Palabra misma. La Escritura es la clave que abre la Escritura. El significado profundo de las verdades de la Palabra de Dios es revelado a nuestras mentes por su Espíritu.

La Biblia es el gran libro de texto para los alumnos de nuestras escuelas. Enseña toda la voluntad de Dios acerca de los hijos y las hijas de Adán. Es la norma de la vida, que nos enseña el carácter que debemos formar para la vida futura. No necesitamos la pálida luz de la razón para hacer comprensibles las Escrituras. Con igual acierto podríamos suponer que el sol meridiano necesita la vacilante antorcha de la tierra para aumentar su gloria. Las expresiones de los sacerdotes y ministros no son necesarias para salvar a los hombres del error. Los que consulten el Oráculo divino tendrán luz. En la Biblia se presenta claramente todo deber. Toda lección dada es comprensible. Cada una nos revela al Padre y al Hijo. La Palabra puede hacer a todos sabios para la salvación. En la Palabra se revela claramente la ciencia de la salvación. Escudriñad las Escrituras porque son la voz de Dios hablando al alma.

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El propósito de Dios para la obra médica misionera

Melbourne, Australia,

3 de febrero de 1898.

Estimado hermano,

Me ha sido dada luz particular respecto a que usted está en peligro de perder de vista la obra para este tiempo. Está erigiendo barreras divisivas que tienden a separar de la iglesia su obra y aquellos a quienes está educando. Esto no puede ser. Se debe convencer a los que reciben instrucción en el ramo médico misionero que el propósito de su educación es prepararlos para hacer una mejor obra en colaboración con los ministros de Dios. No olvide, hermano mío, que el Señor tiene un pueblo sobre la tierra a quien estima. Pero sus palabras, y la manera en que frecuentemente las profiere, despierta la duda en cuanto a nuestra convicción como pueblo. Usted está en peligro de perder su confianza en la fe que ha sido una vez dada a los santos y de naufragar en cuanto a su fe. Fueron pronunciadas las palabras: “Un pequeño escape de agua hunde el barco. Un eslabón débil malogra la cadena”.

Educad médicos misioneros

Recuerde, hermano mío, que la obra médica misionera no es para sacar hombres del ministerio, sino más bien para colocar en el campo a hombres que estén mejor calificados para ministrar debido a que poseen un conocimiento de dicha obra. Se debe educar a hombres jóvenes en el ramo de la obra médica misionera para que luego salgan a trabajar juntamente con los ministros. No se los debe animar a entregarse exclusivamente a la obra de rescatar a los caídos y degradados. Esa obra hay que hacerla dondequiera y ha de combinarse con la obra de preparar a un pueblo que haga de la verdad bíblica una defensa contra los sofismas de los mundanos y de la iglesia caída. El tercer ángel ha de seguir adelante con gran poder. Que nadie ignore o considere de poca importancia esta obra. La verdad ha de proclamarse por todo el mundo para que hombres y mujeres abran sus ojos a la luz.

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Nuestra obra presente

¿Qué dice el Señor en el capítulo cincuenta y ocho de Isaías? El capítulo entero es de suma importancia. “¿No es más bien el ayuno que yo escogí -pregunta el Señor-, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí”. Isaías 58:6-9.

“Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. vers. 13, 14.

Esta es nuestra obra. La luz que hemos recibido acerca del mensaje del tercer ángel es la verdadera. La marca de la bestia es precisamente lo que se ha proclamado que es. Todavía no se entiende todo lo concerniente a este asunto, ni se entenderá hasta que el pergamino sea abierto; pero una obra de lo más solemne ha de llevarse a cabo en nuestro mundo. La orden del Señor a sus siervos es: “Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado”. Isaías 58:1. Ha de proclamarse un mensaje que despierte a las iglesias. Debe hacerse el mayor esfuerzo para hacer brillar la luz, no solamente ante nuestro pueblo, sino ante el mundo. Se me ha enseñado que las profecías de Daniel y el Apocalipsis deberían imprimirse en forma de libritos, con sus respectivas explicaciones, para ser difundidos por todo el mundo. Nuestro propio pueblo necesita que la luz le sea presentada con mayor claridad.

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La causa de Dios no cambia

No ha de efectuarse ningún cambio en las características generales de la causa de Dios. Ella ha de sobresalir tan clara y distintamente como la profecía la ha delineado. No hemos de entrar en confederación con el mundo, suponiendo que si lo hacemos ganaremos más terreno. Hermano mío, si usted entorpece el avance de la obra que está siguiendo el rumbo que Dios ha señalado, lo desagradará en gran manera. El mensaje de advertencia ha de ser dado, y después que haya hecho usted su parte en la obra fielmente, no debe servirles de estorbo a otros de los siervos de Dios impidiéndoles que salgan a hacer la obra que deben hacer. El trabajo en favor de los degradados y caídos no ha de convertirse en la principal y más importante línea de trabajo. Esta obra ha de combinarse con la obra de instrucción en las iglesias. Nuestro pueblo debe recibir instrucción acerca de cómo auxiliar a las personas necesitadas y marginadas.

Ninguno de los aspectos de nuestra fe que nos ha hecho lo que somos ha de aminorarse. Tenemos los antiguos hitos de la verdad, la experiencia y el deber, y hemos de mantenernos firmes en la defensa de nuestros principios delante del mundo. Con corazones llenos de interés y solicitud, hemos de extender la invitación a los que están en los caminos y vallados. Es preciso que se haga la obra médica misionera. Pero ésta es solamente una parte de la obra que ha de hacerse, y no exclusivamente todo lo que hay que hacer. En relación con la obra de Dios ella debe ser lo que es la mano para el cuerpo. Puede ser que haya personas indignas relacionadas con este ministerio; no obstante, nadie puede ignorar este ministerio sin ignorar a Dios.

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Palabra de precaución

Hermano mío, usted me ha sido presentado como alguien que está en peligro de separarse de nuestro pueblo, creyéndose el único y el todo. Pero si se une con aquellos que piensan como usted separado de la iglesia, que es el cuerpo de Dios, formará una confederación que ha de despedazarse, porque ninguna unión, salvo la que Dios ha forjado, ha de prevalecer. Los que están recibiendo una educación en los ramos médicos oyen insinuaciones de vez en cuando que desprestigian a la iglesia y su ministerio. Estas insinuaciones son semillas que germinarán y llevarán fruto. Es preferible que se les enseñe a los alumnos a darse cuenta de que la iglesia de Cristo en la tierra debe ser respetada. Es preciso que tengan un claro conocimiento de las razones de nuestra fe. Este conocimiento es esencial para que ellos puedan rendir un servicio aceptable ante Dios. Renglón tras renglón, mandato sobre mandato. Han de recibir la evidencia bíblica de la verdad tal cual es en Jesús.

Le ruego que por favor no les inculque a los alumnos ideas que harán que ellos pierdan su confianza en los ministros que Dios ha nombrado. Pero esto es precisamente lo que usted está haciendo, esté consciente de ello o no. En su providencia, el Señor lo ha colocado en una posición donde puede hacer una buena obra por él con relación al ministerio evangélico, presentando la verdad ante muchos que de otra manera no la llegarían a conocer. Se verá tentado a pensar que para llevar a cabo la obra médica misionera es necesario alejarse de la organización o el orden eclesiástico. Semejante posición le hará tambalear. La obra que se hace por aquellos que vienen a usted buscando instrucción no quedará completa hasta que ellos sean educados a trabajar en conexión con la iglesia.

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No ha de hacerse de la obra médica misionera algo totalmente abarcante. En este sentido, usted se ha extralimitado. Hay una mayor obra que hacer. Hay que hacer circular por todo lugar las publicaciones que enseñan la verdad. Que no se anime a los estudiantes médicos a diseminar solamente libros que tratan sobre reforma pro salud. Cuídese de no estar llevando a cabo sus propios planes con descuido de los de Dios.

Extracto de una carta escrita en 1898 desde Cooranbong, Australia.

Hermano mío, el Señor Dios de Israel debe ser su consejero. Satanás ha descendido con grande poder para obrar con todo engaño y maldad. Apóyese en Jesús con toda su fuerza. Usted ha trabajado infatigablemente para conseguir buenos resultados. Este no es el tiempo para equivocarse. Nunca, nunca procure remover ni uno de los hitos que el Señor le ha señalado a su pueblo. La verdad está firmemente establecida sobre la Roca eterna: un fundamento que ninguna tormenta o tempestad podrá eliminar.

Recuerde que tan pronto como permita usted que su influencia desvíe a otros del camino estrecho y angosto que el Señor ha designado para su pueblo, dejará de prosperar, porque Dios ya no será su guía. Vez tras vez me ha sido presentado el registro de la vida de Nabucodonosor para que lo exponga ante usted para advertirle que no confíe en su propia sabiduría ni en el brazo del hombre. No baje el estandarte de la verdad ni permita que se caiga de sus manos, para que nada que tienda a ocultar las características peculiares de nuestra fe se mezcle con el solemne mensaje para estos postreros días.

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Una advertencia

Brisbane, Queensland, Australia,

26 de octubre de 1898,

A los consejeros de estudiantes de medicina

Siento un peso en mi alma. Hay jóvenes a quienes se anima a estudiar algún ramo de la medicina, que de la manera más resuelta debieran estar preparándose para proclamar el mensaje del tercer ángel. No es necesario que nuestros estudiantes de medicina pasen tanto tiempo en estudios médicos como lo hacen ahora. Debieran emplear más tiempo en el estudio de la Palabra de Dios. Se les inculcan ideas totalmente innecesarias, y las cosas necesarias no reciben la atención debida.

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Tatiana Patrasco