Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 176-185, día 430

Un peligro que se debe evitar

Al educarse así los alumnos, se los vuelve más incapaces de realizar una labor aceptable para el Maestro. El agotamiento que experimentan con el propósito de adquirir un conocimiento dentro de la línea de estudios médicos los inhabilita para trabajar como debieran en el ramo ministerial. El cansancio físico y mental es ocasionado por la fatiga excesiva del estudio, y porque a los estudiantes se los insta a trabajar indebidamente en favor de las personas marginadas y degradadas de la sociedad. Por eso algunos se descalifican para realizar la obra que podrían haber hecho si hubieran iniciado una obra misionera donde fuese necesario hacerla, y permitido que la fase médica fuera introducida como parte esencial para relacionarse con la obra del ministerio evangélico en general, así como la mano está unida al cuerpo. La vida no ha de ponerse en peligro al procurar una educación médica. En algunos casos existe el peligro de que los estudiantes arruinen su salud y se inhabiliten para rendir el servicio que habrían podido prestar si no se les hubiera animado de modo impropio a tomar el curso de la medicina.

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A menudo se graban en la mente opiniones falsas que inducen a seguir una línea de conducta imprudente. Los estudiantes deben tener tiempo para hablar con Dios, tiempo para vivir cada hora en comunión consciente con los principios de la verdad, la justicia y la misericordia. Es esencial que se haga ahora un examen sincero del corazón. El estudiante debe situarse donde pueda extraer beneficio de la Fuente del poder espiritual e intelectual. Debe exigir que toda causa que requiera su simpatía y cooperación tenga la aprobación del raciocinio que Dios le ha dado y de su conciencia, la cual está bajo el dominio del Espíritu Santo. No ha de dar un paso que no esté en armonía con los principios profundos y sagrados que le suministran luz a su alma y vigor a su voluntad. Es sólo de esta manera como podrá rendirle el mayor servicio a Dios. No debe enseñársele que la obra médica misionera lo sujetará a ningún otro ser humano que le dicte cuál ha de ser su obra.

La obra médica misionera no debe separarse de la organización eclesiástica. Que no se les ocurra pensar a los estudiantes de medicina que son responsables solamente ante los jefes de la obra médica. Hay que permitir que queden libres para recibir los consejos de Dios. No han de comprometer su futuro a nada que algún ser humano imperfecto les trace. Que ni un hilo de egoísmo vaya a entretejerse en la tela; que no se conciba ningún proyecto que tenga el menor asomo de injusticia. El yo no ha de dominar ninguna línea de trabajo. Recordemos que estamos trabajando individualmente en plena vista del universo celestial.

Una norma elevada

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Lucas 10:27. Justamente antes de dejar a sus discípulos y ascender al cielo, Cristo declaró: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros”. Aquí vemos que la norma es levantada cada vez más en alto. “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:34, 35. Los discípulos en aquel entonces no podían comprender las palabras de Cristo; pero después de la crucifixión, resurrección y ascensión lograron comprender su amor como nunca antes. Lo habían visto expresado en su agonía en el huerto, en la sala del juicio, y en su muerte sobre la cruz del Calvario.

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Enseñar y sanar

El pueblo de Dios ha de ser uno. No ha de haber separatismo dentro de su obra. Cristo envió a doce apóstoles, y más adelante a los setenta discípulos, para predicar el evangelio y sanar a los enfermos. “Y yendo dijo él, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. Mateo 10:7, 8. Y mientras salían a predicar el reino de Dios, les fue dado poder para sanar a los enfermos y echar fuera a los espíritus malignos. En la obra de Dios, la enseñanza y la sanidad nunca se han de separar. Su pueblo guardador de los mandamientos ha se ser uno. Satanás inventará toda clase de artificios para separar a los que Dios quiere que sean una cosa. Pero el Señor se revelará como un Dios de juicio. Estamos trabajando a la vista de un huésped celestial. Hay un Vigilante divino en nuestro medio, que escudriña todo plan que se traza y todo lo que se lleva a cabo.

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Sostened la obra médica

Cooranbong, Australia 1o de febrero de 1899

Me dirijo a los que ocupan puestos importantes en la Asociación General y también a los que trabajan en el ramo médico, Se me ha encargado que me dirija también a la iglesia de Battle Creek, y a todas las demás iglesias nuestras.

Se me han dado instrucciones de decir, con relación a la obra médica misionera, que existe el peligro de que ella predomine. Pero lo que yo diga sobre este punto no debe interpretarse en ningún sentido como que se les está dando razón a los que se mantienen indiferentes a dicha obra. Hay muchos que no han favorecido esta obra. Deben ahora tener mucho cuidado de cómo hablan de ella porque no están bien informados acerca de este asunto y no han andado en la luz. No importa cuál sea el puesto que ocupen dentro de la obra de Dios, deben tener mucho cuidado de no expresar sentimientos que desanimen e impidan a nuestras asociaciones afirmar esta obra. La opinión que algunos han sostenido con respecto a la obra médica misionera hace imposible que sus palabras sobre este asunto tengan ningún peso. Son personas de corto entendimiento y de mal criterio.

Cada uno de los ramos de la obra es necesario, pero todos han de estar bajo la supervisión de Dios. La obra médica misionera debe ser para la causa de Dios lo que es la mano derecha para el cuerpo. No sería propio que todo el vigor del cuerpo pasara a la mano derecha, ni tampoco sería correcto que toda la fuerza de la causa de Dios fuera empleada en la obra médica misionera. Hay que mantener el ministerio de la palabra, y tiene que haber unión, perfecta unidad, en la obra de Dios. Los que no han sentido interés por la obra médica misionera no están tratando a la mano derecha con respeto. Que todos ellos cambien de actitud respecto a esta obra. Que hablen lo menos posible hasta tener un parecer correcto en cuanto a ella. El silencio es elocuencia cuando la mente no está santificada y, por lo tanto, no puede discernir las cosas espirituales.

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Es necesario ser precavidos

Actualmente tenemos gran necesidad de ser precavidos. “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos. Porque vuestra obediencia ha venido a ser notoria a todos, así que me gozo de vosotros; pero quiero que seáis sabios para el bien, e ingenuos para el mal”. Romanos 16:17-19.

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” 1 Corintios 1:10. Esta es la voluntad de Dios respecto a nosotros. ¿La obedeceremos? “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”. vers. 18-24.

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¡Qué cambio se vería si todos los que ocupan puestos importantes se dieran cuenta de que están trabajando bajo el ojo escrutador de Dios! Lo que se necesita ahora es la obra franca del Espíritu de Dios sobre la mente y el corazón. Faltando esto, nuestros esfuerzos serán infructíferos. Cuando el Espíritu nos amolde y nos forje, nuestras palabras y hechos expresarán una gratitud profunda.

La importancia de la obra médica misionera

Hace gran falta un aumento de conocimiento en todos los ramos de la reforma pro salud. Los que han tenido el privilegio de oír la verdad han de darle a la trompeta un sonido certero al proclamar el mensaje del tercer ángel. Han de emprenderse líneas de trabajo especiales, como, por ejemplo, la obra médica misionera. Esta obra deberá llevarse a cabo en relación con el mensaje evangélico para este tiempo. Una labor médica misionera genuina es el evangelio puesto en práctica. Los que no entienden la responsabilidad de realizar esta obra no debieran sentirse autorizados para manejar ninguno de sus aspectos hasta saber la razón por la cual se lleva a cabo.

Declaro resueltamente que el Señor ha provisto grandes beneficios por medio de la obra médica misionera, y que ha usado al médico principal como su agente designado. No todo dentro de la obra médica misionera ha marchado perfectamente. Se han inmiscuido con ella muchos asuntos que han afectado adversamente su carácter sagrado. Pero el Señor tomará cargo de su causa, y se asegurará de que este ramo no se desarrolle desproporcionadamente. La obra no se echará a perder si la iglesia se levanta y resplandece, haciendo evidente que ha venido su luz y que la gloria de Jehová ha nacido sobre ella.

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Los obreros médicos misioneros deben estar purificados, santificados y ennoblecidos. Han de alcanzar el punto máximo de la excelencia. Han de ser amoldados y forjados a la semejanza divina. Entonces verán que la reforma prosalud y la obra médica misionera deben unirse con la predicación del evangelio.

La razón por la cual los miembros de iglesia no entienden este ramo de la obra es porque no están siguiendo la luz ni andando paso a paso tras su gran Jefe. La obra médica misionera proviene de Dios y lleva su estampa. Por lo tanto, quítele el hombre las manos de encima y deje de pretender manejarla conforme a sus propias ideas.

Nuestro mensaje es mundial. Y aunque los recursos no deben ser empleados en una sola rama del trabajo, impidiendo que el evangelio sea llevado a nuevos campos, no se debe permitir que la obra médica misionera sea desacreditada en manera alguna. El mundo es un gran lazareto corrompido por sus habitantes, y la miseria es universal. El Señor le ha dado a nuestro médico principal una obra que hacer con el propósito de ayudar a preparar a un pueblo para que esté en pie en el gran día de Dios. Pero él ha de trabajar bajo la supervisión de Dios. Algunos aspectos de su labor necesitan acoplarse y ajustarse más de cerca a los principios del Obrero jefe.

La causa de la escasez en la iglesia

Todo aquel que acepte tomar parte en la obra para este tiempo debería sentir la solemne responsabilidad que descansa sobre sus hombros. Estamos trabajando para la eternidad. Si comemos el pan que descendió del cielo, seremos semejantes a Cristo en espíritu y en carácter. Estamos viviendo en una era cuando no debe existir el ocio espiritual. Toda alma debe estar llena de la corriente de vida celestial. A menudo surge la pregunta: “¿Cuál es la causa de la escasez de poder espiritual dentro de la iglesia? La respuesta ha sido dada: “Los miembros permiten que sus mentes se aparten de la palabra de Dios”. Físicamente, somos lo que comemos: y de igual manera, la naturaleza de nuestra espiritualidad la determina el alimento que le proveemos a la mente. Hemos de darle a la mente y al corazón la nutrición apropiada comiendo la carne y bebiendo la sangre del Hijo de Dios.

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Cristo declara: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna… Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo… El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí”. Juan 6:47-57.

Debemos permanecer en Cristo, y Cristo en nosotros “por que nosotros somos colaboradores de Dios”. 1 Corintios 3:9. La labor del cristiano es individual. Que los obreros de Dios se dejen de buscar faltas, lo cual es pecado. Que procuren mejorarse ellos mismos de la misma manera cómo piensan que otros deben mejorar. Es su prerrogativa vivir en Cristo al comer el pan de vida. Los que así lo hagan, disfrutarán de una experiencia saludable de crecimiento, y la justicia de Dios irá enfrente de ellos mientras hacen la obra estipulada en el capítulo cincuenta y ocho de Isaías.

Cada cual con su trabajo

A cada renglón de la obra de Dios ha de dársele el debido reconocimiento. “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo…” Efesios 4:11, 12. Este pasaje de las Escrituras demuestra que se necesitan diferentes clases de obreros, diferentes instrumentos. A nadie se le exige hacer la obra de otro aunque no esté capacitado para hacerla. Un hombre pensará que el puesto que ocupa le da autoridad para dictarles a otros obreros lo que deben hacer, pero la cosa no es así. Como desconoce la obra de ellos, ensancharía donde debiera reducir, y reduciría donde debiera ensanchar, debido a que está limitado a ver solamente la porción de la viña en la cual trabaja.

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Vivid para Dios. Haced la enseñanza del Salvador parte de vuestra vida. Una luz clara y brillante iluminará vuestro camino. Recibiréis la unción de lo alto y seréis protegidos de cometer graves errores. No os concentréis de tal manera en la obra que estáis haciendo en un rincón de la viña del Señor que no podáis apreciar la obra que otros hacen en otras porciones de la misma. Es posible que ellos estén fielmente cultivando sus talentos para devolverlos a Dios en doble medida. Que cada hombre atienda bien su trabajo, asegurándose de que esté cabalmente hecho, sin mancha ni arruga que dañen su perfección. Entonces, dejad que Dios sea el que diga: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”. Mateo 25:23.

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El esfuerzo unido

Cooranbong, Australia,

15 de abril de 1899.

A un médico perturbado

Mi querido hermano,

Tengo un profundo interés en usted y en su trabajo. Ruego al Señor que guíe mi pluma al escribirle. El Señor lo ha hecho un hombre de su elección, y los ángeles de Dios han sido sus ayudadores. El Señor lo ha colocado en el puesto que ocupa ahora, no porque sea usted infalible, sino porque él desea guiar su mente por medio del Espíritu Santo. Él desea que imparta el conocimiento de la verdad presente a todos aquellos con quienes se relaciona. Se le han encomendado graves responsabilidades, y de ninguna manera debiera dejarse envolver en tareas que vayan a debilitar su influencia entre los adventistas del séptimo día. El Señor lo ha escogido para que ocupe un lugar designado por él, ante la profesión médica, no para ser moldeado por las influencias mundanales, sino para moldear las mentes de otros. Diariamente necesita estar bajo la supervisión de Dios. Él es su Hacedor, su Redentor. Él le tiene una obra reservada para que la lleve a cabo unido a los adventistas del séptimo día y no separado de ellos. Sea usted una bendición para sus hermanos, impartiéndoles el conocimiento que él le ha dado.

Dios ha actuado por medio de usted y anhela aún seguir trabajando, honrándolo al encomendarle deberes importantes. “Porque nosotros somos colaboradores de Dios”. 1 Corintios 3:9. Él nos utilizará, a usted, a mí y a todo ser humano que se inicie en su servicio, si nos sometemos a su dirección. Cada cual ha de mantenerse en su torre de vigilancia, escuchando atentamente lo que el Espíritu tiene que decirle, recordando que todas sus palabras y actos dejan su impresión, no sólo sobre su propio carácter, sino sobre el de las personas con quienes se asocia.

Edificio de Dios

“Sois labranza de Dios, edificio de Dios”. vers. 9. Esta figura representa el carácter humano, que ha de labrarse punto por punto. A diario Dios trabaja sobre su edificio, golpe tras golpe, perfeccionando la estructura para que se convierta en un templo sagrado. El hombre ha de cooperar con Dios. Cada obrero deberá convertirse justamente en lo que Dios ha propuesto que sea, edificando su vida con obras puras y nobles, para que al fin su carácter sea una estructura simétrica, un templo hermoso, estimado por Dios y por los hombres. El edificio no ha de tener ningún defecto, porque es del Señor. Cada piedra ha de estar perfectamente colocada, para que pueda resistir toda la presión que se le aplique. Tanto a usted como a todos los demás obreros, Dios les advierte: “Tened cuidado cómo construís, para que vuestro edificio pueda resistir la prueba de la tormenta y la tempestad, por estar fundado en la Roca eterna. Colocad las piedras sobre un cimiento seguro, para que estéis preparados para el día de prueba y de juicio, cuando todos serán vistos tales como son”.

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Tatiana Patrasco