Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 236-245, día 436

Palabras de advertencia

Vivimos en un tiempo de especial peligro para la juventud. Satanás sabe que el fin del mundo viene pronto, y está determinado a aprovechar la menor oportunidad para presionar a hombres y mujeres jóvenes a que le presten servicio. Inventará muchos engaños atractivos para desviarlos. Debemos considerar cuidadosamente las palabras de advertencia escritas por el apóstol Pablo:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. 2 Corintios 6:14-18.

Me ha sido dada luz especial concerniente a la razón por la cual podemos lograr mucho más por el Maestro estableciendo numerosos sanatorios pequeños que por la edificación de unas pocas instituciones médicas. En las instituciones grandes se recluirían muchos que no están muy enfermos, pero quienes, como turistas, buscan el descanso y el placer. Éstos tendrían que ser atendidos por enfermeras y auxiliares. Hombres y mujeres jóvenes, que desde temprana edad han sido protegidos contra la asociación con los mundanos, serían puestos en contacto con personas mundanas de todas clases, y en mayor o menor grado se verían influenciados por lo que ven y oyen. Se contagiarían con aquellos con quienes se relacionan, y perderían con eso la sencillez y la modestia que padres cristianos han defendido y atesorado por medio de la instrucción cuidadosa y la oración ferviente.

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Estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días. Es necesario que se efectúen declaraciones definidas y enfáticas para advertirle al pueblo el peligro de permitir que niños que necesitan el cuidado y la instrucción de los padres dejen sus hogares para irse a lugares donde se tienen que codear con personas mundanas amantes del placer e irreligiosas.

En muchos hogares el padre y la madre han permitido que los niños sean los que gobiernan. Tales niños están en un peligro aún mayor cuando entran en contacto con influencias opuestas a la piedad que los que han aprendido a obedecer. No habiendo recibido el necesario adiestramiento disciplinario, piensan que pueden hacer lo que les venga en gana. Un conocimiento de lo que significa obedecer los hubiera fortalecido para resistir las tentaciones, pero es algo que sus padres no les han impartido. Cuando estos jóvenes indisciplinados ingresan en una institución enorme, donde hay muchas influencias opuestas a la espiritualidad, se ponen en grave peligro, y a menudo su permanencia en la institución resulta en daño para ellos mismos y para la institución.

La instrucción que yo he recibido es la de advertirles a los padres cuyos niños no tienen firmeza de principios o una clara experiencia cristiana, que no los manden fuera del hogar a lugares distantes, donde van a estar ausentes por muchos meses y quizás años, y posiblemente se les implante en la mente las semillas de la incredulidad e infidelidad. Es más seguro, y más recomendable, mandar a tales jóvenes a las escuelas y sanatorios más cercanos a sus hogares. Que los jóvenes cuyos caracteres están en formación se mantengan alejados de los lugares donde tendrían que mezclarse con una gran compañía de incrédulos, y donde las fuerzas del enemigo están firmemente atrincheradas.

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Que los gerentes de nuestros sanatorios mayores se esfuercen esmeradamente por emplear a personas mayores como ayudantes en estas instituciones. En visiones de la noche estaba yo en una grande asamblea donde este asunto estaba bajo consideración. A los que estaban haciendo planes de enviar a sus hijos indisciplinados a Battle Creek, Uno que tenía autoridad dijo:

“¿Os atrevéis a hacer este experimento? La salvación de vuestros hijos vale más que la educación que recibirían en este lugar, donde están continuamente expuestos a la influencia de los incrédulos. Muchos de los que vienen a esta institución no están convertidos. Están llenos de orgullo y no están vinculados con Dios mediante la fe. Muchos de los jóvenes y de las jóvenes a quienes les toca servir a estas personas mundanas no han tenido más que una corta experiencia cristiana, y fácilmente pueden enredarse en las redes echadas a sus pies”.

“¿Y qué se puede hacer para remediar este mal?” preguntó uno de los presentes. El Orador replicó: “En vista de que os habéis puesto en esta situación peligrosa, traed a hombres y mujeres de edad madura a la institución para que ejerzan una influencia contraria en favor del bien. El cumplimiento de un plan tal causaría que haya un aumento en los gastos corrientes del sanatorio, pero pudiera ser una manera efectiva para proteger la fortaleza y guarecer a la juventud de la institución contra las influencias malsanas a que están expuestos ahora.

“Padres, guardianes, colocad a vuestros hijos en escuelas de adiestramiento donde las influencias sean semejantes a las de una escuela de hogar bien administrada; escuelas donde los maestros los lleven adelante de punto en punto y en las cuales la atmósfera espiritual tenga olor de vida para vida”.

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Las palabras de advertencia e instrucción que yo os he escrito concernientes al envío de nuestra juventud a Battle Creek para recibir adiestramiento para el servicio en la causa del Señor no son palabras vanas. Algunos jóvenes temerosos de Dios pasarán la prueba, pero no es seguro para nosotros privar de nuestro mejor cuidado y protección aun a los más concienzudos. Que los jóvenes que han recibido una sabia instrucción y adiestramiento de parte de sus padres sigan o no siendo santificados en la verdad después de haber salido de sus hogares, depende en gran medida de la clase de influencia a que sean sometidos por las personas de quienes ellos esperan recibir una enseñanza cristiana.

He recibido instrucción de reiterar para mis hermanos y hermanas la advertencia y exhortación que Pablo mandó a la iglesia de Tesalónica:

“Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por la gracia, conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra”. 2 Tesalonicenses 2:7-17.

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Septiembre de 1903. Al considerar el estado de las cosas en Battle Creek, tiemblo por nuestros jóvenes que asisten allí. La luz que el Señor me ha dado de que los jóvenes no debieran acudir a Battle Creek para recibir su educación, no ha cambiado en ningún particular. El hecho de que el sanatorio haya sido reedificado no modifica la luz. Lo que en el pasado hizo de Battle Creek un lugar inapropiado para la educación de nuestra juventud, lo hace inapropiado hoy en lo que a influencia se refiere.

Cuando se recibió la instrucción de salir de Battle Creek, el ruego fue: “Estamos aquí bien establecidos. Sería imposible mudamos sin ocasionar gastos enormes”.

El Señor permitió que el fuego consumiera los edificios principales de la (casa publicadora) Review and Herald y el sanatorio, y así quitó de en medio la mayor objeción que se levantaba contra la salida de Battle Creek. Era su designio que en vez de reedificar el único sanatorio grande, nuestro pueblo levantara establecimientos en varios lugares. Estos sanatorios más pequeños debieron haberse establecido donde se pudieran adquirir terrenos con fines agrícolas. Es el plan de Dios que la agricultura esté vinculada a la obra de nuestros sanatorios y escuelas. Nuestra juventud necesita la educación que se obtiene en este ramo de trabajo. Es bueno y más que bueno, es esencial que se hagan esfuerzos para llevar a cabo el plan del Señor al respecto.

¿Animaremos a nuestros más prometedores hombres y mujeres jóvenes que vayan a Battle Creek para obtener su adiestramiento para el servicio, donde estarán rodeados de tantas influencias que los puedan desviar? El Señor me ha revelado algunos de los peligros que la juventud conectada con un sanatorio tan grande tendrá que encarar. Muchos de los hombres y mujeres ricos que patrocinan esta institución serán una fuente de tentación para los auxiliares. Algunos de estos auxiliares se convertirán en los favoritos de pacientes acaudalados y éstos les ofrecerán grandes incentivos para que se conviertan en sus empleados. Por la influencia del despliegue mundanal de algunos de los que han sido huéspedes del sanatorio, ya se ha sembrado cizaña en el corazón de hombres y mujeres jóvenes empleados como auxiliares y enfermeras. Esta es la manera en que Satanás está obrando.

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Porque el sanatorio está donde no debiera estar, ¿tendremos en nada la palabra del Señor concerniente a la educación de nuestra juventud? ¿Permitiremos que nuestros jóvenes más inteligentes de las iglesias en todas nuestras asociaciones sean colocados donde algunos de ellos perderán su sencillez por medio del roce con hombres y mujeres que no tienen el temor de Dios en su corazón? ¿Permitirán los que están a cargo de nuestras asociaciones que nuestros jóvenes, quienes pudieran ser adiestrados para el servicio del Señor, sean atraídos a un lugar de donde por años el Señor le ha pedido a su pueblo que salga?

Es nuestro deseo que la juventud sea preparada de tal manera que puedan ejercer una influencia salvadora en nuestras iglesias, trabajando en favor de una mayor unidad y una consagración más profunda. Los hombres podrán no ver la necesidad del llamamiento para que las familias salgan de Battle Creek y se radiquen en lugares donde puedan hacer la obra médica misionera. Pero el Señor ha hablado. ¿Pondremos en tela de juicio sus palabras?

No hay tiempo que perder

Hay entre nosotros muchos hombres y mujeres jóvenes quienes, si se les ofreciera ciertos incentivos, se verían naturalmente inclinados a tomar un curso de estudio que dure varios años para prepararse para el servicio. Pero, ¿valdría la pena? El tiempo es corto. Se necesitan obreros para Cristo por doquiera. Debiera haber cien obreros fervientes y fieles en campos misioneros domésticos y extranjeros donde ahora hay sólo uno. Los caminos y vallados todavía no se han trabajado. Se debería ofrecer incentivos apremiantes a los que ahora mismo tendrían que estar empeñados en la obra del Maestro.

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Las señales que demuestran que la venida de Cristo se acerca se están cumpliendo con rapidez. El Señor llama a nuestra juventud para trabajar como colportores y evangelistas, para laborar de casa en casa en lugares donde todavía no han escuchado la verdad. Se dirige a nuestros hombres jóvenes, diciendo: “No sois vuestros; habéis sido comprados por precio: glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20. Los que salgan a hacer la obra bajo la dirección de Dios serán maravillosamente bendecidos. Los que en esta vida hagan lo mejor que pueden, se harán idóneos para la vida inmortal del futuro.

El Señor pide a todos los que están conectados con nuestros sanatorios, casas publicadoras y escuelas, que enseñen a nuestra juventud a hacer obra evangelista. Nuestro tiempo y fuerza no debieran emplearse mayormente en establecer sanatorios, tiendas de víveres y restaurantes, a descuido de los otros aspectos de la obra. Hombres y mujeres jóvenes, quienes tendrían que estar empeñados en el ministerio, en la obra bíblica, y en la obra de colportaje, no debieran sujetarse al empleo mecánico.

Anímese a la juventud a ingresar en las escuelas para obreros cristianos, las cuales deben asemejarse cada vez más a las escuelas de los profetas. Estas instituciones han sido establecidas por el Señor, y si son administradas en armonía con sus propósitos, la juventud que es enviada a ellas pronto estará preparada para trabajar en varias de las ramas de la obra misionera. Algunos recibirán el adiestramiento necesario para entrar en el campo como enfermeros misioneros, otros como colportores, y algunos como ministros del evangelio.

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Distribución de responsabilidades

Santa Helena, California,

4 de agosto de 1903.

A los dirigentes de la obra médica

Estimados hermanos,

Tengo un mensaje para vosotros. Se me ha instruido deciros que no todos los arreglos trazados en relación con el manejo de la obra misionera médica deben iniciarse en Battle Creek. La obra médica misionera es de Dios, y en cada asociación e iglesia debemos declararnos en contra de permitir que ella sea controlada egoístamente.

Después de haber recibido aviso concerniente a la excelente reunión de confesión y unidad realizada en Battle Creek, yo estaba escribiendo en mi diario y estaba a punto de registrar mi agradecimiento por el cambio que se había llevado a cabo, cuando mi mano se detuvo y llegaron a mí las palabras: “No lo escribas. No ha habido ningún cambio positivo. Se están presentando como si fueran de gran valor enseñanzas que están apartando a las almas de la verdad. Se están enseñando doctrinas que conducen por caminos apartados y sendas prohibidas; doctrinas que, si fueran aceptadas, destruirían la dignidad y el poder del pueblo de Dios, obstruyendo la luz que de lo contrario les llegaría por medio de los agentes designados por Dios”.

Los dirigentes de nuestra obra médica en Battle Creek han procurado consolidar firmemente nuestras instituciones médicas de acuerdo con sus propios planes. No obstante las advertencias dadas a ellos de que esto no se debiera hacer, han querido comprometer estas instituciones de alguna manera para que nuestra obra médica quede totalmente bajo su dominio.

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En el pasado, yo he escrito mucho sobre este tema, y me veo obligada ahora a reiterar las amonestaciones dadas porque parece que a mis hermanos se les hace difícil entender su posición peligrosa.

“El Señor prohíbe que cada sanatorio y casa de baños ya establecidos caiga bajo un solo dominio: atado a la institución médica de Battle Creek. Los gerentes del Sanatorio de Battle Creek tienen mucho trabajo entre manos ahora. Deben estar dedicando sus energías a la obra de hacer que este sanatorio sea lo que debe ser.

“Un solo hombre no debe pensar que puede ser la conciencia de todos los obreros médicos. Los seres humanos deben mirar sólo hacia el Dios del cielo en busca de sabiduría y dirección.

“Al establecer y desarrollar las instituciones médicas, no debe exigírseles a nuestros hermanos que trabajen conforme a los planes de un poder gobernante monárquico. Tiene que obrarse un cambio. Este plan de adherir toda institución médica a la organización central de Battle Creek tiene que abandonarse. Dios prohíbe este plan.

“Por años se me ha instruido que hay peligro, peligro constante, que nuestros hermanos esperen recibir el permiso de sus compañeros para hacer esto o aquello, en vez de mirar hacia Dios. Así es como se vuelven débiles y se dejan maniatar por restricciones inventadas por el hombre y que no tienen la aprobación de Dios. El Señor es capaz de impresionar la mente y la conciencia para que su obra sea hecha en conexión con él, con un espíritu fraternal que esté de acuerdo con los principios de su ley…

“Dios conoce el futuro. Es de él de quien debemos esperar la dirección. Confiemos en que nos dirigirá en el desarrollo de los distintos aspectos de nuestra obra. Que ninguno intente trabajar de acuerdo con sus impulsos no santificados…

“La división de la Asociación General en asociaciones distritales de Unión fue un arreglo de Dios. En la obra del Señor para estos días no debe haber centros de tipo Jerusalén, ni poder monárquico. Y la obra en los diferentes países no ha de estar comprometida por contratos con la obra centrada en Battle Creek, porque este no es el plan de Dios. Los hermanos han de consultarse unos a otros porque estamos bajo el control de Dios tanto en una parte de la viña como en la otra. Los hermanos deben ser uno de corazón y alma, así como Cristo y el Padre son una cosa. Enseñad esto, practicadlo, para que seamos uno con Cristo en Dios, todos trabajando para la edificación mutua.

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“El poder monárquico antes revelado en la Asociación General en Battle Creek no se ha de perpetuar. La institución publicadora no ha de ser un reino aparte. Es esencial que los principios que gobiernan los asuntos de la Asociación General sean mantenidos en el manejo de la obra de publicaciones y del sanatorio. Ninguno debe pensar que la rama de la obra con la cual está vinculado es de muchísima más importancia que las demás.

“La obra educativa debe ser hecha en todo sanatorio que se establezca. El gobierno de la obra está en manos de Dios, y ninguno debe pensar que todo lo que se haga en los sanatorios ya establecidos tenga que ser sometido primero a la consideración de un grupo de hombres. Dios prohíbe este proceder. El mismo Dios que les ha impartido instrucción a los médicos de Battle Creek, también instruirá a los hombres y mujeres llamados a servir al Maestro en las diferentes partes de su viña.

“Se están fraguando leyes y arreglos humanos que no tienen la aceptación de Dios. No resultarán un olor de vida para vida. Me veo constreñida a levantar en alto la señal de peligro. Los gerentes de cada una de nuestras instituciones necesitan ser más entendidos con respecto a su trabajo particular, sin depender de otra institución, sino más bien mirando hacia Dios como su instructor y manifestando su fe en él mediante un servicio generoso, preservando a la vez la identidad de su propio trabajo. Entonces desarrollarán talentos y habilidades”.

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Cristo pide de nosotros un servicio de un carácter más elevado del que le ha sido prestado hasta ahora. Mediante el recibimiento del poder del Espíritu Santo, los hombres que ocupan puestos de responsabilidad deben revelar al Redentor con mayor claridad que nunca antes. El Dios infinito amó al mundo de tal manera que dio a su Hijo unigénito como sacrificio en nuestro favor para que nosotros, al recibirlo por fe y practicar sus virtudes, no perezcamos sino que tengamos vida eterna. Hermanos míos, ¿cómo suponéis vosotros que él considera la falta de entusiasmo espiritual que se manifiesta con respecto al relato de la ofrenda expiatoria infinita hecha para nuestra salvación?

Toda ambición humana, toda jactancia, ha de echarse por tierra. El yo, el yo pecaminoso, debe ser abatido y no exaltado. Por medio de la piedad en la vida diaria debemos revelar a Cristo a cuantos nos rodean. La corrupta naturaleza humana ha de subyugarse y no exaltarse. Únicamente así seremos puros y limpios. Debemos ser hombres y mujeres humildes y fieles. Nunca debemos sentarnos en el tribunal como jueces. Dios manda que sus representantes sean puros y santos, que revelen la hermosura de la santidad. El conducto debe mantenerse despejado para que el Espíritu Santo pueda obrar libremente; de otra manera algunos pasarán por alto la obra que debe ser hecha en el corazón natural para perfeccionar el carácter cristiano; y presentarán sus propias imperfecciones anulando la verdad de Dios, la cual es tan firme como el trono eterno. Y mientras Dios pide que sus atalayas levanten en alto la señal de peligro, a la misma vez presenta ante ellos la vida del Salvador como ejemplo de lo que deben ser y hacer para ser salvos.

Cristo oró en favor de sus discípulos: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”. Juan 17:17. Un sentimiento agradable y de satisfacción propia no constituye evidencia de la santificación. Se mantiene un registro de todos los hechos de los hijos de los hombres. Nada puede ocultarse del ojo del Alto y Sublime que habita la eternidad. Algunos hacen que Cristo se avergüence de ellos por causa de sus maquinaciones, proyectos e intrigas. Dios no aprueba esta conducta porque su espíritu y sus obras deshonran al Señor Jesucristo. Se olvidan de las palabras del apóstol: “Hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles, y a los hombres”. 1 Corintios 4:9.

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La instrucción que el Señor me ha dado concerniente a su obra nos señala el camino correcto. Los proyectos y pensamientos de Dios son mucho más altos que los de los hombres, cuanto son más altos los cielos que la tierra. La voz de Dios debe ser escuchada y su sabiduría ha de conducirnos. Él ha delineado su plan en su Palabra y en los testimonios que ha dado a su pueblo. Sólo la obra que sea hecha de acuerdo a los principios de su Palabra permanecerá para siempre.

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Tatiana Patrasco