Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 306-315, día 443

Teorías panteístas

Ya se están introduciendo entre nosotros elementos espiritualistas que minarán la fe de quienes les presten atención. La teoría según la cual Dios es una esencia inmanente en toda la naturaleza, es uno de los engaños más sutiles de Satanás. No presenta a Dios tal cual es y deshonra su grandeza y majestad.

Las teorías panteístas no son confirmadas por la Palabra de Dios. La luz de la verdad enseña que esas teorías son agentes destructores del alma. Las tinieblas son su elemento y la sensualidad su esfera. Agradan al corazón natural y dan rienda suelta a las inclinaciones. El resultado de aceptarlas es la separación de Dios.

Nuestra situación se ha vuelto antinatural a causa del pecado. Por eso el poder que debe restablecernos debe ser sobrenatural; de lo contrario no tiene valor. Hay sólo un poder que puede substraer los corazones de los hombres al imperio del mal: el poder de Dios en Cristo Jesús. Sólo por la sangre del Crucificado podemos purificamos. Sólo su gracia puede hacernos capaces de resistir las tendencias de una naturaleza caída y subyugarlas. Y ese poder lo anulan las teorías espiritualistas referentes a Dios. Si Dios es una esencia inherente a toda la naturaleza, debe, pues, morar en todos los hombres, y para llegar a la santidad, el hombre necesita tan sólo desarrollar el poder que está en él.

Estas teorías desarrolladas hasta sus conclusiones lógicas suprimen completamente el cristianismo. Eximen de la necesidad de la redención, y hacen del hombre su propio salvador. Esas teorías referentes a Dios quitan toda eficacia a su Palabra, y los que las aceptan estarán expuestos al peligro de considerar finalmente toda la Biblia como una fábula. Pueden estimar que la virtud es mejor que el vicio; pero habiendo privado a Dios de su soberanía, ponen su confianza en la fuerza del hombre, la cual sin Dios no tiene valor. La voluntad humana abandonada a sí misma no tiene fuerza real para resistir el mal y vencerlo. Las defensas del alma son derribadas. El hombre no tiene más barreras contra el pecado. Una vez rechazadas las restricciones de los mandamientos de la Palabra y del Espíritu de Dios, no sabemos hasta qué profundidad podemos caer.

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Los que persistan en esas teorías arruinarán con seguridad su carrera cristiana. Se privarán de la comunión con Dios y perderán la vida eterna.

Los sofismas concernientes a Dios y la naturaleza, que inundan el mundo del escepticismo, son inspirados por el ángel caído. Él estudia la Biblia; conoce la verdad necesaria a la humanidad, y procura distraer las mentes de las grandes verdades destinadas a prepararla para los acontecimientos que vendrán sobre el mundo.

He visto los resultados de esas ideas imaginarias con respecto a Dios; son la apostasía, el espiritismo, el amor libre. El amor libre, al que tienden esas enseñanzas, estaba tan bien disimulado que era difícil, al principio, darse cuenta de su verdadero carácter. Hasta que el Señor me hubo presentado el asunto, no sabía cómo llamarlo, pero he recibido la orden de llamarlo amor espiritual impío.

Fanatismo después de 1844

Después de 1844 tuvimos que hacer frente a toda especie de fanatismos. Me fueron dados testimonios de censura contra algunas personas entregadas a las teorías espiritualistas predominantes.

Había personas que trabajaban activamente en esparcir falsas ideas acerca de Dios. Me fue mostrado que por sus enseñanzas erróneas quitaban su eficacia a la verdad. Me fue mostrado que inducían las almas al error, presentándoles teorías especulativas acerca de Dios.

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Me trasladé hasta el lugar donde estaban y les mostré abiertamente cuál era la naturaleza de su obra. El Señor me dio fuerzas para exponerles con claridad el peligro que las amenazaba. Entre otras ideas, sostenían que los que una vez habían sido santificados no podían pecar jamás. Su enseñanza errónea hacía un gran daño, primeramente a ellos y luego a los demás. Estaban adquiriendo poder espiritual sobre los que no podían ver el error de estas teorías tan hermosamente ataviadas. La doctrina según la cual todos eran santos los había llevado a creer que los afectos de los santificados no podían extraviarlos. El resultado de esta tendencia era la satisfacción de los malos deseos de los corazones que aseveraban ser santificados, pero que en sus pensamientos y hechos distaban mucho de ser puros.

Las enseñanzas impías van seguidas por la práctica del pecado. Son el cebo del cual se vale el padre de la mentira para seducir y tiene por resultado la impenitencia en una impureza que se comete creyéndola justificada.

Este es sólo uno de los casos en que fui llamada a reprender a aquellos que sostenían la doctrina de un Dios impersonal inmanente en toda la naturaleza, así como otros errores parecidos.

Se repetirán las experiencias del pasado

Lo experimentado en lo pasado se repetirá. En lo porvenir las supersticiones satánicas cobrarán formas nuevas. El error será presentado de un modo agradable y halagüeño. Falsas teorías, revestidas de luz, serán presentadas al pueblo de Dios. Así procurará Satanás engañar a los mismos escogidos, si fuere posible. Se ejercerán influencias extremadamente seductoras; se hipnotizarán las mentes.

Para cautivarlas, se introducirán todas las formas de corrupción similares a las que existieron entre los antediluvianos. La exaltación de la naturaleza como Dios, la desenfrenada licencia de la voluntad humana, los consejos de los impíos, son instrumentos de Satanás para alcanzar ciertos fines. Se valdrá del poder de la mente sobre la mente para ejecutar sus planes. Lo más triste de todo es que, colocados bajo esa influencia engañosa, los hombres tendrán una apariencia de piedad sin estar en verdadera comunión con Dios. Como Adán y Eva, que comieron del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, muchos se alimentan ahora de los frutos del error.

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Los agentes satánicos revisten las falsas teorías de un vestido atractivo así como en el Huerto de Edén Satanás ocultó su identidad a nuestros primeros padres, hablándoles por intermedio de la serpiente. Estos agentes hacen penetrar en la mente humana lo que en realidad es un error mortal. La influencia hipnótica de Satanás se ejercerá sobre quienes se aparten de la palabra de Dios para aceptar fábulas agradables.

A aquellos que han tenido más luz es a quienes Satanás trata con mayor empeño de seducir. Sabe que si puede engañarlos, ellos, bajo su dirección, habrán de revestir al pecado de ropas de justicia, y así extraviarán a muchos.

A todos digo: Estad apercibidos porque, semejante a un ángel de luz, Satanás entra en cada reunión de obreros cristianos y en cada iglesia, para tratar de atraer los miembros a su lado. Se me ha ordenado que transmita al pueblo de Dios la amonestación: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado”. Gálatas 6:7.

Cuidado con la religión sensacionalista

En este tiempo, necesitamos en la causa de Dios hombres espirituales, hombres firmes en los buenos principios, que tengan una clara comprensión de la verdad.

Se me ha indicado que lo que la gente necesita no son teorías nuevas y fantásticas ni suposiciones humanas. Necesita el testimonio de hombres que conocen y practican la verdad, de hombres que comprenden la misión confiada a Timoteo en estas palabras: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio”. 2 Timoteo 4:2-5.

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Andad con firmeza y decisión, calzados los pies con el apresto del evangelio de paz. Podéis estar seguros de que la religión pura y sin mácula no es una religión de sensaciones. A nadie ha confiado Dios la tarea de hacer nacer el apetito por las doctrinas especulativas. Hermanos míos, apartad esas cosas de vuestras enseñanzas; no permitáis que se introduzcan en vuestra vida religiosa; no dejéis que malogren la obra de vuestra vida.

Advertencia contra las falsas enseñanzas

Hallamos en la epístola de Pablo a los Colosenses una advertencia contra las falsas doctrinas: El apóstol declara que los corazones de los creyentes deben estar “unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. “Y esto digo -continúa él- para que nadie os engañe con palabras persuasivas… Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Colosenses 2:2-10.

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He recibido la orden de decir a nuestros hermanos y hermanas: Sigamos a Cristo; no olvidemos que él es nuestro modelo en todas las cosas. Podemos apartar con seguridad todas las ideas que no están en su enseñanza. Ruego a nuestros predicadores que procuren estar seguros de que sus pies descansan sobre la plataforma de la verdad eterna. Sed cuidadosos en cuanto a seguir vuestros impulsos, atribuyéndolos al Espíritu Santo. Algunos están en peligro en este sentido; quiero exhortarlos a sanear su fe y a ser capaces de dar, a cuantos se las pidan, las razones de su esperanza.

Se nos quiere desviar de los deberes presentes

El enemigo procura apartar la mente de nuestros hermanos y hermanas de la obra que consiste en preparar un pueblo capaz de subsistir en el día postrero. Sus sofismas están calculados para desviar la atención de los peligros y deberes de la hora presente. Inducen a despreciar la luz que Cristo vino a comunicar a Juan para su pueblo. Enseñan que los acontecimientos que están por sobrecogernos no son bastante importantes para prestarles atención especial. Anulan la verdad de origen celestial, y despojan al pueblo de Dios de su experiencia pasada para sustituirla por una falsa ciencia.

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”. Jeremías 6:16.

Nadie intente derribar los fundamentos de nuestra fe, que fueron colocados en el principio de nuestra obra por el estudio de la Palabra acompañado de oración y por las revelaciones. Sobre este fundamento hemos edificado durante los cincuenta años que han transcurrido. Los hombres pueden suponer que han encontrado un camino nuevo, y que pueden colocar un fundamento más sólido que el que se colocó; pero es un grave engaño. Ningún hombre puede colocar otro fundamento que el que ya existe.

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Muchos, en lo pasado, intentaron establecer una fe y principios nuevos; mas, ¿por cuánto tiempo permaneció en pie su edificio? Pronto cayó, porque no estaba fundado sobre la Roca.

¿Acaso los primeros discípulos no tuvieron que hacer frente a las afirmaciones de los hombres? ¿No tuvieron ellos que escuchar falsas teorías, y luego responder con firmeza: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo”? 1 Corintios 3:11.

Así es como debemos mantener nuestra confianza hasta el fin. Poderosos mensajes han sido enviados por Dios y por Cristo a su pueblo, para apartarlo del mundo y conducirlo paso a paso en la clara luz de la verdad presente. Los siervos de Dios, cuyos labios eran tocados por el fuego sagrado, proclamaron el mensaje, y la declaración divina puso su sello sobre la autenticidad de la verdad proclamada.

Renovación del testimonio directo

El Señor quiere que se repita la proclamación del testimonio directo dado en los años pasados. Desea una renovación espiritual. Las energías espirituales de su pueblo han permanecido adormecidas por mucho tiempo; pero deben resucitar de esa muerte aparente.

Por la oración y la confesión de nuestros pecados, debemos preparar el camino del Rey. Mientras lo hagamos, vendrá a nosotros el poder del Espíritu. Necesitamos la energía del Pentecostés, y ella vendrá porque el Señor prometió enviar su Espíritu.

Nos esperan tiempos peligrosos. Todo aquel que tiene conocimiento de la verdad deberá despertarse y colocarse en cuerpo, alma y mente bajo la disciplina de Dios. El enemigo nos persigue; debemos estar bien despiertos y prevenidos contra él; debemos revestir la armadura completa de Dios; debemos seguir las directivas que nos han sido dadas por el espíritu de profecía. Debemos amar la verdad presente y obedecerla. Esto nos preservará de aceptar graves errores. Dios nos ha hablado por su Palabra, por los testimonios enviados a la iglesia y por los libros que han contribuido a explicar nuestro deber presente y la posición que debiéramos ocupar actualmente. Debemos prestar atención a las advertencias que nos han sido dadas línea tras línea, precepto tras precepto; si las descuidamos, ¿de qué excusa nos valdremos?

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Suplico a los que trabajan por Dios que no acepten lo falso por lo auténtico. No pongáis la razón humana donde debiera estar la verdad divina y santificadora. Cristo espera la ocasión de encender la fe y el amor en el corazón de sus hijos. Ninguna doctrina errónea reciba apoyo de parte del pueblo que debiera estar afirmado sobre el pedestal de la verdad eterna. Dios nos invita a que nos aferremos a los principios fundamentales que están basados sobre una autoridad indiscutible.

Buscad el primer amor

Ha entrado en el corazón de no pocas personas que por mucho tiempo han estado en la verdad un espíritu de crítica despiadado. Son mordaces y buscan faltas en todo. Subieron al sitial de la justicia y condenan a los que no se amoldan a sus ideas. Dios pide que se humillen y se acerquen por medio del arrepentimiento y la confesión de sus pecados. Les dice: “Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”. Apocalipsis 2:4, 5. Procuran obtener el primer lugar y causan daño a muchos corazones por sus palabras y sus hechos.

Contra este espíritu, contra esta falsa religión sentimental, que es igualmente peligrosa, doy mi advertencia. Prestad atención, hermanos y hermanas. ¿Quién es vuestro jefe? ¿Cristo o el ángel caído del cielo? Examinaos a vosotros mismos para saber si estáis firmes en la fe.

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La palabra de Dios es nuestra salvaguardia

Nuestra consigna debe ser: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Isaías 8:20. Tenemos una Biblia llena de preciosas verdades. Contiene el alfa y la omega del conocimiento. La Escritura, dada por inspiración divina, “es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. 2 Timoteo 3:16, 17. Tomad la Biblia como libro de estudio. Cada cual puede entender sus instrucciones.

Insto a nuestros predicadores, a nuestros médicos y a todos los miembros de nuestras iglesias, a que estudien las lecciones dadas por Cristo a sus discípulos, precisamente antes de su ascensión. Esas lecciones contienen instrucciones que el mundo necesita.

La vida eterna sólo se obtiene comiendo la carne y bebiendo la sangre del Hijo de Dios. Cristo declaró: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna… Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo… El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él… El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha…” Juan 6:47-63.

Cristo invita a su pueblo a creer en su Palabra y a ponerla en práctica. Los que la reciban y la asimilen, haciéndola participar en cada una de sus acciones y en cada rasgo de su carácter, se harán fuertes en la fortaleza de Dios. Será evidente que su fe es de origen divino. No irán errantes por caminos extraños. Su mente no se dirigirá a una religión de sentimiento y emoción. Delante de los ángeles y de los hombres, se presentarán con caracteres cristianos, fuertes y consecuentes.

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En el incensario de oro de la verdad tal cual es presentada en las enseñanzas de Cristo, tenemos lo necesario para convencer y convertir las almas. Presentad, en la sencillez de Cristo, las verdades que él vino a proclamar a este mundo; y se hará sentir el poder de nuestro mensaje. Nunca presentéis teorías que Cristo no mencionó y que no tienen ningún fundamento en la Biblia. Tenemos que presentar verdades grandes y solemnes. “Escrito está”, es la prueba de la cual toda alma debe darse cuenta cabal.

Todavía pueden los hombres aprender las cosas que conciernen a su paz y escuchar la voz de la misericordia que les dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:28-30. Sólo cuando se nos imparte vida espiritual, podemos encontrar descanso y bienestar permanentes. Debemos poder decir en medio de la tempestad y el turbión: “Mi ancla está segura”.

Para ser guiados, vayamos a la Palabra de Dios. Busquemos un “así dice Jehová”. Nos hemos hartado de métodos humanos. Una mente formada solamente por la ciencia del mundo es incapaz de comprender las cosas de Dios. Mas la misma mente, convertida y santificada, verá la potencia de Dios en su Palabra. Solamente el corazón y la mente purificados por la santificación que da el Espíritu pueden discernir las cosas celestiales.

Hermanos míos, en el nombre del Señor, os ruego que os despertéis y comprendáis vuestro deber. Someted vuestros corazones al poder del Espíritu Santo y serán hechos susceptibles de recibir la enseñanza de la Palabra. Entonces podréis comprender las cosas profundas de Dios.

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Tatiana Patrasco