Testimonios para la Iglesia, Vol. 9, p. 105-112, día 460

Hermanos y hermanas, estudiad vuestros planes; aprovechad toda ocasión que se presente para hablar a vuestros vecinos y a las personas con las cuales os relacionéis; leedles pasajes de los libros que contienen la verdad presente. Mostrad que dais una importancia primordial a la salvación de las almas por las que Cristo hizo un sacrificio tan grande.

En esta obra junto a las almas que perecen, tendréis la compañía de los ángeles. Miríadas y miríadas de ángeles están listos para colaborar con los miembros de nuestras iglesias para comunicar la luz que Dios impartió generosamente para preparar a un pueblo para la venida de Jesús. “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”. 2 Corintios 6:2. Ruegue con fervor al Señor cada familia que él le dé fuerzas para cumplir su obra.

No descuidéis las cosas pequeñas esperando una obra más importante. Puede ser que seáis capaces de cumplir con éxito una obra limitada mientras que fracasaríais completamente en una obra más grande, cayendo además en el desaliento. Haced todo lo que os venga a mano. Ya seáis ricos o pobres, grandes o pequeños, Dios os llama a servirle activamente. Al hacer voluntariamente lo que os venga a mano, vuestros talentos y aptitudes se desarrollarán para la obra. Y es al descuidar las oportunidades diarias como os volvéis inútiles. Por esta causa hay en el huerto del Señor tantos árboles que no llevan fruto.

En el círculo de la familia, en el hogar de vuestro vecino, a la cabecera del enfermo, podéis con serenidad leer las Escrituras y decir una palabra en favor de Jesús y de la verdad. Así será sembrada la preciosa semilla que con el tiempo brotará y dará fruto.

Debe hacerse obra misionera en muchos lugares que aparentemente prometen poco resultado. El espíritu misionero debe posesionarse de nuestras almas e impulsamos a alcanzar ciertas clases de personas en las que no habíamos pensado, y a trabajar en lugares y con recursos que no hubiésemos imaginado siquiera. El Señor tiene su plan para esparcir la semilla del Evangelio. Sembrando según su voluntad, multiplicaremos la semilla en tales proporciones que su Palabra podrá alcanzar a millones de personas que aún no han oído la verdad.

En todas partes se presentan ocasiones. Apresuraos a entrar en cada camino que la Providencia os abra. Nuestros ojos necesitan la unción celestial para discernir tales ocasiones. Dios quiere ahora misioneros activos y clarividentes. Se nos presentarán caminos abiertos y entonces deberemos comprender las intenciones de la Providencia.

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Los mensajeros de Dios han recibido la orden de emprender la misma obra que Cristo realizó cuando estaba en la tierra. Deben dedicarse a los mismos ramos de actividad a los que él se consagró. Con fervor y sinceridad, deben hablar a los hombres de las riquezas inagotables y del tesoro imperecedero de los cielos. Deben estar llenos del Espíritu Santo. Deben repetir los ofrecimientos de paz y perdón que el Cielo les dirige. Deben señalar las puertas de la ciudad de Dios, diciendo: “Bienaventurados los que lavan sus ropas [guardan sus mandamientos], para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad”. Apocalipsis 22:14.

Cultivad el espíritu de abnegación

Cada miembro de la iglesia debe cultivar el espíritu de sacrificio. En todo hogar, deben enseñarse lecciones de abnegación. Padres y madres, enseñad a vuestros hijos a economizar. Animadles a ahorrar sus centavos para la obra misionera. Jesús es nuestro ejemplo. Por amor de nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza fuésemos enriquecidos. Enseñó que todos deben unirse en amor para trabajar como él trabajó, para sacrificarse como él se sacrificó, para amar como hijos de Dios.

Hermanos y hermanas, debéis estar dispuestos a ser convertidos, para poder practicar la abnegación de Cristo. Vestíos con sencillez, pero decentemente. Gastad lo menos posible para vosotros mismos. Tened en vuestra casa una alcancía de abnegación, en la cual podréis poner el dinero ahorrado merced a vuestros pequeños sacrificios. Procurad obtener, cada día, una comprensión más clara de la Palabra de Dios y aprovechad toda ocasión para impartir a otros el conocimiento adquirido. No os canséis de hacer bien, puesto que Dios os imparte constantemente la gran bendición de su Don hecho a la humanidad. Cooperad con el Señor Jesús, y él os enseñará las preciosas lecciones de su amor. El tiempo es corto; en el momento oportuno, cuando el tiempo ya no será más, recibiréis vuestra recompensa. Estoy encargada de decir a los que aman a Dios sinceramente y que tienen recursos propios: Ahora es el tiempo cuando debéis invertir vuestros bienes en el sostén de la obra de Dios. Ahora es el tiempo de sostener a los predicadores en sus esfuerzos desinteresados para salvar las almas que perecen. ¿No tendréis una gloriosa recompensa cuando, en los atrios celestiales, os encontréis con las personas que habréis contribuido a salvar?

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Nadie guarde sus monedas; y regocíjense los que tienen mucho porque pueden hacerse en el cielo un tesoro que nunca se agotará. El dinero que rehusemos colocar en la obra del Señor, perecerá y no producirá ningún interés en el banco del cielo.

Al hablar de los que rehusan a Dios lo que le pertenece, el apóstol Pablo dice: “Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor al dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. 1 Timoteo 6:9-10.

No es pequeña tarea la de sembrar junto a todas las aguas. Requiere un caudal continuo de dones y ofrendas. Al mayordomo fiel, Dios le concederá lo necesario para que tenga suficientemente de todo y que pueda abundar en toda buena obra. “Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia”. 2 Corintios 9:9-10. El Señor cuida de la semilla sembrada con mano liberal. Aquel que provee la semilla al sembrador le dará también lo necesario para que pueda cooperar con el Dador de la semilla.

El Señor llama hoy a los adventistas del séptimo día, en todo lugar, para que se consagren enteramente a él, y que hagan todo lo que esté a su alcance para promover su obra, según las circunstancias en que se encuentren. El desea verles mostrar, por medio de dones y ofrendas generosas, cuánto aprecian sus bendiciones y cuánta gratitud sienten por su misericordia.

Amados hermanos y hermanas, todo el dinero que tenemos pertenece al Señor. Os invito ahora, en el nombre del Señor, a uniros todos para terminar con éxito las empresas que se han iniciado de acuerdo con los consejos de Dios. Que la creación de capillas, para testificar por Dios en los diversos lugares, no sea dificultada por haberse retenido los fondos necesarios para ello. Que aquellos que luchan para desarrollar obras importantes, grandes y pequeñas, no sean desanimados por nuestra tardanza en unimos para poner a esas empresas en condiciones de poder hacer un trabajo útil. Que todos nuestros hermanos y hermanas consideren lo que pueden hacer. Demuestren que entre los adventistas del séptimo día hay unión y fuerza.

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Condiciones para un servicio aceptable

Como pueblo, debemos entrar en santa comunión con Dios. Es necesario que la luz del cielo brille en nuestros corazones y en nuestras mentes; necesitamos la sabiduría que sólo Dios puede impartir, si queremos proclamar con éxito el mensaje a las ciudades. Entren en las filas nuestras iglesias en todo lugar.

Que ninguno de los que por el bautismo se han comprometido a vivir para el servicio y la gloria de Dios, niegue su compromiso. Es necesario salvar al mundo y este pensamiento debe inducirnos a hacer mayores sacrificios y un trabajo más intenso en favor de los que están fuera del buen camino.

Cuando andéis conforme a los principios contenidos en la Palabra de Dios, vuestra influencia será valiosa para cualquier iglesia y organización. Debéis acudir en ayuda de Jehová, contra los poderosos. Todas las palabras frívolas, toda liviandad y trivialidad son otras tantas seducciones del enemigo para privaros de fuerza espiritual. Fortaleceos contra este mal, en el nombre del Dios de Israel. Si os humilláis delante de Dios, él os dará un mensaje para aquellos que en comarcas lejanas necesitan vuestra ayuda. Preparad vuestras lámparas y tenedlas encendidas; para que en todas partes donde andéis podáis derramar preciosos rayos de luz por medio de vuestras palabras y acciones.

Si nos consagramos al servicio del Señor, él nos mostrará lo que debemos hacer. Si entramos en relaciones más estrechas con Dios, él obrará con nosotros. No nos dejemos dominar por el yo y por nuestros intereses hasta el punto de olvidarnos de aquellos que suben la escalera de la experiencia cristiana y que necesitan nuestra ayuda. Debemos estar listos para emplear en la obra del Señor las capacidades que nos ha dado y para decir, a tiempo y fuera de tiempo, palabras que ayuden y hagan bien.

Hermanos y hermanas, ¿estamos considerando las necesidades de las grandes ciudades del Este [de los Estados Unidos]? ¿Acaso no sabemos que tienen que ser amonestadas acerca de la próxima venida de Cristo? La obra que tenemos que hacer es admirablemente grandiosa. Hay un mundo que salvar; hay almas por las cuales trabajar en las ciudades del Este, en los Estados en los que el mensaje de la venida de nuestro Señor se predicó por primera vez. ¿Quiénes se dedicarán a llevar a cabo este ramo de la obra misionera? Se cuentan por centenares los miembros que debieran estar en el campo y que nada o muy poco hacen para el adelantamiento del mensaje. Las almas que nunca han oído el último mensaje evangélico constituyen una pesada responsabilidad para los que han tenido todas las ventajas que significa conocer la verdad, que han sido instruidos renglón tras renglón, precepto tras precepto, un poco aquí y otro poco allá.

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Si en este tiempo favorable los creyentes se presentan con humildad delante de Dios, quitan de su corazón todo lo malo y le consultan a cada paso, él se manifestará a ellos y los alentará. Y mientras los miembros de la iglesia hagan su parte fielmente, el Señor conducirá y dirigirá a sus instrumentos escogidos y los fortalecerá para su importante obra. Unidos todos, sostengamos sus brazos por medio de muchas oraciones y atraigamos los brillantes rayos del santuario celestial.

El fin se acerca; avanza sigilosa, imperceptible y silenciosamente, como el ladrón en la noche. Concédanos el Señor la gracia de no dormir por más tiempo, como otros lo hacen; sino que seamos sobrios y velemos. La verdad está apunto de triunfar gloriosamente, y todos los que decidan ahora colaborar con Dios triunfarán con ella. El tiempo es corto; la noche se acerca cuando nadie podrá trabajar. Que los que se gozan en la verdad presente se apresuren ahora a impartirla a otros. El Señor pregunta: “¿A quién enviaré?” Los que están dispuestos a hacer sacrificios por la verdad, deben responder ahora: “Heme aquí, envíame a mí”. Isaías 6:8.

Los que tienen responsabilidades deben recordar que el Espíritu Santo es el que amolda a las personas. El Señor es quien controla. No debemos tratar de amoldar, siguiendo nuestras ideas personales, a quienes trabajan con nosotros. Debemos dejar que Cristo los amolde. El no sigue ninguna pauta humana. Obra según su propia mente y Espíritu. La obra del hombre consiste en revelar al mundo lo que Cristo ha puesto en su corazón; por medio de su gracia el ser humano se convierte en participante de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que existe en el mundo a causa de la concupiscencia. Las facultades más elevadas de aquel que recibe a Cristo se fortalecen y ennoblecen, y la persona queda capacitada para servir a Dios.

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Muchos de los eruditos del mundo han recibido una educación tan elevada que no pueden tocar a la gente común. Su conocimiento es intrincado. Se eleva mucho, pero no descansa en ninguna parte. Los hombres de negocios más inteligentes anhelan la verdad sencilla, como la que Cristo dio a la gente cuando estuvo en el mundo; la verdad que él dijo que era espíritu y vida. Sus palabras son como las hojas del árbol de la vida. Lo que el mundo necesita en la actualidad es la luz del ejemplo de Cristo, reflejada desde las vidas de hombres y mujeres semejantes al Salvador. El intelecto más poderoso en favor de la verdad es el intelecto controlado por Cristo, ennoblecido y purificado por la santificación del Espíritu Santo.

Cristo ha dado su comisión: “Id por todo el mundo”. Marcos 16:15. Todos deben escuchar el mensaje de advertencia. Un premio de valor incalculable espera a los que corren la carrera cristiana. Los que corren con paciencia recibirán una corona de vida cuyo brillo jamás se empañará.

Cultivad la calma y encomendad la protección de vuestras almas a Dios como fiel Creador. El guardará lo que se encomienda a su cuidado. A él no le agrada que cubramos su altar con nuestras lágrimas y quejas. Ya tenemos suficientes motivos para alabar a Dios, aunque no veamos otra alma convertirse. Pero la buena obra continuará si proseguimos hacia adelante sin tratar de ajustarlo todo a nuestras propias ideas. Que la paz de Dios reine en nuestros corazones, y mostrémonos agradecidos. Demos lugar para que Dios trabaje. No obstruyamos su camino. El puede trabajar, y lo hará si se lo permitimos.

Aunque hay que trazar planes extensos, también hay que tener mucho cuidado de que la obra en cada ramo de la causa se mantenga armoniosamente unida con la de los demás departamentos, para así constituir un todo perfecto.

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Consejos para los ministros

Sanatorio, California,

3 de noviembre de 1901.

A un obrero de mucha experiencia, radicado en Nueva York.

Después de considerar la situación de la obra en Nueva York experimenté una intensa preocupación. Durante la noche se me presentó lo siguiente: Se trabajará en Nueva York; se iniciará la obra en sectores de la ciudad donde no hay iglesias, en los que la verdad se afianzará. Hay gran cantidad de trabajo que se debe realizar en la proclamación de la verdad para este tiempo a la gente que se encuentra muerta en la desobediencia y el pecado. Hombres designados por Dios presentarán mensajes impactantes, mensajes de tal naturaleza que despertarán y amonestarán al público. Algunos se resentirán a causa de la amonestación y resistirán la luz y la evidencia presentadas, pero eso significa que estamos predicando el mensaje probatorio para este tiempo.

Se presentarán mensajes extraordinarios. Los juicios de Dios ya están en la tierra. Aunque hay que establecer misiones en las ciudades, donde los colportores, obreros bíblicos y obreros médicos misioneros prácticos puedan ser entrenados para presentar la verdad a ciertas clases sociales, también debemos tener en nuestras ciudades evangelistas consagrados, capaces de dar mensajes tan definidos y pertinentes, que impacten a los oyentes.

“Sacad al pueblo ciego que tiene ojos, y a los sordos que tienen oídos. Congréguense a una todas las naciones, y júntense todos los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad es. Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros Dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?” Isaías 43:8-13.

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“Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: Vosotros sois nuestros dioses. Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye? Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”. Isaías 42:16-21.

La obra delineada en estos pasajes es la que nosotros debemos llevar a cabo. Las expresiones “Mi siervo”, “Israel”, “el siervo de Jehová”, se refieren a cualquiera que el Señor elija y designe para realizar cierto trabajo. Los convierte en ministros de su voluntad, aunque algunos que son elegidos sean tan ignorantes de su voluntad como lo era el rey Nabucodonosor.

Dios trabajará por los miembros de su pueblo que se sometan a la obra del Espíritu Santo. Promete su gloria para el éxito del Mesías y de su reino. “Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los despliega; el que extiende la tierra y sus productos; el que da aliento al pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan: Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo; por luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas…

‘’¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará respecto al porvenir?’ Isaías 42:5-7, 23.

El pueblo de Dios que ha tenido luz y conocimiento, no ha llevado a cabo los elevados y santos propósitos de Dios. No ha progresado de victoria en victoria, añadiendo nuevo territorio, elevando el estandarte en las ciudades y en los suburbios. Los que han recibido gran luz de parte del Señor han demostrado poseer gran ceguera espiritual, porque no han andado en la luz para progresar cada vez más en ella. Los miembros de la iglesia no han sido instados a utilizar nervio y músculo espirituales en la tarea de progresar. Hay que hacerles comprender que los ministros no pueden obtener su salvación si permanecen inactivos. Así es como se convierten en personas débiles en vez de ser fuertes.

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Tatiana Patrasco