Testimonios para la Iglesia, Vol. 9, p. 161-168, día 467

El campo del sur está sufriendo por falta de obreros. ¿Pasaréis por alto a vuestro pueblo, sin realizar esfuerzo alguno para ayudarle, o bien, trabajaréis con humilde corazón para salvar a los que perecen? Hay una obra que podéis hacer si os humilláis delante de Dios. Si confiáis en él encontraréis paz y consuelo, pero si seguís vuestro propio sistema y voluntad, encontraréis espinas y cardos, y perderéis la recompensa.

Queda poco tiempo, y lo que tenéis que hacer, debéis hacerlo con prontitud. Decidid que debéis redimir el tiempo. No busquéis vuestro placer personal. ¡Levantaos! Acometed la obra con una nueva resolución. El Señor abrirá el camino ante vosotros. Realizad todo esfuerzo posible para trabajar siguiendo el método de Cristo, con humildad y mansedumbre, confiando en él para recibir poder. Comprended la obra que el Señor os ha encargado, y al confiar en Dios quedaréis capacitados para avanzar con fortaleza y gracia crecientes. Quedaréis capacitados para trabajar con diligencia y perseverancia por vuestro pueblo mientras dura el día; porque la noche viene cuando nadie podrá trabajar.

En el campo del sur existe necesidad urgente de toda clase de trabajo misionero. Hay que preparar obreros urgentemente para este campo. Nuestro pueblo debiera proveer un fondo para la educación de hombres y mujeres de los estados del sur, quienes, por estar habituados al clima, pueden trabajar en ese lugar sin arriesgar su salud.

Jóvenes y señoritas prometedores debieran educarse para trabajar como profesores. Debieran contar con las mejores ventajas. Es necesario que se construyan escuelas y salones de reuniones en diferentes lugares y que se empleen profesores.

Las personas que han estado trabajando durante años para ayudar a los afroamericanos, están bien calificadas para asesorar acerca de la apertura de tales escuelas. Hasta donde sea posible, estas escuelas debieran establecerse fuera de las ciudades. Pero en las ciudades hay numerosos niños que no podrían asistir a instituciones educacionales que no funcionan dentro de sus límites; para beneficio de ellos, hay que establecer escuelas en las ciudades tanto como en el campo.

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Los niños y adolescentes que asistan a estas escuelas deberán aprender más que solamente a leer. Hay que enseñarles, además, diversas habilidades industriales. Los alumnos deben tener acceso a instalaciones donde puedan aprender oficios que les permitan sostenerse a sí mismos.

Nuestras iglesias del norte, como también las del sur, debieran hacer todo lo posible para ayudar a sostener la obra educativa para los niños de raza negra. Las escuelas que ya están establecidas debieran ser mantenidas fielmente. La fundación de nuevas escuelas requerirá fondos adicionales. Que todos nuestros miembros hagan su parte con sinceridad para colocar estas escuelas en terreno ventajoso.

Además de dedicarse a esta clase de trabajo escolar, nuestros hermanos afroamericanos podrían realizar una excelente obra al establecer escuelas dominicales misioneras y escuelas sabáticas entre su propio pueblo; escuelas en las que los jóvenes puedan ser instruidos por profesores que rebosen de amor por las almas.

Nuevas oportunidades se presentan continuamente en los estados del sur del país, y muchos afroamericanos inteligentes y cristianos serán llamados a la obra. Pero por diversas razones, los hombres blancos deben ser elegidos como dirigentes. Todos somos miembros del mismo cuerpo y estamos completos únicamente en Cristo Jesús, quien elevará a sus hijos del bajo nivel al que el pecado los ha degradado y los colocara en el lugar donde se los reconocerá en las cortes celestiales como obreros juntamente con Dios.

Hay trabajo que debe realizarse en muchos lugares difíciles, y de estas escuelas surgirán obreros talentosos. Que la obra sea dirigida de tal manera que los obreros negros se eduquen para trabajar por su propia raza. Entre ellos hay muchos que tienen talento y habilidad. Busquemos a estos hombres y mujeres y enseñémosles a dedicarse a la obra de salvar almas. Dios cooperará con ellos y les dará la victoria.

“Obreros juntamente con Dios”

El Señor escucha los lamentos de los que se ocupan en su servicio. Ha prometido: “Sobre ti fijaré mis ojos”. Salmos 32:8. Andad humildemente con Dios y pedidle que os muestre claramente la senda del deber. Cuando hable a sus representantes y les pida que sean obreros juntamente con él, éstos harán la misma clase de trabajo que Jesús anunció como su obra cuando se paró a leer las Escrituras en la sinagoga de Nazaret. Abrió el libro del profeta Isaías y leyó: “El Espíritu de Jehová el Señor será sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”. Isaías 61:1.

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La verdad se encuentra actualmente oscurecida en el mundo por las nubes del error que prevalecen. El que puede influir aun sobre los más humildes y ganarlos para Cristo, está colaborando con las agencias divinas en su esfuerzo por salvar a los perdidos. Al presentar a los pecadores un Salvador personal y perdonador, extendemos una mano de simpatía y amor como el de Cristo para tomar la mano del que ha caído, y asiéndonos por fe de la mano de Cristo, formamos un eslabón de unión entre el pecador y el Salvador.

El fin está cerca, y cada alma debe andar con cuidado, con humildad y mansedumbre, con Cristo Jesús. Nuestro precioso Salvador, que refleja todos los rayos de verdad hacia el mundo, no quiere que coloquemos nuestra confianza en los príncipes ni en el hijo del hombre, en quienes no hay ayuda; sino que nos apoyemos plenamente en él. Dice: “Separados de mí nada podéis hacer”. Juan 15:5. Necesitamos contemplar constantemente a Jesús a fin de que imprima sobre nosotros su hermosa imagen. Debemos contemplar al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Entonces revelaremos a Cristo ante nuestros semejantes.

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La proclamación de la verdad allí donde hay antagonismo racial

Siento aflicción de ánimo, mucha congoja, por la obra entre los afroamericanos. Hay que predicar el Evangelio a los de la oprimida raza negra. Pero será necesario ejercer mucha precaución en los esfuerzos realizados para la elevación de este pueblo. Los blancos, en muchos lugares, manifiestan un fuerte prejuicio contra la raza negra. Tal vez deseamos ignorarlo, pero no podemos. Si actuáramos como si ese prejuicio no existiera, no podríamos hacer brillar la luz ante la gente blanca. Debemos hacer frente a la situación tal como es y manejarla con sabiduría e inteligencia.

Durante muchos años he sentido aflicción de ánimo por la raza negra. He experimentado pesadumbre al ver que los sentimientos negativos contra esta raza aumentan continuamente, y al ver que muchos adventistas parecen ser incapaces de comprender la necesidad de actuar con energía y prontitud. Los días van pasando a la eternidad, pero no se ha hecho mucho para ayudar a quienes hasta hace poco eran una raza de esclavos.

Una de las dificultades que encuentra la obra es que muchas de las personas de raza blanca que viven en lugares con abundante población negra, no quieren que se realicen esfuerzos especiales para elevar su condición. Cuando ven que se establecen escuelas para ellos, cuando ven que se les enseña a autoabastecerse, a aprender oficios, a adquirir hogares cómodos en vez de continuar viviendo en cobertizos y chozas, ven la posibilidad de que eso interfiera con sus planes egoístas; piensan que ya no podrán pagarles salarios miserables, lo cual despierta su enemistad. Se sienten perjudicados y ultrajados. Algunos actúan como si la esclavitud no hubiera sido abolida. Este espíritu se está fortaleciendo a medida que el Espíritu de Dios se está retirando del mundo, y en algunos lugares ahora resulta imposible hacer la obra que hubiera podido realizarse por los afroamericanos en años pasados.

Los habitantes de los Estados Unidos habrían podido realizar mucho si el gobierno y las iglesias cristianas hubieran hecho esfuerzos adecuados en favor de los esclavos liberados, inmediatamente después de la emancipación. Debieran haber invertido dinero abundante para ayudarlos y educarlos en un momento cuando necesitaban tanta asistencia. Pero el gobierno, después de realizar un pequeño esfuerzo, dejó que los negros lucharan sin ayuda con sus apremiantes dificultades. Algunas de las poderosas iglesias cristianas comenzaron una buena obra, pero lamentablemente alcanzaron sólo a un número reducido de ellos; y la Iglesia Adventista del Séptimo Día no ha hecho su parte. Algunas personas y sociedades han realizado esfuerzos perseverantes para elevar a los afroamericanos, y se ha llevado a cabo una obra noble. ¡Pero cuán pocos han tenido parte en esta obra que debiera haber contado con la simpatía y el apoyo de todos!

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Algunos adventistas han realizado nobles esfuerzos para realizar la obra que había que hacer en favor de los afroamericanos. Si los que estaban dedicados a esta obra hubieran recibido la colaboración de todos sus ministros, el resultado de su trabajo hubiera sido muy diferente de lo que es ahora. Pero la gran mayoría de nuestros ministros no colaboró en la forma como debiera haberlo hecho, con los pocos que se esforzaban para llevar adelante una obra muy necesaria en un campo difícil.

A medida que pasa el tiempo y se fortalece la oposición, las circunstancias nos advierten que la prudencia es la mejor parte del valor. Si se han llevado a cabo acciones imprudentes en favor de la población negra, no se debe a que no se hayan dado advertencias. Desde Australia, a través de las anchas aguas del Pacífico, envié mensajes de prevención diciendo que cada movimiento debía hacerse con cautela, que los obreros no debían pronunciar discursos políticos y que por ninguna razón debía estimularse la mezcla de blancos y negros.

En una reunión de un concilio realizado en 1895 en Armadale, un suburbio de Melboume, hablé de estos asuntos en respuesta a las preguntas de mis hermanos, y destaqué la necesidad de ser cautelosos. Dije que se acercaban tiempos peligrosos, y que los sentimientos que entonces podían expresarse con respecto a lo que debía hacerse desde el punto de vista misionero por la gente de raza negra, no podrían expresarse en el futuro sin poner en peligro algunas vidas. Dije claramente que la obra realizada por los negros tendría que llevarse a cabo en forma diferente de lo que se había hecho en algunos sectores del país en años anteriores.

Debe hablarse lo menos posible del problema racial, y debe dejarse que los afroamericanos trabajen mayormente por los de su propia raza.

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Con respecto a la adoración de blancos y negros en el mismo edificio, esto no puede adoptarse como una práctica generalizada con provecho para unos y otros, especialmente en la región del sur. Lo mejor que se puede hacer es proveer para los negros que acepten la verdad, lugares de culto exclusivos, donde puedan llevar a cabo sus servicios entre ellos. Esto es especialmente necesario en el sur, a fin de que la obra en favor de la gente blanca se lleve a cabo sin estorbos.

Que los creyentes de raza negra tengan casas de culto limpias, ordenadas y de buen gusto. Es necesario hacerles comprender que esto no se hace para excluirlos de los cultos de adoración con los blancos, porque ellos son negros, sino con el fin de promover el progreso de la verdad. Que ellos comprendan que este plan debe adoptarse hasta que el Señor nos revele un método mejor.

Los miembros de raza negra que posean habilidad y experiencia debieran ser animados a dirigir los servicios para su propio pueblo; y sus voces deben oírse en las asambleas representativas de la iglesia.

Entre ellos hay muchos que pueden trabajar con ventaja para su propio pueblo; obreros a quienes el Señor ha dado luz y conocimiento y que poseen valiosas capacidades. Estos han de trabajar con perseverancia y en toda forma eficaz. Deben utilizar nuestras publicaciones y llevar a cabo reuniones bajo carpa y en salones. Y en ocasiones (donde sea permitido) los pastores de raza blanca debieran ayudarles. Es necesario llevar a cabo esfuerzos especiales para aumentar el plantel de obreros negros. Hay que educar y preparar cabalmente a hombres de la raza negra para que den estudios bíblicos y realicen reuniones espirituales bajo carpa para su propio pueblo. Hay muchas personas capaces que debieran prepararse para esta obra.

Debiéramos interesarnos definidamente en el establecimiento de escuelas para la gente de raza negra. Y no debemos descuidar la importancia de exponer la verdad presente a los profesores y alumnos de los colegios más grandes para alumnos de raza negra que han sido establecidos por gente que no pertenece a nuestra denominación.

Hay que establecer escuelas y sanatorios para gente de color, para que los mejores profesores que se pueda conseguir enseñen y preparen a los jóvenes afroamericanos para el servicio.

Los ministros de raza negra debieran realizar todo esfuerzo posible para ayudar a su propio pueblo a comprender la verdad para este tiempo. Al avanzar el tiempo y aumentar los prejuicios raciales, en muchos lugares será casi imposible que obreros de raza blanca puedan trabajar por la gente de raza negra. A veces los blancos que no simpatizan con nuestra obra se unirán con gente de raza negra para oponerse a ella, bajo la pretensión de que nuestras enseñanzas constituyen un esfuerzo para desbaratar las iglesias y causar dificultades por la cuestión del sábado. Habrá ministros blancos y ministros negros que harán declaraciones falsas que despertarán en las mentes sentimientos de antagonismo tan intensos, que quienes los alberguen estarán dispuestos a destruir y matar.

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Las potencias infernales están trabajando con todo su ingenio para impedir la proclamación del postrer mensaje de misericordia entre la gente de raza negra. Satanás está obrando para hacer muy difícil que los ministros del Evangelio y los creyentes consigan ignorar el prejuicio que existe entre los blancos y los negros.

Obremos con prudencia. No hagamos nada que origine oposición innecesaria; nada que estorbe la proclamación del mensaje evangélico. En los lugares en que la costumbre lo exija y donde con ello se obtenga mayor eficiencia, que los creyentes blancos y los creyentes negros se reúnan en lugares de culto separados. Cultivemos la humildad de Cristo. El era la Majestad del cielo, el Hijo unigénito de Dios. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

Si para salvar a un mundo destinado a perecer, Dios condescendió a entregar a su Hijo a una muerte dolorosa e ignominiosa, ¿no debieran sus misioneros estar dispuestos a realizar todo esfuerzo de que sean capaces para ganar y ayudar a los que se encuentran en las profundidades del pecado, y para hacer brillar la luz sobre los que están en tinieblas en lo que concierne a la verdad? Cristo cubrió su divinidad con humanidad, para poder venir al mundo a elevar a los seres humanos caídos. ¿No debieran sus seguidores, por amor a él estar dispuestos a someterse a muchas cosas injustas y aflictivas de soportar, para ayudar precisamente a los que necesitan ayuda? Que la obra se haga de tal forma que no despierte el prejuicio que cerraría las puertas que ahora están abiertas para que entre la verdad.

Los hombres de talento que hay entre los creyentes de raza negra deben ser obreros juntamente con Dios en beneficio de su propio pueblo. Habrá ocasiones cuando tendrán oportunidad para dar testimonios en reuniones bajo carpa con numerosa asistencia, los que alcanzarán a multitud de personas. Estas oportunidades se presentarán a medida que se trabaje en el campo del sur del país y se proclame el mensaje en alta voz. Cuando se derrame el Espíritu Santo, se producirá el triunfo de la humanidad sobre el prejuicio en la búsqueda de la salvación de los seres humanos. Dios controlará las mentes. Los corazones humanos amarán como Cristo amó. Y muchos considerarán el tema racial en forma muy diferente de como es considerado ahora. Amar como Cristo ama, eleva la mente hacia una atmósfera pura, celestial y carente de egoísmo.

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El que se encuentra relacionado estrechamente con Cristo es elevado por encima del prejuicio del color de la piel o las castas. Su fe se aferra de las realidades eternas. El Autor divino de la verdad debe ser ensalzado. Nuestros corazones deben estar llenos con la fe que obra por amor y purifica el alma. La obra del buen samaritano es el ejemplo que debemos imitar.

No debemos agitar la cuestión racial, para no despertar el prejuicio y producir una situación crítica. La luz del mensaje del tercer ángel debe presentarse a los que necesitan luz. Debemos trabajar con calma, calladamente y con fidelidad, confiando en nuestro Hermano mayor. No debemos apresurarnos a definir el derrotero exacto que deberá seguirse en el futuro con respecto a la relación que deberá mantenerse entre los blancos y los negros. La verdad para este tiempo debe proclamarse a las multitudes que viven en los estados del sur. Hay que despejar el camino de todo obstáculo, hasta donde sea posible. Que el mensaje evangélico sea presentado a la gente. Que se trabaje por los de raza blanca y raza negra en forma separada con características propias, y dejemos que el Señor se ocupe del resto. Hay que presentar la verdad a los hombres y mujeres blancos de los estados sureños. Entonces se hará una obra entre sus familias que conducirá a la salvación de muchas almas.

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Tatiana Patrasco