Testimonios para la Iglesia, Vol. 6, p. 242-251, día 362

¿Qué cosa no hará ni siquiera un solo creyente que practique principios puros y se niegue a ser contaminado, si permanece firme como una roca a un “Así dice Jehová”? Ángeles de Dios acudirán en su ayuda y prepararán el camino delante de él. Pablo escribió a los romanos: “Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:1, 2. Este capítulo en su totalidad es una lección que ruego lean todos los que afirman ser miembros del cuerpo de Cristo.

Pablo escribió nuevamente: “Si se consagra la parte de la masa que se ofrece como primicias, también se consagra toda la masa; si la raíz es santa, también lo son las ramas. Ahora bien, es verdad que algunas de las ramas han sido desgajadas, y que tú, siendo de olivo silvestre, has sido injertado entre las otras ramas. Ahora participas de la savia nutritiva de la raíz del olivo. Sin embargo, no te vayas a creer mejor que las ramas originales. Y si te jactas de ello, ten en cuenta que no eres tú quien nutre la raíz, sino que es la raíz la que te nutre a ti. Tal vez dirás: Desgajaron algunas ramas para que yo fuera injertado. De acuerdo. Pero ellas fueron desgajadas por su falta de fe, y tú por la fe te mantienes firme. Así que no seas arrogante sino temeroso; porque si Dios no tuvo miramiento con las ramas originales, tampoco los tendrá contigo. Por lo tanto, considera la bondad y la severidad de Dios: severidad hacia los que creyeron y bondad hacia ti. Pero si no te mantienes en su bondad, tú también serás desgajado”. Romanos 11:16-22 (NVI). Estas palabras revelan claramente que no se deben despreciar los departamentos y las instituciones que Dios ha puesto en la iglesia.

243-

El ministerio santificado insta a practicar la abnegación. Es necesario levantar la cruz y destacar su lugar en la obra evangélica. La influencia humana debe extraer su eficacia de Aquel que puede salvar y mantener en la salvación a todos los que reconocen su dependencia de él. El poder transformador del Evangelio debe difundirse por todo el mundo mediante la unión de los miembros de iglesia con Cristo y unos con otros.

En la obra evangélica el Señor utiliza diferentes instrumentos, y no debe permitirse que nada los separe. Nunca debe establecerse un sanatorio como una empresa independiente de la iglesia. Nuestros médicos deben unirse a la obra de los ministros del evangelio. Deben contribuir con su trabajo a la salvación de la gente, para enaltecer el nombre del Señor. 

La obra médica misionera por ningún concepto debe divorciarse del ministerio evangélico. El Señor ha especificado que ambos deben mantenerse unidos, así como el brazo lo está con el cuerpo. Ninguna de las partes del cuerpo está completa sin esta unión. La obra médica misionera es el evangelio puesto en práctica.

Pero Dios no planeó que la obra médica misionera eclipsara el mensaje del tercer ángel. El brazo no debe convertirse en el cuerpo. El mensaje del tercer ángel es el mensaje del Evangelio para estos últimos días, y en ningún caso debe ensombrecerse por otros intereses ni hacerlo lucir como asunto no esencial. Cuando en nuestras instituciones se coloca algo por encima del mensaje del tercer ángel, entonces el Evangelio no es el gran poder guiador en eso. 

La cruz es el centro de toda institución religiosa. Estas instituciones deben estar bajo el control del Espíritu de Dios; en ninguna de ellas debiera erigirse un hombre como cabeza única. La mente divina tiene asignadas otras mentes para cada lugar. El poder del Espíritu Santo debiera ennoblecer toda obra asignada por Dios y hacer que testifique por el Señor. El hombre debe colocarse bajo el control de la mente eterna, cuyos dictados deberá obedecer minuciosamente.

-244-

Procuremos entender nuestro el privilegio que significa caminar y trabajar con Dios. Aunque el evangelio contiene la voluntad expresa de Dios, carecerá de valor para los hombres, encumbrados o humildes, ricos o pobres, a menos que se sometan a Dios. La persona que lleva el remedio para sus pecados a sus semejantes, debe ser motivada primeramente por el Espíritu de Dios. No debe manejar los remos, a menos que esté bajo la dirección divina. No puede trabajar eficazmente, no puede mantener la voluntad de Dios en armonía con la mente divina, a menos que descubra, no de fuentes humanas, sino de la sabiduría divina, que Dios se complace en sus planes.

El bondadoso plan de Dios abarca todos los ramos de su obra. La ley de dependencia e influencia recíproca debe reconocerse y obedecerse. “Ninguno de nosotros vive para sí”. El enemigo ha utilizado la cadena de la dependencia para unir a los hombres. Se han unido para destruir la imagen de Dios en el hombre, para contrarrestar el Evangelio al pervertir sus principios. La Palabra de Dios los presenta atados en gavillas para ser quemados. Satanás está uniendo sus fuerzas para la perdición. La unidad del pueblo escogido de Dios ha sido terriblemente sacudida. Dios ofrece una alternativa, la cual no es una influencia entre muchas ni está en el mismo nivel que las demás; en cambio es una influencia que supera toda las demás influencias que existen sobre la faz de la tierra; su naturaleza es correctiva, animadora y ennoblecedora. Los que trabajan en el Evangelio deberán ser íntegros y estar santificados, pues se relacionan con los grandes principios de Dios. Unidos con Cristo, son colaboradores con Dios. Así es como el Señor desea unir a sus seguidores para que sean un poder para el bien, y que cada uno desempeñe su parte y todos compartan el sagrado principio de la dependencia de la Cabeza.

Cristo participaba en todos los ramos de la obra de Dios; no hizo divisiones; no pensó que estaba inmiscuyéndose en la obra del médico cuando sanaba a los enfermos. Proclamó la verdad y cuando los enfermos se acercaban a él para que los sanara, estaba tan dispuesto a colocar sus manos sobre ellos como lo estaba para predicar el Evangelio. Se sentía tan a gusto en ese trabajo como en la proclamación de la verdad.

246-

Responsabilidades de los obreros médicos

El capitulo cuatro de la epístola a los Efesios contiene lecciones de Dios dirigidas a nosotros. El autor habla inspirado por Dios y expone las instrucciones recibidas en visiones de origen divino. Describe la distribución de dones que Dios otorga a sus obreros: “Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y mestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para le edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4:11-13. Se nos muestra aquí que Dios asigna a cada persona su trabajo, y al realizarlo cumplirá su parte en el gran plan de Dios.

Nuestros médicos y paramédicos misioneros debieran considerar detenidamente esta lección. Dios estableció su obra entre un pueblo que reconoce las leyes del gobierno divino. Los enfermos deben ser sanados por la combinación del esfuerzo humano y el divino. Cada don y poder que Cristo prometió a sus discípulos los confiere a sus fieles servidores. Y Aquel que otorga capacidades mentales y confía talentos a los hombres y mujeres que le pertenecen por creación y redención, espera que estos talentos y capacidades aumenten por el uso. Cada talento debe emplearse en bendecir a otros y así traer honra a Dios. Pero los médicos han sido inducidos a suponer que las facultades y los talentos que Dios les otorgó para que los usaran en su obra, les pertenecen de pleno derecho, de modo que los han usado para iniciar ramos de trabajo proyectos para los cuales que Dios no les asignó.

Satanás trabaja asiduamente con el fin de encontrar una oportunidad para introducirse furtivamente. Sugiere al médico que sus talentos son demasiado valiosos para desperdiciarlos entre los adventistas del séptimo día, que si estuviera libre podría realizar una obra más importante. El médico se siente tentado a pensar que posee métodos que puede usar independientemente de la gente a quien Dios le encomendó que sirviera, y que Dios podría ponerlo por encima del resto de los habitantes del mundo. Pero el médico no debe suponer que su influencia aumentaría si se separara de esta obra. Si tratara de realizar sus planes, no tendría éxito. 

247-

El egoísmo en cualquier forma introducido en el ministerio o en la obra médica, es una infracción a la ley de Dios. Cuando los hombres se vanaglorian de sus capacidades y permiten que los elogios humanos fluyan hacia seres finitos, deshonran a Dios, y él los despojará de aquello en lo cual se glorían. Los médicos vinculados a nuestros sanatorios y a la obra médica misionera, por la gracia de Dios han sido dirigidos hacía las personas para quienes él les ha ordenado que sean una luz en el mundo. Su obra consiste en dar a su vez todo aquello que el Señor les ha dado; en dar, no como una influencia entre muchas, sino como la influencia divina a fin de hacer efectiva la verdad para este tiempo. 

Dios nos ha confiado una obra especial, una obra que nadie más puede hacer. Nos ha prometido la ayuda de su Santo Espíritu. La corriente celestial fluye en dirección a la tierra para que realice precisamente la obra que se nos encomendó. No permitamos que esta corriente celestial se ignore por habernos desviado de la senda recta establecida por Cristo. 

Los médicos no deben suponer que pueden ganarel mundo mediante sus planes y esfuerzos. Dios no los ha puesto para que abarquen tanto por medio de sus propias obras solamente. La persona que emplea su potencial en diversas actividades no puede ocuparse de administrar una institución de salud, y esperar llevarla a buen término.

Si los obreros del Señor se ocupan de trabajos que desplazan lo que deberían hacer en la tarea de comunicar luz al mundo, Dios no recibe la gloria que debiera engrandecer su santo nombre mediante lo que ellos hacen. Cuando Dios llama a un hombre a realizar cierta obra en su causa, no coloca sobre sus hombros cargas que otros obreros pueden y deben llevar a cabo. Aunque esto pueda parecer indispensable, Dios, según su sabiduría, asigna a cada persona su tarea. Él no desea que las mentes de sus siervos que llevan responsabilidades se agoten hasta el borde de lo insoportable, por responsabilizarse de muchos frentes de trabajo. Si un obrero no se responsabiliza por la tarea que se le ha encomendado, aquella que el Señor estima que es exactamente la que puede realizar, está descuidando deberes, que adecuadamente ejecutados, resultarían en la propagación de la verdad y prepararía a la gente para la gran crisis que se avecina.

248-

Dios no puede otorgar medidas más abundantes de poder, físicas o mentales, a los que procuran llevar cargas que no se les han asignado. Cuando los obreros se sobrecargan con tales responsabilidades, no importa cuán buena sean, sus fuerzas físicas se agotan y sus mentes se desconciertan, y no pueden lograr el éxito óptimo obtenible. 

Los médicos de nuestras instituciones no debieran dedicarse a tantas empresas y así permitir que su trabajo se debilite, cuando debieran sostenerse sobre principios rectos y ejercer una influencia que abarque a todo el mundo. Dios no ha dispuesto que sus colaboradores abarquen tantas cosas, tracen planes demasiado extensos, hasta el punto de fracasar en las responsabilidades que se les han asignado para que logren el sublime bien que él espera que realicen mediante la difusión de luz al mundo, atrayendo a mujeres y hombres mientras él los dirige mediante su suprema sabiduría. 

El enemigo ha determinado contrarrestar los designios que Dios formuló para beneficiar a la humanidad mediante la revelación de lo que constituye la auténtica obra médica misionera. Se han introducido numerosas ideas acerca de que los obreros no pueden realizar todas las cosas de acuerdo con el modelo mostrado en el monte. Se me ha instruido para que diga que la obra asignada a los médicos en nuestras instituciones es suficiente para ellos, y que el Señor requiere que se unan estrechamente con los evangelistas misioneros y lleven a cabo sus tareas con fidelidad. Dios no ha pedido a nuestros médicos que se envuelvan en un variado y abarcante trabajo como lo han hecho algunos. No ha determinado que la obra especial de los médicos sea trabajar por los que se encuentran en los antros de iniquidad en nuestras populosas sociedades. El Señor no requiere imposibilidades de sus siervos. La obra que él ha encargado a nuestros médicos es exponer ante el mundo el ministerio del Evangelio mediante la obra médica misionera.

249-

El Señor no coloca sobre su pueblo toda la carga de tener que trabajar por una clase tan endurecida por el pecado, que muchos de ellos mismos no recibirían beneficio ni tampoco se beneficiaría a otros. Si hay personas que pueden responsabilizarse por el trabajo con los más degradados, si Dios coloca sobre ellos la responsabilidad de trabajar por las masas en diferentes maneras, que éstos salgan al frente y obtengan del mundo los medios necesarios para hacer esta obra; pero que no dependan de los recursos que Dios ha dispuesto para terminar la predicación del mensaje del tercer ángel. 

Nuestros sanatorios necesitan el poder de la mente y del corazón, de donde han sido secuestrados por otros ministerios. Todo lo que Satanás pueda hacer lo hará para multiplicar las responsabilidades de nuestros médicos, pues él sabe que esto significa debilidad, en vez de fortaleza para las instituciones con las cuales están relacionados. 

Se debe ejercer gran consideración en la obra que emprendemos. No debemos asumir enormes cargas en el cuidado de niños pequeños, porque otros están haciendo esta obra. Tenemos una obra especial: la de atender y educar a los niños de edad más avanzada. Si hay familias que pueden hacerlo, que adopten a los pequeños, porque así recibirán una gran bendición. Pero hay una obra mayor y más importante en la cual ocupar la atención de nuestros médicos: educar a los que han crecido con caracteres deformados. Los principios de la reforma pro salud deben exponerse ante los padres, para que se conviertan y puedan desempeñarse como misioneros en sus propios hogares. Nuestros médicos han realizado esta obra, y todavía pueden hacerla, si no se sacrifican a sí mismos con tantas y variadas responsabilidades. 

250-

El director médico en cualquier institución ocupa una posición difícil y debe permanecer libre de responsabilidades menores; porque esto no le dejará tiempo para descansar. Debiera tener suficiente ayuda de personas en las cuales puede confiar, pues tiene una tremenda obra que cumplir. Debe postrarse en oración con los sufrientes y conducir a sus pacientes al gran Médico. Si como humilde suplicante busca a Dios para recibir la sabiduría necesaria para tratar cada situación, su fuerza e influencia aumentarán notablemente.

¿Qué puede lograr el hombre por sí mismo en la gran obra enunciada por el Dios infinito? Cristo dice: “Sin mí nada podéis hacer”. Juan 15:5. Él vino a nuestro mundo para mostrar a los hombres cómo realizar la obra que Dios les había comisionado, y nos dice: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Mateo 11:28-30. ¿Por qué es fácil el yugo de Cristo y ligera su carga? Porque él llevó el peso de ella sobre la cruz del Calvario. 

La religión personal es indispensable para todo médico, si quiere tener éxito en la atención de los enfermos. Necesita un poder mayor que su propia intuición y habilidad. Dios desea que los médicos se unan con él y sepan que cada persona es valiosa ante su vista. El que depende de Dios y comprende que únicamente el Creador del hombre sabe cómo dirigir, no fracasará en su tarea como sanador de las enfermedades corporales, o como médico de las almas por quienes Cristo murió. 

El que lleva la pesada responsabilidad de médico necesita las oraciones del ministro del Evangelio, y debiera estar conectado con su alma, mente y cuerpo con las verdades de Dios. Entonces podrá decir palabras adecuadas al atribulado. Podrá velar por las almas como alguien que sabe que tendrá que rendir cuenta. Podrá presentar a Cristo como el camino, la verdad y la vida. La Escritura aparecerá con claridad ante su mente y hablará como alguien que conoce el valor de las almas con las cuales trata. 

251-

Conformidad con el mundo

El Señor Jesús ha dicho: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”. Lucas 9:23. Las palabras de Jesús impresionaron las mentes de sus oyentes. Muchos de ellos, aunque no comprendían claramente su instrucción, fueron inducidos por profunda convicción a decir: “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” Juan 7:46. Los discípulos no siempre entendían las lecciones que Cristo deseaba comunicar por medio de parábolas, y cuando la multitud se retiraba, le pedían que explicara sus palabras. Él estuvo siempre dispuesto a guiarlos a un perfecto entendimiento de su palabra y su voluntad; porque por medio de ellos, la verdad debía salir al mundo en forma clara y comprensible. 

A veces Jesús reprochaba a sus discípulos por causa de su lentitud para comprender. Puso a su alcance verdades cuyo valor ellos no sospechaban. Había estado con ellos largo tiempo y les había dado lecciones sobre la verdad divina; pero su educación religiosa previa, las interpretaciones erróneas que habían oído de los maestros judíos atribuir a las Escrituras, mantuvo sus mentes nubladas. Cristo les prometió que les enviaría su Espíritu, quien les recordaría sus palabras como verdades que habían sido olvidadas. “El os enseñará todas las cosas” dijo Cristo, “y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan 14:26. 

La manera como los maestros judíos explicaban las Escrituras, sus interminables repeticiones de máximas y ficción, hicieron que Cristo dijera: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”. Realizaban sus servicios en los atrios del templo. Ofrecían sacrificios que simbolizaban al magnífico Salvador, diciendo por medio de sus ceremonias: “Ven, mi Salvador”; no obstante, Cristo, a quien representaban todas esas ceremonias, estaba entre ellos y no lo reconocieron ni lo recibieron. El Salvador declaró: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres”. Mateo 15:8, 9. 

Posted in

admin