Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 177-185, día 019

Vi que ha llegado el tiempo cuando los que tienen cuantiosas posesiones deben actuar rápidamente. Es tiempo de que no sólo hagan provisión para la causa según Dios ahora los está prosperando, sino en la forma como los ha prosperado. Durante los días de los apóstoles se trazaron planes especiales para que algunos no estuvieran aliviados mientras otros estaban recargados. Se adoptaron las disposiciones necesarias para que todos participaran equitativamente en las cargas de la iglesia de Dios de acuerdo con sus habilidades. Dijo el ángel: “El hacha está puesta a la raíz de los árboles”. Mateo 3:10. Los que, como Judas, han confiado en los tesoros terrenales, se quejarán en la misma forma como él lo hizo. Su corazón codiciaba el costoso ungüento derramado sobre Jesús, y procuró ocultar su egoísmo bajo una piadosa consideración por los pobres: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” Juan 12:5. El quería tener el perfume en su posesión, porque así no se derrocharía en el Salvador. El lo aplicaría a su uso personal y lo vendería para quedarse con el dinero. Valoraba a su Señor tan sólo lo suficiente para venderlo por treinta piezas de plata a hombres perversos. Así como Judas presentó a los pobres como una excusa de su egoísmo, así también hay cristianos profesos cuyos corazones son codiciosos, que procuran esconder su egoísmo detrás de una rectitud fingida. Afirman que al adoptar nosotros la dadivosidad sistemática estamos llegando a ser como las iglesias nominales. “No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”. Mateo 6:3. Parecen tener el deseo escrupuloso de hacer exactamente lo que dice la Biblia, según ellos lo entienden, acerca de este asunto, pero descuidan completamente la clara amonestación de Cristo: “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres”. Lucas 18:22.

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“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos”. Mateo 6:1. Algunos piensan que este pasaje enseña que deben mantener secretas sus obras de caridad. Y hacen muy poco, excusándose que no saben cómo dar. Pero Jesús hizo la siguiente declaración a sus discípulos: “Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”. Mateo 6:2. Dieron para ser considerados nobles y generosos. Recibieron alabanzas humanas, y Jesús dijo a sus discípulos que ésa era la única recompensa que tendrían. En el caso de muchos, la mano izquierda no sabe lo que hace la derecha, porque la mano derecha no hace nada digno de ser notado por la izquierda. Esta lección dada por Jesús a sus discípulos tenía el propósito de reprender a los que deseaban recibir gloria de los seres humanos. Distribuían su dinero en lugares públicos; y antes de hacerlo, anunciaban públicamente su generosidad con la gente; y muchos daban grandes sumas únicamente para que su nombre fuera exaltado por los demás. Y los recursos que daban en esta forma con frecuencia habían sido extorsionados de los demás, oprimiendo a sus obreros al no darles una justa paga y agobiando a los pobres.

Vi que este pasaje bíblico no se aplica a los que tienen en su corazón la causa de Dios y que utilizan humildemente sus medios para hacerla avanzar. Se me llamó la atención a estos pasajes: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Mateo 5:16. “Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16. Se me mostró que el testimonio de la Escritura tendrá armonía cuando se lo comprenda correctamente. Las buenas obras de los hijos de Dios constituyen la predicación más eficaz que el incrédulo pueda recibir. Piensa que deben existir poderosos motivos que impulsan al cristiano a negarse a sí mismo y a emplear sus posesiones para tratar de salvar a sus semejantes. Esto es diferente del espíritu que anima al mundo. Estos frutos testifican que quienes los poseen son cristianos genuinos. Estos cristianos aparecen extendiéndose siempre hacia arriba en procura de un tesoro imperecedero.

Con cada dádiva y ofrenda el donante debe tener ante sí un objetivo adecuado, no para sostener a nadie en la ociosidad, no para ser visto por los hombres o para forjarse un nombre distinguido, sino para glorificar a Dios mediante el adelantamiento de su causa. Algunos efectúan cuantiosas donaciones a la causa de Dios mientras su hermano que es pobre puede estar sufriendo cerca de ellos, y ellos no hacen nada por socorrerlo. Los pequeños actos de bondad en favor de su hermano en forma secreta unirían sus corazones y serían anotados en el cielo. Vi que en sus precios y en sus sueldos, los ricos debieran establecer una diferencia entre los afligidos, las viudas y los pobres dignos. Pero sucede con frecuencia que los ricos toman ventaja de los pobres, obteniendo todo beneficio posible y extrayendo hasta el último centavo por cada favor. Todo queda escrito en el cielo. “Yo conozco tus obras”. Apocalipsis 3:15.

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El mayor pecado que ahora existe en la iglesia es la codicia. Dios siente desagrado de su pueblo profeso debido a su egoísmo. Sus siervos han sacrificado su tiempo y sus fuerzas para llevarles la Palabra de vida, y muchos han mostrado por sus obras que la aprecian livianamente. Si en alguna ocasión pueden ayudar al siervo de Dios, a veces lo hacen; pero con frecuencia se muestran indiferentes y hacen sólo poco por él. Cuando emplean a un obrero le pagan tiempo completo. Pero no sucede lo mismo con el siervo de Dios que trabaja con sacrificio. Trabaja por ellos en palabra y doctrina; lleva la pesada carga de la obra en su alma; muestra pacientemente mediante la Palabra de Dios los peligrosos errores que dañan el alma; destaca la necesidad de arrancar inmediatamente la cizaña que está ahogando la buena simiente sembrada; extrae de la fuente inagotable de la Palabra de Dios cosas nuevas y viejas para alimentar el rebaño de Dios. Todos reconocen que han recibido beneficio, pero la maleza venenosa, la codicia, se encuentra arraigada tan profundamente que dejan que el siervo de Dios se retire sin haberlo ayudado a satisfacer sus necesidades temporales. Han apreciado su trabajo agotador a la altura mostrada por sus propios actos. El Testigo fiel dice: “Yo conozco tus obras”.

Vi que los siervos de Dios no se encuentran fuera del alcance de las tentaciones de Satanás. Con frecuencia son intensamente atacados por el enemigo, por lo que tienen que pelear una dura batalla. Si pudieran ser aliviados de su comisión, trabajarían gustosamente con sus manos. Sus hermanos necesitan su trabajo; pero cuando ven que éste es apreciado tan livianamente, se oprimen. Sí es verdad que contemplan al final para recibir su verdadera recompensa, y eso los anima; pero su familia debe recibir alimento y vestido. Su tiempo pertenece a la iglesia de Dios, de modo que no lo tienen a su disposición. Sacrifican la compañía de su familia para beneficiar a otros, y sin embargo algunos que reciben beneficio de su trabajo son indiferentes a las necesidades del obrero. Vi que hacer esto era tratar con injusticia a los obreros y engañarse a uno mismo. Las personas que actúan en esta forma piensan que son aprobadas por Dios, cuando en realidad él desprecia su egoísmo. No sólo estas personas egoístas serán llamadas a rendir cuenta delante de Dios por el uso que han hecho del dinero de su Señor, sino también por toda la depresión y angustia que han acarreado sobre los siervos escogidos de Dios, lo cual ha estorbado sus esfuerzos; todo esto será inscrito en la cuenta de los mayordomos infieles.

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El Testigo fiel declara: “Yo conozco tus obras”. El corazón egoísta y codicioso será probado. Algunos no están dispuestos a dedicar a Dios ni una pequeña porción de las ganancias obtenidas mediante su tesoro terrenal. Se alejarían horrorizados si uno les hablara de su capital. ¿Qué han sacrificado por Dios? Nada. Profesan creer que Jesús está por venir, pero sus obras niegan su fe. Cada uno vivirá su fe. Creyente de falso corazón, Jesús conoce tus obras. Detesta tus ofrendas mezquinas y tus sacrificios defectuosos.

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Las casas de culto

Vi que muchos de aquellos a quienes Dios ha confiado recursos, se sienten libres para usarlos liberalmente según su propia conveniencia y establecer hogares placenteros en esta tierra; pero cuando edifican una casa en la cual se ha de adorar al gran Dios que habita en la eternidad, no pueden permitirle que use los recursos que él les prestó. No rivalizan los miembros en demostrar su gratitud a Dios por la verdad, haciendo todo lo que pueden para preparar un lugar de culto apropiado; por el contrario, algunos tratan de hacer lo menos posible. Les parece que lo que gastan en la preparación de un lugar donde puedan recibir la visita del Altísimo se ha de contar como pérdida. Tal ofrenda es coja, e inaceptable para Dios. Vi que le agradaría mucho más a Dios si sus hijos manifestasen tanta sabiduría al prepararle una casa a él como la que manifiestan al construir sus propias moradas.

Los sacrificios y las ofrendas de los hijos de Israel debían ser sin mácula ni defecto, lo mejor de los rebaños; y se requería que cada uno participase en esta obra. La obra de Dios para este tiempo será extensa. Si edificáis una casa para el Señor, no le ofendáis ni le pongáis limitaciones al echar vuestras ofrendas cojas. Poned en la casa edificada para Dios la mejor ofrenda. Sea ella lo mejor de lo mejor que poseéis. Manifestad interés en hacerla conveniente y cómoda. Algunos piensan que esto no tiene importancia porque el tiempo es muy corto. Entonces aplicad la misma regla a vuestras propias moradas, y a todos vuestros planes mundanales.

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Vi que Dios podría llevar a cabo su obra sin ayuda de ningún hombre; pero tal no es su plan. El mundo actual está destinado a ser un escenario de prueba para el hombre. Este debe formar aquí un carácter que le acompañará en el mundo eterno. Delante de él se halla el bien y el mal, y su estado futuro depende de la elección que haga. Cristo vino para cambiar la corriente de sus pensamientos y afectos. Su corazón debe ser apartado de su tesoro terrenal, y fijado en el celestial. Por su abnegación, Dios será glorificado. El gran sacrificio ha sido hecho para el hombre. Ahora se lo prueba a él para ver si sigue el ejemplo de Cristo y se sacrifica por sus semejantes.

Satanás y sus ángeles están coligados contra el pueblo de Dios, pero Jesús trata de purificarlo para sí. El exige que sus hijos hagan prosperar su obra. Dios les ha confiado en este mundo lo suficiente para llevar a cabo su obra sin trabas, y él quiere que usen juiciosamente los recursos que les ha confiado. “Vended lo que poseéis, y dad limosna” (Lucas 12:33), es parte de la sagrada Palabra de Dios. Los siervos de Dios deben levantarse, clamar y no escatimar esfuerzos para declarar “a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado” Isaías 58:1. La obra de Dios se ha de extender. Si su pueblo sigue su consejo, no conservará muchos recursos que serán consumidos en la conflagración final. Se habrá hecho tesoros donde la polilla y el orín no pueden corromper, no habrá vínculo que lo ligue a esta tierra.

Lecciones de las parábolas

Se me mostró que la parábola de los talentos no ha sido plenamente comprendida. Esta importante lección fue dada a los discípulos para beneficio de los creyentes que viviesen en los postreros días. Y estos talentos no representan solamente la capacidad de predicar e instruir acerca de la Palabra de Dios. La parábola se aplica a los recursos temporales que Dios ha confiado a su pueblo. Aquellos a quienes se había entregado cinco y dos talentos, negociaron y duplicaron lo que se les confió. Dios requiere de aquellos que tienen posesiones en esta tierra, que de su dinero obtengan interés para él, que lo dediquen a la causa, para diseminar la verdad. Y si la verdad vive en el corazón de aquel que la recibió, él también ayudará con sus medios para comunicarla a otros; y mediante sus esfuerzos, su influencia y sus recursos, otras almas aceptarán la verdad y empezarán a trabajar por Dios.

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Vi que algunos de los que profesan ser hijos de Dios, son como el hombre que ocultó su talento en la tierra. Impiden que sus bienes beneficien a la causa de Dios. Aseguran que son suyos, que tienen derecho a hacer lo que les plazca con ellos; y no se salvan almas por medio de los esfuerzos juiciosos que ellos podrían hacer con el dinero de su Señor. Los ángeles llevan un registro fiel de toda la obra de cada hombre, y al ser pronunciado el juicio sobre la casa de Dios, se registra la sentencia de cada uno al lado de su nombre, y al ángel se le ordena que no perdone a los siervos infieles, sino que los abata en el tiempo de la matanza. Y lo que les fue confiado les será arrebatado. Se los despojará de su tesoro terrenal; lo habrán perdido todo. Las coronas que podrían haber llevado si hubieran sido fieles, se colocarán sobre la cabeza de aquellos que hayan sido salvados por los siervos fieles cuyos recursos estuvieron constantemente en uso para Dios. Cada persona en cuya salvación intervinieron, añadirá estrellas a su corona de gloria y aumentará su eterna recompensa.

También me fue mostrado que la parábola del mayordomo infiel había de enseñarnos una lección. “Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas”. Lucas 16:9. Si empleamos nuestros recursos para la gloria de Dios en esta tierra, nos hacemos tesoro en los cielos; y cuando las posesiones terrenales hayan desaparecido todas, el mayordomo fiel tendrá a Jesús y a los ángeles por amigos que le recibirán en las mansiones eternas.

“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel”. Lucas 16:10. El que es fiel con sus bienes terrenales, que son los de menor importancia, y emplea juiciosamente lo que Dios le prestó aquí, será fiel a su profesión. “El que en lo muy poco es infiel, también en lo mucho es infiel”. Lucas 16:10 (VM). El que retiene de Dios lo que él le prestó, será infiel en las cosas de Dios en todo respecto. “Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” Lucas 16:11. Si nos demostramos infieles en el manejo de lo que Dios nos presta aquí, él no nos dará nunca la herencia inmortal. “Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” Lucas 16:12. Jesús compró la redención para nosotros; es nuestra; pero nos hallamos aquí a prueba, para ver si resultamos dignos de la vida eterna. Dios nos prueba confiándonos bienes terrenales. Si somos fieles en impartir liberalmente lo que nos ha prestado, para fomentar su causa, Dios puede confiarnos la herencia eterna. “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. Lucas 16:13. “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”. 1 Juan 2:15.

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Desagrada a Dios la manera negligente en que muchos de los que profesan ser hijos suyos manejan sus negocios mundanales. Parecen haber perdido todo sentido del hecho de que la propiedad que están usando pertenece a Dios, y de que deberán dar cuenta de su mayordomía. En los asuntos comerciales de algunos reina absoluta confusión. Satanás se fija en todo ello y ataca en una oportunidad favorable, y por su manejo de las cosas arrebata muchos recursos de las filas de los observadores del sábado. Y estos recursos van a sus filas. Algunos que son ya ancianos no quieren arreglar sus negocios mundanales, y en un momento inesperado enferman y mueren. Hijos suyos que no tienen interés en la verdad, recogen la propiedad. Satanás lo arregló así para su propia conveniencia. “Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” Lucas 16:11-12.

Me fue revelado el terrible hecho de que Satanás y sus ángeles intervienen más que Dios en el manejo de la propiedad de los que profesan ser hijos de Dios. Los mayordomos de los postreros día son imprudentes. Permiten que Satanás rija sus asuntos comerciales, y dejan pasar a sus filas lo que pertenece a la causa de Dios y debiera estar en ella. Dios se fija en vosotros, mayordomos infieles, y os llamará a dar cuenta. Vi que los mayordomos de Dios pueden, por una administración fiel y juiciosa, manejar sus asuntos en este mundo con exactitud, honradez y rectitud. Y es especialmente el privilegio y deber de los ancianos, de los débiles y de aquellos que no tienen hijos, colocar sus recursos donde puedan ser empleados en la causa de Dios en caso de que los arrebate repentinamente la muerte. Pero vi que Satanás y sus ángeles se regocijan del éxito que han tenido en este mundo. Y aquellos que debieran ser sabios herederos de la salvación, permiten casi voluntariamente que el dinero de su Señor se deslice de sus manos a las filas del enemigo. De esta manera fortalecen el reino de Satanás, y parecen sentirse perfectamente tranquilos al respecto.

Fiadores de los incrédulos

Vi que a Dios le desagrada que su pueblo sea fiador de los incrédulos. Se me indicaron estos textos: “No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas”. Proverbios 22:26. “Con ansiedad será afligido el que sale por fiador de un extraño; mas el que aborreciere las fianzas vivirá seguro”. Proverbios 11:15. ¡Mayordomos infieles! Comprometen lo que pertenece a otra persona -su Padre celestial- y Satanás está dispuesto a ayudar a sus hijos y sacárselo de las manos. Los observadores del sábado no deben ser socios de los incrédulos. Los hijos de Dios confían demasiado en la palabra de los extraños, y piden su consejo cuando no debieran hacerlo. El enemigo hace de ellos sus agentes, y obra por su medio para quitar bienes a los hijos de Dios y afligirlos.

Algunos no tienen tacto para manejar prudentemente los asuntos mundanales. Carecen de las habilidades necesarias, y Satanás se aprovecha de ellos. Cuando así sucede, los tales no deben permanecer ignorantes de su falta. Deben ser bastante humildes para consultar con sus hermanos, en cuyo juicio pueden tener confianza, antes de ejecutar sus planes. Se me indicó este pasaje: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros”. Gálatas 6:2. Algunos no son bastante humildes para permitir que los que tienen más capacidad hagan cálculos para ellos hasta después que siguieron sus propios planes y se vieron en dificultades. Entonces ven la necesidad de obtener el consejo y el juicio de sus hermanos; pero ¡cuánto más pesada que al principio es la carga! Los hermanos no deben recurrir a los tribunales si es posible evitarlo; porque así dan al enemigo gran ventaja para enredarlos y afligirlos. Sería mejor hacer algún arreglo aunque implique cierta pérdida.

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Los juramentos

Vi que algunos de los hijos de Dios han cometido un error con respecto a los juramentos, y Satanás se ha aprovechado de esto para oprimirlos y sacarles el dinero de su Señor. Vi que las palabras de nuestro Señor: “No juréis en ninguna manera” (Mateo 5:34), no se aplican al juramento judicial. “Sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” Mateo 5:37. Esto se refiere a la conversación común. Algunos usan un lenguaje exagerado. Unos juran por su vida; otros por su cabeza, o declaran que están tan seguros de algo como de que viven, o de que tienen cabeza. Algunos toman el cielo y la tierra como testigos de que ciertas cosas son como ellos dicen. Algunos incitan a Dios a que les quite la vida si lo que dicen no es verdad. Contra esta clase de juramento común amonesta Jesús a sus discípulos.

Ciertos hombres han sido colocados sobre nosotros para gobernarnos, y hay leyes que rigen al pueblo. Si no fuera por estas leyes, la condición del mundo sería peor que la actual. Algunas de estas leyes son buenas y otras, malas. Las últimas han estado aumentando, y aún hemos de vernos en dificultades. Pero Dios sostendrá a su pueblo para que se mantenga firme y viva de acuerdo con los principios de su Palabra. Cuando las leyes de los hombres entran en conflicto con la Palabra y la ley de Dios, hemos de obedecer a estas últimas, cualesquiera que sean las consecuencias. No hemos de obedecer la ley de nuestro país que exige la entrega de un esclavo a su amo; y debemos soportar las consecuencias de su violación. El esclavo no es propiedad de hombre alguno. Dios es su legítimo dueño, y el hombre no tiene derecho de apoderarse de la obra de Dios y llamarla suya.

Vi que el Señor tiene algo que hacer todavía con las leyes de la tierra. Mientras Jesús está en el santuario, los gobernantes y el pueblo sienten la restricción del Espíritu de Dios. Pero Satanás domina en extenso grado las masas del mundo, y si no fuera por las leyes de la tierra, experimentaríamos mucho sufrimiento. Se me mostró que cuando es realmente necesario y se llama a los hijos de Dios a testificar en forma legal, ellos no violan la Palabra de Dios al invocarle solemnemente como testigo de que dicen la verdad, y sólo la verdad.

El hombre es tan corrompido que las leyes están destinadas a obligarle a asumir sus responsabilidades. Algunos hombres no temen mentir a sus semejantes; pero se les ha enseñado que es cosa terrible mentir a Dios, y el Espíritu de Dios que los refrena les ha inculcado esta verdad. Se nos dio como ejemplo el caso de Ananías y Safira, su esposa. El asunto es llevado del hombre a Dios, de manera que si alguno da falso testimonio, no lo da ante el hombre, sino ante el gran Dios que lee el corazón y conoce la verdad exacta de cada caso. Nuestras leyes hacen del falso juramento un delito muy grave. Dios imponía a menudo un castigo al que juraba en falso, y a veces mientras el juramento estaba aún en sus labios, el ángel destructor lo derribó. Esto había de aterrorizar a los malhechores.

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Tatiana Patrasco