Testimonios para la Iglesia, Vol. 3, p. 623-630, día 198

Nuestro pueblo está retrocediendo constantemente en cuanto a la reforma pro salud. Satanás ve que no puede tener tal poder controlador sobre ellos como podría tenerlo si se complaciera el apetito. Bajo la influencia de alimentos malsanos la conciencia se embota, la mente se oscurece, y su susceptibilidad a las impresiones se entorpece. Pero la culpa del transgresor no disminuye porque la conciencia violada se entumezca y se vuelva insensible.

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Satanás está corrompiendo las mentes y destruyendo las almas a través de sus tentaciones sutiles. ¿Verá y sentirá nuestro pueblo el pecado de complacer el apetito pervertido? ¿Descartarán el té, el café, la carne y todos los alimentos estimulantes, y dedicarán los medios gastados en estas complacencias dañinas a la diseminación de la verdad? Estos estimulantes sólo causan daño, y sin embargo vemos que un gran número de los que profesan ser cristianos están usando el tabaco. Estos mismos hombres deplorarán el mal de la intemperancia, y mientras hablan contra el uso de los licores expulsarán de su boca el jugo de tabaco. Mientras que un estado saludable de la mente depende de la condición normal de las fuerzas vitales, debiera ejercerse un gran cuidado para que no se usen ni estimulantes ni narcóticos.

El tabaco es un veneno lento, insidioso, y sus efectos son más difíciles de eliminar del sistema que los del licor. ¿Qué poder puede tener el partidario del tabaco para contener el progreso de la intemperancia? Debe haber una revolución en nuestro mundo sobre el tema del tabaco antes que se coloque el hacha a la raíz del árbol. Insistimos aun más en el tema. El té y el café están fomentando el apetito que se está desarrollando por estimulantes más fuertes, como el tabaco y el licor. Y llegamos a un punto más cercano a nosotros: las comidas diarias, las mesas servidas en las casas. ¿Se práctica la temperancia en todas las cosas? ¿Son practicadas allí las reformas que son esenciales para la salud y la felicidad? Cada verdadero cristiano dominará su apetito y pasiones. A menos que se vea libre de la esclavitud del apetito, no puede ser un verdadero y obediente siervo de Cristo. Es la complacencia del apetito y la pasión lo que hace que la verdad no tenga ningún efecto sobre el corazón. Es imposible que el espíritu y el poder de la verdad santifiquen a un hombre—alma, cuerpo y espíritu—, cuando está controlado por el apetito y la pasión.

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“No puedo ir”

“Yo hago una gran obra—dice Nehemías—, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros”. Nehemías 6:3.

El 3 de enero de 1875, me fue mostrado* que el pueblo de Dios no debe cejar por un momento en su vigilancia. Satanás nos sigue la pista. Está resuelto a vencer con sus tentaciones al pueblo que guarda los mandamientos de Dios. Si no le damos lugar, sino que resistimos sus designios, firmes en la fe, tendremos fuerza para apartarnos de toda iniquidad. Los que guardan los mandamientos de Dios serán un poder en la tierra, si viven a la altura de su luz y sus privilegios. Pueden ser modelos de piedad, santos de corazón y conversación. No gozaremos de comodidad, para que no cesemos de orar y ser vigilantes. A medida que se acerca el tiempo en que Cristo ha de revelarse en las nubes de los cielos, las tentaciones de Satanás se intensificarán para con aquellos que guardan los mandamientos de Dios; porque él sabe que su tiempo es corto.

Satanás realizará su obra por medio de agentes. Los ministros que aborrecen la Ley de Dios emplearán cualquier medio de que dispongan para desviar a las almas de su lealtad a Dios. Nuestros peores enemigos se hallarán entre los adventistas del primer día. Su corazón está plenamente resuelto a hacer guerra contra los que guardan los Mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús. Esta clase considera que es una virtud hablar, escribir y actuar con el más acerbo odio contra nosotros. No necesitamos esperar un trato justo de su parte. A muchos de ellos Satanás les inspira una insana iracundia contra los que guardan los Mandamientos de Dios. Seremos vilipendiados y calumniados; todos nuestros motivos y actos serán mal juzgados y se atacará nuestro carácter. De esta manera se manifestará la ira del dragón. Pero vi que no debemos desanimarnos en lo más mínimo. Nuestra fuerza está en Jesús, nuestro Abogado. Si con humildad confiamos en Dios y nos aferramos a sus promesas, nos dará gracia y sabiduría celestial para resistir todas las trampas de Satanás y salir vencedores. 

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En mi reciente visión, vi que no aumentará nuestra influencia ni nos dará favor ante Dios el buscar represalias o descender de nuestra gran obra al nivel de los enemigos para contestar sus calumnias. Hay quienes recurrirán a cualquier especie de engaño y grosera mentira para alcanzar su objetivo y engañar a las almas, y arrojar estigmas sobre la Ley de Dios y sobre aquellos que se deleitan en obedecerla. Repetirán las mentiras más absurdas y viles, hasta creer ellos mismos que éstas constituyen la verdad. Tales son los argumentos más enérgicos que tienen contra el sábado del cuarto mandamiento. No debemos permitir que nos dominen nuestros sentimientos ni nos distraigan de la obra de amonestar al mundo.

Me fue presentado el caso de Nehemías. Estaba empeñado en edificar las murallas de Jerusalén, y los enemigos de Dios habían resuelto que dichos muros no se reedificaran. “Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño”. Nehemías 4:7, 8.

En este caso, un espíritu de odio y de oposición a los hebreos formó el vínculo de unión y creó simpatía mutua entre diferentes grupos de hombres que de otra manera habrían guerreado entre ellos. Esto ilustra bien lo que con frecuencia presenciamos en nuestra época en la unión de personas de diferentes denominaciones para oponerse a la verdad presente, individuos cuyo único vínculo parece ser lo que pertenece a la naturaleza del dragón, y que manifiestan amargura y odio contra el remanente que guarda los mandamientos de Dios. Esto se ve especialmente entre los adventistas que guardan el primer día, los que no guardan ninguno, y los que consideran que todos los días son iguales, que se destacan por la manera en que se odian y se calumnian mutuamente, cuando les dejan tiempo los esfuerzos que hacen para representar falsamente, calumniar y ultrajar de toda manera posible a los adventistas del séptimo día.

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“Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche”. vers. 9. Corremos constantemente el peligro de creer que nos bastamos a nosotros mismos, de confiar en nuestra propia sabiduría y no hacer de Dios nuestra fortaleza. Nada perturba tanto a Satanás como nuestro conocimiento de sus designios. Si sentimos nuestro peligro, sentiremos nuestra necesidad de orar, como la sintió Nehemías, y como él obtendremos esa sólida defensa que nos dará seguridad en el peligro. Si somos negligentes e indiferentes, seremos ciertamente vencidos por los designios de Satanás. Debemos ser vigilantes. Aunque, como Nehemías, recurramos a la oración, llevando todas nuestras perplejidades y cargas a Dios, no debemos creer que no tenemos nada que hacer. Debemos velar y orar. Debemos vigilar la obra de nuestros adversarios, no sea que ellos obtengan ventaja al engañar a las almas. Debemos, en la sabiduría de Cristo, hacer esfuerzos para derrotar sus propósitos, aunque sin permitirles que nos distraigan de nuestra gran obra. La verdad es más fuerte que el error. La justicia prevalecerá sobre el mal.

El pueblo del Señor está procurando reparar la brecha que ha sido hecha en la Ley de Dios. “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. Isaías 58:12-14. 

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Esto perturba a los enemigos de nuestra fe, y ellos emplean todos los medios de que disponen para estorbarnos en nuestra obra. Sin embargo, la muralla derribada se va levantando con firmeza. Se está amonestando al mundo, y muchos ya se apartan de la costumbre de pisotear el sábado de Jehová. Dios acompaña esta obra y el hombre no puede detenerla. Los ángeles de Dios cooperan con los esfuerzos de sus siervos fieles, y la obra progresa constantemente. Encontraremos oposición de toda clase, como la encontraron los que edificaban las murallas de Jerusalén; pero si velamos, oramos y trabajamos como ellos lo hicieron, Dios peleará nuestras batallas y nos dará preciosas victorias.

Nehemías “siguió a Jehová, y no se apartó de él, sino que guardó los mandamientos que Jehová prescribió a Moisés. Y Jehová estaba con él”. 2 Reyes 18:6, 7. Le enviaron repetidas veces mensajeros para solicitar un parlamento, pero él se negó a recibirlos. Los enemigos hicieron audaces amenazas con respecto a lo que se proponían hacer, y mandaron mensajeros a arengar al pueblo que se dedicaba a la obra de reconstrucción. Estos mensajeros presentaron incentivos halagadores y prometieron a los constructores dejarlos libres de restricciones y concederles maravillosos privilegios, si unían sus intereses a los suyos y dejaban su labor de construcción.

Pero se dio al pueblo la orden de no entrar en controversia con sus enemigos y de no contestarles, a fin de no darles la ventaja de las palabras. Los enemigos recurrieron a las amenazas y al ridículo. Dijeron: “Lo que ellos edifican del muro de piedra, si subiere una zorra lo derribará”. Sanbalat “se enojó y se enfureció en gran manera, e hizo escarnio de los judíos”. Nehemías oró así: “Oye, oh Dios nuestro, que somos objeto de su menosprecio, y vuelve el baldón de ellos sobre su cabeza”.

“Y les envié mensajeros, diciendo: Yo hago una gran obra, y no puedo ir; porque cesaría la obra, dejándola yo para ir a vosotros. Y enviaron a mí con el mismo asunto hasta cuatro veces, y yo les respondí de la misma manera. Entonces Sanbalat envió a mí su criado para decir lo mismo por quinta vez, con una carta abierta en su mano”. Nehemías 4:3, 1, 4; 6:3-5.

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Encontraremos la más feroz oposición de parte de los adventistas que se oponen a la ley de Dios. Pero, como los que edificaron las murallas de Jerusalén, no debemos dejarnos distraer ni estorbar de nuestra obra por los informes, por los mensajeros que desean entrar en discusión o controversia, ni por las amenazas amedrentadoras, la publicación de mentiras, o ninguno de los recursos que Satanás pueda instigar. Nuestra respuesta debe ser: Estamos empeñados en una gran obra y no podemos ir. A veces no sabremos qué conducta debemos seguir para preservar el honor de la causa de Dios y vindicar su verdad. 

La conducta de Nehemías debiera ejercer una gran influencia sobre nuestra mente acerca de cómo hacer frente a esta clase de oponentes. Debemos llevar todas estas cosas al Señor en oración, como lo hizo Nehemías cuando dirigió sus súplicas a Dios con espíritu humillado. Se aferró a Dios con fe inquebrantable. Tal es la conducta que debemos seguir. El tiempo es demasiado precioso para que los siervos de Dios se dediquen a vindicar su propio carácter calumniado por los que aborrecen el sábado del Señor. Debemos avanzar con confianza inquebrantable, creyendo que Dios dará a su verdad grandes y preciosas victorias. Con humildad, mansedumbre y pureza de vida, confiados en Jesús, debemos ir acompañados de un poder convincente de que tenemos la verdad.

No entendemos como nos es dado entenderlas la fe y la confianza que podemos depositar en Dios, y las grandes bendiciones que la fe nos dará. Nos espera una obra importante. Debemos obtener idoneidad moral para el cielo. Nuestras palabras y nuestro ejemplo deben hacerse sentir sobre el mundo. Los ángeles de Dios están activamente empeñados en ministrar a los hijos de Dios. Nos han sido hechas preciosas promesas a condición de que obedezcamos a los requerimientos de Dios. El cielo está lleno de las más ricas bendiciones que esperan todas para sernos comunicadas. Si sentimos nuestra necesidad y acudimos a Dios con sinceridad y fe ferviente, seremos puestos en íntima comunión con el cielo y seremos conductos de luz para el mundo.

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Es necesario que se haga resonar a menudo la amonestación: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. 1 Pedro 5:8. 

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