Testimonios para la Iglesia, Vol. 5, p. 318-327, día 297

Zaqueo declaró: “Si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado”. Lucas 19:8. Por lo menos pudo usted haber hecho algún esfuerzo para corregir sus acciones de injusticia hacia su prójimo. No puede corregir todos los casos, ya que algunas de las personas a quienes causó daño han bajado a la tumba y la cuenta está registrada en contra suya. En estos casos, lo mejor que puede hacer es presentar una ofrenda de expiación ante el altar del Señor, y el lo aceptará y perdonará. Pero hasta donde sea posible, debe compensar a los hermanos perjudicados. 

Si los incrédulos con quienes se asociaba hubiesen observado en usted el poder transformador de la verdad, de hecho hubieran recibido un argumento en favor del cristianismo que no podrían refutar. De esa manera usted hubiera proyectado al mundo una luz clara y definida; pero en lugar de hacerlo, se ha entremezclado con el mundo y empapado de su espíritu. Hermano mío, usted necesita nacer de nuevo. Una mera apariencia de cristianismo no es de ningún valor. Carece de poder salvador y de energía renovadora. La religión que se limita al culto sabático no alumbra la vida de los demás. Le ruego que examine de cerca su propio corazón. Usted tiene un espíritu combativo y contencioso que en lugar de reprimir, cultiva. Haga un cambio decidido en su vida y cultive la mansedumbre, la fe, la humildad y el amor. Su alma está en peligro; seguramente estará sujeto a los poderosos engaños de Satanás, a menos que se detenga donde está y arremeta contra la corriente de mundanalidad y ambición. Sus relaciones con el mundo tienen que cambiar y una decidida separación tiene que llevarse a cabo. Tiene que abandonar los puestos que ocupa, los cuales continuamente abren ante usted puertas de tentación. Evite la política; apártese de la contienda y de todo puesto que fomente en su carácter los rasgos que necesitan ser derribados y vencidos.

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Hermano mío, usted debe esforzarse firme y decididamente, de lo contrario nunca podrá librarse de las obras de las tinieblas. Satanás lo considera suyo. Cuando usted escucha los testimonios de los siervos de Dios, como en el último congreso campestre, queda profundamente convencido. Pero no responde a las impresiones del Espíritu de Dios; y al relacionarse con personas mundanas, absorbe el espíritu de ellas y es llevado por la corriente mundanal, desprovisto de la fuerza moral necesaria para resistir su influencia. Se une a los que aman al mundo y su espíritu es peor que el de ellos, ya que su elección es voluntaria. A usted le gusta la alabanza de los hombres y ama las posesiones materiales más que a Jesús. El amor por Mammón se ha entretejido en todas las fibras de su ser y se ha hecho cautivador. Desarraigarlo sería como sacarse el ojo derecho o cortarse el brazo derecho. Pero le hablo como quien sabe lo que dice: A no ser que venza este amor intenso por el dinero, le costará la salvación de su alma, y entonces le hubiera sido mejor nunca haber nacido. 

“No podéis servir a Dios y a Mammón”. Mateo 6:24. En la medida que ame y acaricie el espíritu del mundo, albergará un espíritu de obstinación y dudará y buscará faltas en los que le presentan el mensaje de la verdad. Ridiculizará la verdad y se convertirá en un falso testigo, en un acusador de los hermanos. Los talentos que Dios le ha dado con el propósito de que fuesen incrementados para su gloria, se emplearán activamente contra su obra y su causa. No hay concordia entre Cristo y Belial. Ya ha escogido usted la amistad con el mundo, se ha colocado decididamente de parte de Satanás. El corazón natural está en enemistad contra Dios y se opondrá a la más clara evidencia en favor de la verdad. Los impíos no resistirán la luz que condena su camino equivocado. 

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Ha expuesto su corazón a la duda y al escepticismo, pero nunca podrá usted ser un incrédulo sincero. Se jactará de que no cree en la Biblia; pero estaría incriminándose a sí mismo porque en su fuero interior sabe que su actitud no es correcta. 

Le ruego que se esfuerce sinceramente para obtener la vida eterna. Rompa los lazos de Satanás; luche contra sus artificios. Sean éstas las palabras de su alma: “No hay nada en el universo que tema más que desconocer todo mi deber o que, conociéndolo, no lo cumpla”. “Poneos del lado de Jesús”, fueron las palabras de un santo agonizante. Sí, hermano I, póngase del lado de Jesús. Hacerlo requerirá el máximo esfuerzo. Tendrá tal vez que cambiar de puesto en el mundo; pero el renombre, la eminencia y el puesto son un tropiezo para usted y un peligro para su alma. Una sabiduría mundanal y calculadora procura apartarlo del Salvador continuamente. Una impiedad atrevida, desafiante y blasfema intentará aplastar su Evangelio, no solamente dentro de su propia alma, sino en el mundo. Empero, póngase del lado de Jesús. En presencia de sus familiares y amigos, en todas sus relaciones comerciales, en sus asociaciones con el mundo, dondequiera, en todo lugar y bajo toda circunstancia, póngase del lado de Jesús. 

El amor entre los hermanos

Hermanos y hermanas de _____,Mi mente ha estado extremadamente turbada por vuestra condición. No he podido dormir, y me levanto a medianoche para escribirle a J y a vosotros como iglesia. No sé cuál hubiera sido la condición de J en el momento actual si vosotros lo hubieseis tratado en forma cristiana, algo que todo hijo de Dios debiera hacer en casos semejantes. Algunos de vosotros no podréis comprender mis palabras, porque vuestro propio proceder os ha colocado en un estado de discernimiento no santificado. Habéis permitido que en vuestro corazón entrasen sentimientos fuertes y duros hacia él y habéis justificado el trato de indiferencia y desprecio que le habéis dado. Creéis que mediante su incredulidad y su equivocado proceder, él sin duda estaba perjudicando la iglesia y poniendo en peligro las almas, de manera que no os interesa relacionaros con él. Pero ¿estaréis vosotros mismos dispuestos a examinar bien de cerca cada palabra y acto vuestro a la luz de la gran norma de justicia de Dios, para que podáis recordarlos y compararlos con la vida de Jesús? Si habéis estado haciendo la voluntad de Dios, entonces su luz y su aprobación acompañarán vuestros esfuerzos y disfrutaréis de prosperidad. Me gustaría que cada uno de los miembros de esta iglesia, que una vez fue próspera, comenzara a reconstruir junto a su propia casa. Cuando ellos vean su proceder en su verdadera luz, sabrán que erraron gravemente al permitir que su propio espíritu criticador y farisaico gobernara sus lenguas y se manifestara en su trato con los hermanos. Esta aspereza no cristiana ha excluido a Jesús de la iglesia y ha traído un espíritu de disensión. Ha fomentado una tendencia a juzgar, condenar y odiar a los que no ven las cosas desde el mismo punto de vista que vosotros. Aun cuando vuestros hermanos digan y hagan muchas cosas que verdaderamente os lastimen, ¿los echaréis a un lado, diciendo: “Yo soy más santo que tú”? 

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“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16, 20. Cristo no ha sido revelado en vuestro comportamiento con algunos que estaban más cerca del reino que algunos de vosotros mismos. El Señor os ha revelado el mal que habéis hecho a sus hijos: vuestra falta de misericordia y amor, vuestra determinación de controlar la mente de los demás y de obligarlos a ver las cosas igualmente que vosotros. Y cuando os llegó la luz, ¿cómo procedisteis? ¿Admitisteis sencillamente que estabais equivocados, o confesasteis de corazón vuestro error, humillando vuestros orgullosos corazones ante Dios? ¿Abandonasteis vuestros caminos para aceptar las enseñanzas de Dios? ¿Fuisteis a ver a los mismos que habíais lastimado y herido, diciéndoles: “He estado equivocado; he pecado contra vosotros. Perdonadme. He fallado; he obrado conforme a mi propio espíritu. Tenía celo, pero no según el perfecto conocimiento. Era el espíritu de Jehú, no la mansedumbre y humildad de Cristo. La Palabra de Dios enseña: ‘Confesaos vuestras faltas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados’. Santiago 5:16. Os ruego que oréis por mí para que Dios me perdone por el apuro y la angustia que os he ocasionado”? 

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Si los que habéis tomado parte en esta obra de zaherir y condenar no os habéis arrepentido de corazón, entonces la luz, la paz y el gozo no entrarán en vuestras almas. Cuando seáis cuidadosos, bondadosos y tiernos con vuestros hermanos, en la misma medida que habéis sido insensibles, implacables y opresivos, confesaréis vuestras faltas y haréis restitución hasta donde sea posible; y cuando hayáis hecho todo lo que podáis de vuestra parte, podréis pedir que el Señor haga lo que es imposible para vosotros hacer: sanar las heridas que causasteis, perdonaros y borrar vuestras transgresiones. Cuando los que yerran resisten con insistencia la confesión de algún mal que se les ha señalado claramente, demuestran que están controlados por sus propias naturalezas indomables y no santificadas, y no por el espíritu del Evangelio de Cristo.

Si Dios alguna vez ha hablado por mi intermedio, entonces tenéis una tarea de arrepentimiento muy seria que realizar, por haber desplegado ante los que yerran el aspecto satánico de vuestro carácter, no sólo mediante vuestra frialdad e indiferencia, sino por el descuido y el desprecio. Si ellos de veras están en oscuridad y están haciendo cosas que ponen sus almas en peligro, debierais manifestar un interés aún mayor por ellos. Demostradles que a la vez que os mantenéis leales a los principios y no os desviaréis de lo correcto, también amáis sus almas. Hacedles saber mediante vuestras palabras y hechos que no albergáis un espíritu de venganza ni represalia, sino que por amor a ellos sacrificaréis vuestros sentimientos y subyugaréis el yo. Representad a Jesús, nuestro Modelo; manifestad su Espíritu en todo tiempo y bajo toda circunstancia, y haya en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús. Vuestros caminos no han sido los caminos de Dios; vuestra voluntad no ha sido la voluntad de Dios. La preciosa planta del amor no ha sido cultivada ni regada por el rocío de su gracia. El amor propio, la justificación propia y la autocomplacencia, han ejercido una fuerza dominadora. 

¿Qué ha hecho Jesús por vosotros, y qué sigue haciendo continuamente por vosotros? ¿Qué poseéis que no se os haya dado? Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”. “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quita; y todo aquel que lleva fruto lo limpia, para que lleve más fruto”. Juan 15:5, 2. Los pámpanos no sostienen a la vid, sino que la vid sostiene y nutre a los pámpanos. La iglesia no sostiene a Cristo, sino que Cristo, mediante su poder vital, sostiene a la iglesia. No basta ser un pámpano; hemos de ser pámpanos fructíferos. “El que permanece en mí y yo en él”, declaró Jesús, “éste lleva mucho fruto”. Juan 15:5. Pero si el fruto que se produce resulta ser el de maleza espinosa, es evidente que no somos pámpanos de la Vid viviente.

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La vida es una disciplina. Mientras esté en el mundo, el creyente arrostrará influencias adversas. Habrá provocaciones que prueben su genio; y es afrontándolas con el espíritu debido como se desarrollan las gracias cristianas. Si se soportan mansamente las injurias y los insultos, si se responde a ellos con contestaciones amables, y a los actos de opresión con la bondad, se dan evidencias de que el Espíritu de Cristo mora en el corazón, y de que fluye la savia de la Vid viviente por los pámpanos. En esta vida estamos en la escuela de Cristo, donde hemos de aprender a ser mansos y humildes de corazón; en el día del ajuste final de cuentas veremos que todos los obstáculos que encontramos, todas las penurias y molestias que fuimos llamados a soportar, eran lecciones prácticas en la aplicación de los principios de la vida cristiana. Si se soportan bien, desarrollan en el carácter virtudes como las de Cristo, y distinguen al cristiano del mundano. 

Debemos alcanzar una alta norma si queremos ser hijos de Dios, nobles, puros, santos y sin mancha; la poda es necesaria si queremos alcanzar esta norma. ¿Cómo se lograría esta poda si no hubiese dificultades que arrostrar, ni obstáculos que superar, ni nada que exigiese paciencia y tolerancia? Estas pruebas no son las bendiciones más pequeñas de nuestra vida. Están destinadas a inspirarnos la resolución de obtener éxito. Debemos emplearlas como medios divinos para ganar victorias decisivas sobre nosotros mismos, en vez de permitir que nos estorben, opriman y destruyan. 

El carácter será probado. Cristo se revelará en nosotros si somos verdaderamente pámpanos de la Vid viviente. Seremos pacientes, bondadosos y tolerantes, alegres en medio de las inquietudes e irritaciones. Día tras día y año tras año, venceremos al yo, y creceremos en un noble heroísmo. Esta es la tarea que nos ha sido dada; pero no puede realizarse sin ayuda continua de Jesús, decisión resuelta, propósito inquebrantable, vigilancia continua y oración incesante. Cada uno tiene una batalla personal que pelear. Cada uno debe abrirse paso entre luchas y desalientos. Los que se niegan a luchar, pierden la fuerza y el gozo de la victoria.

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Nadie, ni siquiera Dios, puede llevarnos al cielo a menos que hagamos de nuestra parte el esfuerzo necesario. Debemos enriquecer nuestra vida con rasgos de belleza. Debemos extirpar los rasgos naturales desagradables que nos hacen diferentes de Jesús. Aunque Dios obra en nosotros para querer y hacer su beneplácito, debemos obrar en armonía con él. La religión de Cristo transforma el corazón. Dota de ánimo celestial al hombre de ánimo mundanal. Bajo su influencia, el egoísta se vuelve abnegado, porque tal es el carácter de Cristo. El deshonesto y maquinador, se vuelve de tal manera íntegro, que viene a ser su segunda naturaleza hacer a otros como quisiera que otros hiciesen con él. El disoluto queda transformado de la impureza a la pureza. Adquiere buenos hábitos porque el Evangelio de Cristo llegó a ser para él un sabor de vida para vida.

Ahora, mientras dura el tiempo de gracia, no le incumbe a uno pronunciar sentencia contra los demás, y considerarse un hombre modelo. Cristo es nuestro modelo; imitadle, asentad vuestros pies en sus pisadas. Podéis profesar seguir todo punto de la verdad presente, pero a menos que practiquéis esas verdades, de nada os valdrá. 

No hemos de condenar a los demás; tal no es nuestra obra, sino que debemos amamos unos a otros, y orar unos por otros. Cuando vemos a uno apartarse de la verdad, podemos llorar por él como Cristo lloró sobre Jerusalén. Veamos lo que dice nuestro Padre celestial en su Palabra acerca de los que yerran: “Hermanos, si alguno fuere tomado en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restaurad al tal con el espíritu de mansedumbre; considerándote a ti mismo, porque tú no seas también tentado”. “Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le convirtiere, sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados” Gálatas 6:1; Santiago 5:19, 20. ¡Cuán grande es esta obra misionera!

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¡Cuánto más parecida al carácter de Cristo que la costumbre de los pobres mortales falibles que están siempre acusando y condenando a aquellos que no llenan exactamente sus requisitos! Recordemos que Jesús nos conoce individualmente, y se compadece de nuestras flaquezas. Conoce las necesidades de cada una de sus criaturas, y la pena oculta e inexpresada de cada corazón. Si se perjudica a uno de los pequeñuelos por los cuales murió, lo ve y pedirá cuenta al ofensor.

Jesús es el buen Pastor. El se interesa por sus ovejas débiles, enfermizas y errabundas. Las conoce a todas por nombre. La angustia de cada oveja y de cada cordero de su rebaño conmueve su corazón de amor y simpatía; y llega a su oído el clamor que pide ayuda. Uno de los mayores pecados de los pastores de Israel fue así señalado por el profeta: “No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma: no vendasteis la perniquebrada, ni volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase ni quien preguntase por ellas”. Ezequiel 34:4-6. 

Jesús se interesa en cada uno como si no hubiese otra persona en toda la tierra. Como Dios, ejerce gran poder en nuestro favor, mientras que como Hermano mayor nuestro, siente todas nuestras desgracias. La Majestad del cielo no se mantuvo alejada de la humanidad degradada y pecaminosa. No tenemos Sumo Sacerdote tan ensalzado y encumbrado, que no pueda fijarse en nosotros o simpatizar con nosotros, sino que fue tentado en todas las cosas como nosotros, aunque sin pecar. 

Cuán diferente de ese espíritu es el sentimiento de indiferencia y desprecio manifestado por algunos en _____ hacia J y los que fueron afectados por su influencia. Si alguna vez se necesitó la gracia transformadora de Dios, fue en esa iglesia. Al juzgar y condenar a un hermano, emprendieron una obra que Dios no confió nunca a sus manos. La dureza de corazón y un espíritu de censura y condenación tendiente a destruir la individualidad y la independencia, se entretejieron con su experiencia cristiana y desterraron de su corazón el amor de Jesús. Apresuraos, hermanos, a sacar estas cosas de vuestra alma antes que se diga en el cielo: “El que es injusto, sea injusto todavía: y el que es sucio, ensúciese todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía”. Apocalipsis 22:11.

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Tendréis que hacer frente a muchas perplejidades en vuestra vida cristiana en relación con la iglesia; pero no os esforcéis demasiado por amoldar a vuestros hermanos. Si veis que ellos no satisfacen los requerimientos de la Palabra de Dios, no los condenéis; si ellos os provocan, no respondáis de la misma manera. Cuando se dicen cosas exasperantes, no dejéis que la inquietud domine vuestra alma. Veis en otros muchas cosas que parecen malas, y queréis corregirlas. Comenzáis en vuestra propia fuerza a trabajar por una reforma; pero no la emprendéis de la debida manera. Debéis trabajar por los que yerran con un corazón subyugado, enternecido por el Espíritu de Dios, y dejar que el Señor obre por vosotros como agentes. 

Descargad vuestra preocupación sobre Jesús. Sentís que el Señor debe encargarse del caso cuando Satanás está contendiendo por predominar sobre algún alma; pero debéis hacer lo que podéis con humildad y mansedumbre, y poner en las manos de Dios la obra enmarañada, los asuntos complicados. Seguid las indicaciones de su Palabra, y confiad el resultado a su sabiduría. Habiendo hecho todo lo que podíais para salvar a vuestro hermano, dejad de acongojaros, y atended con calma otros deberes apremiantes. Ya no es más vuestro asunto, sino el de Dios. 

No cortéis el nudo de la dificultad con impaciencia, haciendo desesperados los asuntos. Dejad que Dios desenrede los hilos enmarañados. El es bastante sabio para manejar las complicaciones de nuestra vida. El tiene habilidad y tacto. No podemos ver siempre sus planes; debemos esperar con paciencia que se revelen, y no minarlos y destruirlos. El los revelará a nosotros a su debido tiempo. Busquemos la unidad, cultivemos el amor y la conformidad con Cristo en todas las cosas. El es la fuente de unidad y fuerza; pero no habéis buscado la unidad cristiana, para vincular los corazones en amor. 

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Hay trabajo para vosotros en la iglesia y fuera de ella “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”. Juan 15:8. El fruto que llevamos es la única cosa que prueba el carácter del árbol delante del mundo. Es la demostración de nuestro discipulado. Si nuestras obras son de tal carácter que, como pámpanos de la Vid viviente, producimos ricos racimos de preciosas frutas, exhibimos ante el mundo el distintivo de Dios como sus hijos e hijas. Somos epístolas vivientes, conocidas y leídas de todos los hombres. 

Ahora, temo que no hagáis la obra que debéis hacer para redimir lo pasado y llegar a ser pámpanos vivos que lleven fruto. Si hacéis como Dios quiere que hagáis, su bendición penetrará en la iglesia No habéis sido bastante humildes todavía para hacer una obra cabal y satisfacer el propósito del Espíritu de Dios. Ha habido justificación y complacencia propias, vindicación personal, cuando debiera haber habido humillación, contrición y arrepentimiento. Debéis apartar toda piedra de tropiezo, y hacer “derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera del camino”. Hebreos 12:13. No es demasiado tarde para corregir los males; pero no debéis sentir que sois sanos y no os hace falta médico, porque necesitáis ayuda. Cuando vayáis a Jesús con corazón quebrantado, él os ayudará y bendecirá, y saldréis a la obra del Maestro con valor y energía. La mejor evidencia de que estáis en Cristo es el fruto que lleváis. Si no estáis verdaderamente unidos a él, vuestra luz y vuestro privilegio os condenarán y arruinarán. 

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