Testimonios para la Iglesia, Vol. 8, p. 86-95, día 422

El desierto de por sí no posee ninguna gloria ni excelencia, y al Señor es debido todo honor por la transformación producida. Esta gran obra proviene de Dios. Por lo tanto, no ensalcéis a los hombres en quienes Dios obra de una manera especial. Glorificad a Dios, y él seguirá trabajando [en vosotros]. 

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El Señor tiene una obra especial para su pueblo en este tiempo. Él dice: “Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles”. Esta es la tarea precisa que el apóstol les encomienda a las iglesias: “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados …”. Hebreos 12:12-15. 

Ruego al Señor que ahora más que nunca antes tanto ministros como miembros de iglesia acudan en ayuda del Señor contra las poderosas potestades de las tinieblas. Estudiad con oración el capítulo diecisiete de Juan. Este capítulo no solamente debe leerse repetidas veces; sus verdades deben ser comidas y asimiladas. “Y por ellos -oró Cristo- yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:19-23. 

¿Olvidaremos siempre estas palabras, que son de tan maravilloso significado para nosotros? Dios pide a aquellos que profesan ser sus hijos que estudien estas palabras, que las coman, que las vivan. Les pide que procuren la unidad y el amor, de lo contrario su candelero será quitado de su lugar. 

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Una advertencia descuidada

Santa Helena, California,

noviembre de 1901.

“He aquí yo pongo hoy delante de vosotros la bendición y la maldición: la bendición si oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os prescribo hoy, y la maldición si no oyereis los mandamientos de Jehová vuestro Dios y os apartareis del camino que yo os ordeno hoy, para ir en pos de dioses ajenos que no habéis conocido”. Deuteronomio 11:26-28. 

“Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando a Jehová vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados, y comerás y te saciarás. Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os da Jehová”. vers. 13-17.

“Por tanto, pondréis mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos. Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas; para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra”. vers. 18-21. 

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Si los adventistas del séptimo día hubieran andado en los caminos del Señor, rehusando ser dominados por intereses egoístas, el Señor los habría bendecido abundantemente. Los que quedaron en Battle Creek, contrariamente a la voluntad del Señor, han perdido la preciosa lección y el conocimiento espiritual que habrían obtenido por su obediencia. Muchos de entre ellos han perdido el favor de Dios. El corazón mismo de la obra quedó congestionado. Por mucho tiempo fue dada la advertencia, pero no se hizo caso de ella. La razón de esta desobediencia es que el corazón y la mente de muchos en Battle Creek no están bajo la influencia del Espíritu Santo. Esas personas no comprenden cuánto trabajo queda por hacer. Están adormecidas. 

Cuando los adventistas del séptimo día se establecen en ciudades donde ya existe una iglesia grande, no están en su debido lugar y su espiritualidad se debilita más y más. Sus hijos están expuestos a numerosas tentaciones. Hermanos míos, a menos que seáis imprescindibles para el adelanto de la obra en un tal lugar, sería mucho más prudente que fuerais a un lugar donde la verdad no ha penetrado aún, y os esforzarais en dedicar vuestra capacidad a la obra del Maestro. Realizad grandes esfuerzos para crear un interés en la verdad presente. El trabajo hecho de casa en casa es de eficacia cuando es hecho con un espíritu cristiano. Celebrad reuniones y haced que sean interesantes. Recordad que esto exige algo más que una predicación. 

Muchos de los que han vivido por largo tiempo en un mismo lugar pasan su tiempo criticando a los que trabajan por convencer y convertir a los pecadores. Critican los motivos y las intenciones de los demás, como si fuera imposible que nadie trabaje desinteresadamente en la obra que ellos mismos rehúsan cumplir. Constituyen piedras de tropiezo. Si fueran a los lugares donde no hay creyentes, y si allí se dedicasen a ganar almas para Cristo pronto estarían tan ocupados proclamando la verdad y socorriendo a los que sufren, que no les quedaría tiempo para disecar los caracteres, para sospechar el mal en otros y luego divulgar los resultados de su pretendida habilidad de discernir lo que hay debajo de las apariencias. 

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Vayan al campo de la mies para sembrar y segar para el Maestro los que hayan vivido mucho tiempo en lugares donde hay grandes iglesias. En su anhelo de salvar almas, se olvidarán de ellos mismos. Verán que hay tanta obra que hacer, tantos semejantes a quienes ayudar, que no tendrán tiempo para rebuscar las faltas ajenas ni para obrar negativamente. 

La reunión de un gran número de creyentes en un mismo lugar tiende a excitar la crítica y la calumnia. Muchos se enfrascan en la ocupación de mirar y escuchar el mal. No piensan en el gran pecado que cometen así; olvidan que las palabras pronunciadas no pueden ya ser retiradas, y que por sus sospechas están sembrando semillas que traerán malos frutos. Nadie conocerá la abundancia de esa cosecha hasta el día postrero, cuando los pensamientos, todas las palabras y todas las acciones se traerán a juicio. 

Las palabras atolondradas o poco amables se exageran al repetirse. Cada cual añade algo, de tal manera que el falso relato adquiere pronto considerable extensión. De este modo, se comete una gran injusticia. Por las sospechas y los juicios injustos, los calumniadores se perjudican ellos mismos y siembran en la iglesia las semillas de la discordia. Si pudieran ver las cosas como Dios las ve, cambiarían de actitud; comprenderían entonces cómo descuidaron la obra que se les confiara, mientras censuraban a sus hermanos y hermanas

El tiempo gastado en criticar las intenciones y las acciones de los siervos del Señor sería mejor empleado en la oración. Si los que buscan faltas en los demás conocieran la verdad referente a los mismos a quienes critican, a menudo tendrían otra opinión acerca de ellos. En vez de criticar y condenar a los otros, sería mejor que cada cual dijese: “Debo trabajar para mi propia salvación. Si coopero con Cristo, quien desea salvar mi alma, debo velar diligentemente sobre mí mismo; debo arrancar de mi vida todo lo malo; debo ser una nueva criatura en Cristo; debo vencer todos mis defectos. Así que, en vez de debilitar a aquellos que luchan contra el mal, debo fortalecerlos con palabras de aliento”. 

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Aquellos que han usado el talento del habla para desanimar a los siervos de Dios ocupados en el adelanto de la causa de Dios y en hacer planes para dominar la oposición, deben pedir perdón a Dios por el daño que han hecho a su obra por medio de sus prejuicios malvados y sus palabras poco amables. Mediten en el daño que han hecho divulgando falsos informes y juzgando a aquellos cuyos casos no les toca juzgar. 

La Palabra de Dios nos da indicaciones precisas con referencia a lo que debemos hacer cuando pensamos que un hermano está en el error. Cristo dice: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”. “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. Mateo 18:15-17; 5:23, 24. 

“Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho”. Salmos 15. 

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”. Mateo 7:1-5. 

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Juzgar no es una cosa baladí. Recordad que muy pronto el relato de vuestra vida pasará bajo la mirada de Dios. Recordad que él dijo también: “Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios!”. Romanos 2:1-3. 

Los que vinieron a Battle Creek cuando tenían una obra que hacer en la iglesia que abandonaron, perdieron su espíritu misionero y su discernimiento espiritual al venir a Battle Creek. Allí conocieron un fariseísmo, una justicia propia que es siempre engañosa. Constituye una apariencia de piedad, pero sin eficacia. 

Cuando el poder de la verdad se sienta en el corazón, cuando los principios de la verdad sean incorporados en la vida diaria, habrá un gran movimiento de reforma en la iglesia de Battle Creek. Pronto se han de cumplir las palabras: “A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más…”. Ezequiel 21:27. Por ahora no sabemos exactamente cuándo se llevará a cabo la dispersión en Battle Creek. Aquellos que se mudaron a Battle Creek sin haber tenido ningún llamamiento del Señor, se marcharán. 

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Los obreros fervientes no tienen tiempo para espaciarse en los defectos ajenos. Contemplan al Salvador, y contemplándolo son transformados de acuerdo a su semejanza. Él es Aquel cuyo ejemplo hemos de seguir en la formación de nuestro carácter. En su vida terrenal reveló claramente la naturaleza divina. Debemos esforzarnos por ser perfectos en nuestra esfera como él es perfecto en la suya. No deben los miembros de su iglesia seguir siendo indiferentes con respecto a la formación de un carácter correcto. Colocándose bajo la influencia modeladora del Espíritu Santo, han de adquirir un carácter que refleje el divino. 

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El resultado de la reforma

Santa Helena, California,

26 de septiembre de 1901.

Estimado hermano Daniells,

Ayer por la mañana leí su carta, en la que usted expresa su ferviente deseo de ver que se envíe un grupo de obreros esforzados a la India y a la China y otros países orientales. Anoche me fue dada instrucción de que por el momento nuestros esfuerzos principales no han de ser en favor de la China o de otros campos semejantes. Primero tenemos una obra que hacer dentro del país. Todas nuestras instituciones: nuestros sanatorios, casas publicadoras y escuelas, han de alcanzar una norma más elevada. Entonces los obreros enviados a campos extranjeros alcanzarán una norma más elevada. Serán más fervientes, más espirituales, y su labor más efectiva. 

Hace años el Señor me dio indicaciones especiales de que se deben construir edificios en varias zonas de los Estados Unidos, Europa, y otras tierras para la publicación de literatura que contenga la luz de la verdad presente. La instrucción dada por él fue que se hiciera el mayor esfuerzo posible para enviar desde la imprenta los mensajes de invitación y advertencia al mundo. Algunos serán alcanzados por nuestra literatura, cuando no lo serían de ninguna otra manera. De nuestros libros y periódicos han de brotar los rayos de luz que iluminarán al mundo con la verdad presente. 

Los obreros que no aprovechan los recursos que reciben en conexión con la causa de Dios no deben ser traídos a nuestras oficinas de publicación. Tampoco debiera introducirse material censurable en estas instituciones porque al hacerlo la verdad sagrada de Dios es colocada al mismo nivel del material común y corriente. Y cuando se acepta trabajo que viene de afuera, hay que emplear un correspondiente y elevado número de obreros. Esto crea inquietud y confusión. 

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Me ha sido mostrado que se están cometiendo errores en nuestras casas publicadoras. Hay un constante incremento de maquinaria costosa para hacer trabajo de tipo comercial. Se ha admitido una gran cantidad de trabajo que no guarda ninguna relación con la obra que con fe y amor ha de llevarse a cabo para la salvación de los seres humanos. El tiempo y el talento se han utilizado en hacer una clase de trabajo que no glorifica a Dios. Se ha gastado mucho esfuerzo en líneas de trabajo que no hacen nada para diseminar el conocimiento de la verdad. 

Ya es tiempo de que se dé la debida consideración a este asunto. Este error debe ser corregido. No es sabio gastar dinero para establecer empresas que consumen y no producen. Algunos reclaman que se necesita más espacio en las casas publicadoras. Pero hay amplio espacio en ellas, y cuando se proceda correctamente, verán que es suficiente. 

Debiera recibirse mucho menos material de tipo comercial en nuestras oficinas de publicación, y ninguno del que contiene opiniones satánicas. La introducción de tal material destruye todo sentido de lo sagrado en la institución. La institución entera se rebaja. Cuando se mezcla lo profano con lo sagrado, existe siempre el peligro de que lo profano tome el lugar de lo sagrado. 

¿Cómo considera el Señor el uso de las imprentas de sus instituciones para imprimir los errores del enemigo? Cuando se mezcla el material indeseable con el sagrado que sale de nuestras imprentas, su bendición no puede descansar sobre el trabajo hecho. Dijo el divino Maestro: “¿Qué habéis ganado con admitir este trabajo ajeno? Os ha causado mucha aflicción de espíritu; y los trabajadores han tenido que apresurarse para terminar el material dentro de un tiempo limitado. Esto ha ocasionado confusión y disensión. Se han pronunciado palabras duras y se ha introducido en la oficina un espíritu desagradable. La ganancia financiera no se puede de ninguna manera comparar con la pérdida que se ha sufrido al tener que andar apresurando, obligando, regañando, y quejándose”. 

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