Testimonios para la Iglesia, Vol. 9, p. 113-119, día 461

En cada iglesia hay que elegir a hombres y mujeres jóvenes para que lleven responsabilidades. Dejad que hagan todo esfuerzo necesario para capacitarse a fin de ayudar a los que conocen la verdad. Dios necesita obreros fervientes y firmes. Los humildes y contritos aprenderán por experiencia personal que no existe salvador fuera de él.

La verdad bíblica debe ser predicada y practicada. Cada rayo de luz recibido debe hacerse brillar en forma clara y evidente. La verdad debe destacarse como una lámpara de poderosa luz. Hay cientos de siervos de Dios que deben responder a este llamamiento y salir al campo como obreros fervorosos dispuestos a ganar almas, que acuden en ayuda del Señor para combatir a los poderosos. Dios llama a hombres vivos, que estén llenos de la influencia vivificadora de su Espíritu, hombres que consideren a Dios como Legislador Supremo y reciban de él abundante prueba del cumplimiento de sus promesas, hombres que no sean tibios, sino entusiastas y fervorosos con su amor.

Si la influencia que se ha ejercido sobre las iglesias durante los veinte años pasados volviera a ejercerse sobre ellas, fracasaría, tal como fracasó en el pasado, y no convertiría a los miembros en seguidores de Cristo abnegados y capaces de llevar su cruz. Muchos han sido sobrealimentados con alimento espiritual, mientras en el mundo hay miles que perecen sin el pan de vida. Los miembros de la iglesia deben trabajar; deben educarse a sí mismos para alcanzar la elevada norma que se ha puesto ante ellos. El Señor les ayudará a conseguirlo, si colaboran con él. Si guardan sus propias almas en el amor de la verdad, no impedirán que los ministros presenten la verdad en nuevos campos.

Las grandes ciudades debieran haber sido trabajadas poco después que las iglesias recibieron la luz, pero muchos no han experimentado ninguna preocupación por las almas, y Satanás, al encontrarlos susceptibles a sus tentaciones, ha echado a perder su experiencia. Dios pide a su pueblo que se arrepienta, que se convierta y que vuelva a su primer amor, que perdieron porque no lograron seguir los pasos de su abnegado Redentor.

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Con valor y sencillez

Ha llegado el tiempo de realizar decididos esfuerzos en lugares donde la verdad no ha sido todavía proclamada. ¿En qué forma debe hacerse la obra del Señor? Hay que poner un sólido fundamento en todo lugar donde se penetra, con el fin de establecer obra permanente. Hay que poner en práctica los métodos del Señor. No debéis dejaros intimidar por las apariencias exteriores, por muy amenazadoras que parezcan. Debéis llevar adelante la obra tal como el Señor dijo que debía realizarse. Predicad la palabra y el Señor y el Espíritu Santo llevarán convicción a las mentes de los oyentes. La palabra es: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”. Marcos 16:20.

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Muchos obreros deben hacer su parte y dar estudios bíblicos de casa en casa a las familias. Deben demostrar su crecimiento en la gracia al someterse a la voluntad de Cristo. Así obtendrán una valiosa experiencia. A medida que reciban, crean y obedezcan la palabra de Cristo con fe, la eficacia del Espíritu Santo se observará en la obra de su vida. Se verá un esfuerzo intenso y ferviente. Manifestarán una fe que obra por amor y purifica el alma. Los frutos del Espíritu se advertirán en su vida.

Cristo es la Luz del mundo. Los que le siguen no andan en tinieblas, sino que poseen la luz de la vida. Juan declara de Cristo: “A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Juan 1:12. Contemplad a Cristo. Su contemplación hace que el corazón, la mente y el carácter estén en armonía con la voluntad de Dios.

Hay necesidad de toda la instrucción que nuestras misiones puedan impartir. Continuad en vuestra obra con el mismo Espíritu que condujo a su establecimiento. Al abrir las Escrituras, al orar, al ejercer fe, educad al pueblo en los caminos del Señor; así se edificará una iglesia fundada sobre la Roca, Cristo Jesús.

Hay que llevar a cabo la obra en la sencillez de la verdad. Dios dice: “Tengo palabras de ánimo para vosotros”. El Señor tiene en las grandes ciudades muchas almas preciosas que no se han inclinado ante Baal, y también tiene a los que han adorado a Baal por falta de conocimiento. La luz de la verdad debe brillar sobre ellos, para que contemplen a Cristo como el camino, la luz y la vida.

Realizad vuestra obra con humildad. Nunca os pongáis por encima de la sencillez del Evangelio de Cristo. Encontraréis el éxito en la ganancia de almas al destacar a Cristo, el Redentor que perdona los pecados, y no en el arte de los efectos teatrales. A medida que trabajéis por Dios con humildad y mansedumbre, él se manifestará a vosotros.

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El ministro puede destacar la verdad con claridad y fuerza mediante el uso de ilustraciones, símbolos y representaciones de diversas clases. Estos recursos son una ayuda y están en armonía con las instrucciones de Dios. Pero cuando el obrero gasta tanto dinero en sus campañas, que otros obreros no pueden obtener de la tesorería recursos suficientes para sostenerlos en el campo de labor, no está trabajando en armonía con el plan de Dios. La obra en las grandes ciudades debe efectuarse de acuerdo con los métodos de Cristo y no siguiendo el arte de las representaciones teatrales. No es la representación teatral lo que glorifica a Dios, sino la exposición de la verdad en el amor de Cristo.

No despojéis la verdad de su dignidad y capacidad de impresionar, al llevar a cabo actos preliminares que se rigen más por el arte del mundo que por las instrucciones del Cielo. Haced comprender a los oyentes que vuestras reuniones no tienen el propósito de encantar sus sentidos con música y otros recursos, sino de predicar la verdad en toda su solemnidad para que la reciban como una advertencia y los despierte de su sueño mortal de la complacencia de sí mismos. La verdad desnuda es lo que corta en dos sentidos como una espada de dos filos. Eso es lo que despertará a los que están muertos en sus pecados.

Aquel que dio su vida para salvar a los hombres y las mujeres de la idolatría y la complacencia de sí mismos, dejó un ejemplo que debe ser seguido por todos los que se dedican a la obra de presentar el Evangelio a la gente. Los siervos de Dios han recibido las verdades más solemnes para que las proclamen, y sus acciones, métodos y planes deben adecuarse a la importancia de su mensaje. Si presentáis la palabra siguiendo los métodos de Cristo, vuestro auditorio quedará profundamente impresionado con las verdades que enseñáis. Recibirán la convicción de que se trata de la palabra del Dios viviente.

Formalismo en el culto de adoración

En su empeño por impresionar a la gente con la verdad, los mensajeros del Señor no deben seguir los métodos del mundo. Para despertar el interés en sus reuniones, no deben depender de cantantes mundanos ni representaciones teatrales. ¿Cómo podrían los que no tienen interés en la Palabra de Dios, que nunca la han leído con el deseo sincero de comprender sus verdades, cantar con el espíritu y el entendimiento? ¿Cómo podrían sus corazones estar en armonía con las palabras de los himnos sagrados? ¿Cómo podría el coro celestial unirse a una música que sólo tiene forma de piedad?

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No hay palabras suficientemente fuertes para describir el mal del culto formalista, pero tampoco hay expresiones adecuadas para presentar la profunda bendición del culto genuino. Cuando los seres humanos cantan con el espíritu y el entendimiento, los músicos celestiales se unen en el canto de acción de gracias. Aquel que ha derramado sobre nosotros los dones que nos permiten ser obreros juntamente con Dios, espera que sus servidores cultiven sus voces para poder hablar y cantar en una forma que todos puedan comprender. No es necesario cantar con voz fuerte, sino con clara entonación y pronunciación correcta. Que todos dediquen tiempo al cultivo de la voz, para que la alabanza a Dios pueda ser cantada con tonos claros y suaves, sin voz destemplada que ofende los oídos. La habilidad de cantar es un don de Dios que debe ser usado para su gloria.

En las reuniones elegid a varias personas para que participen en el canto, acompañados por instrumentos musicales bien interpretados. No debemos oponernos al uso de música instrumental en nuestro trabajo. Esta parte del servicio debe conducirse con habilidad, porque es alabanza a Dios mediante el canto.

No siempre unas pocas personas deben hacerse cargo del canto. Tan a menudo como sea posible hay que hacer participar a toda la congregación.

Unidad en la diversidad

En nuestros esfuerzos en favor de las multitudes que moran en las ciudades, debemos tratar de realizar un servicio cabal. La obra en un centro urbano populoso es más grande que lo que un solo hombre puede hacer con buen éxito. Dios tiene diversas formas de trabajar, y tiene diferentes obreros a quienes ha confiado diversidad de dones.

Un obrero puede ser un excelente orador; otro un buen escritor; otro puede tener el don de la oración sincera y ferviente; otro puede poseer el don del canto; otro puede tener capacidad especial para explicar claramente la Palabra de Dios. Y cada don debe convertirse en poder para Dios, porque él trabaja con el obrero. A uno Dios concede palabra de sabiduría, a otro conocimiento, a otro fe; pero todos deben trabajar bajo la misma Cabeza. La diversidad de dones conduce a una diversidad de operaciones, “pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo”. 1 Corintios 12:6.

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Dios desea que sus siervos escogidos aprendan a unirse en un esfuerzo armonioso. Puede parecer a algunos que el contraste entre sus dones y los dones de un obrero colaborador es demasiado grande para permitirles unirse en un esfuerzo armonioso; pero cuando recuerdan que hay diversas clases de mentes que deben alcanzarse con el mensaje, y que algunos rechazarán la verdad en la forma como la presenta el obrero, pero abrirán su corazón a la verdad de Dios como es presentada en forma diferente por otro obrero, tal vez tratarán de trabajar juntos en unidad. Sus talentos, aunque sean diferentes, pueden mantenerse bajo el control del mismo Espíritu. En cada palabra y acción se manifestará bondad y amor; y cuando cada obrero ocupe fielmente el lugar que se le ha asignado, quedará contestada la oración de Cristo por la unidad de sus seguidores, y el mundo sabrá que éstos son sus discípulos.

Los obreros de Dios deben unirse unos con otros en amante simpatía. El que dice o hace cualquier cosa que tienda a separar a los miembros de la iglesia de Cristo, está obrando contra el propósito del Señor. Los malos entendimientos y las disensiones en la iglesia, la estimulación de la sospecha y la incredulidad, están deshonrando a Cristo. Dios desea que sus siervos cultiven el afecto cristiano mutuo. La verdadera religión une los corazones no solo con Cristo, sino también unos con otros con vínculos muy tiernos. Cuando sepamos lo que significa estar así unidos con Cristo y nuestros hermanos, una fragante influencia emanará de nuestro trabajo dondequiera que vayamos.

Los obreros que trabajan en las grandes ciudades deben desempeñar sus diversas partes y hacer todo lo posible para producir los mejores resultados. Deben hablar con fe y actuar de tal modo que impacten a la gente. No deben estrechar la obra de acuerdo con sus ideas personales. En el pasado hemos actuado excesivamente de este modo como pueblo, lo que ha estorbado el éxito de la obra. Recordemos que el Señor tiene diversos modos de trabajar y diferentes obreros a quienes concede diversos dones. Debemos ver su propósito al enviar a ciertos hombres a determinados lugares.

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La voz de la misericordia se escuchará durante un tiempo más; por un tiempo más se oirá la bondadosa invitación: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. Juan 7:37. Dios envía sus mensajes de amonestación a las ciudades en todas partes. Que los mensajeros que él envía trabajen con tanta armonía que todos vean que han aprendido de Jesús.

Con la humildad de Cristo

Ningún ser humano debe procurar vincular a otros seres humanos consigo mismo con la intención de controlarlos, para decirles lo que deben hacer y lo que no deben hacer, ordenando, dictando y actuando como un oficial sobre una compañía de soldados. Así es como actuaron los sacerdotes y dirigentes en los días de Cristo, pero no es la forma correcta de actuar. Después que la verdad ha impresionado los corazones, y hombres y mujeres han aceptado sus enseñanzas, deben ser tratados como propiedad de Cristo, y no como propiedad del hombre. Al unir las mentes a vosotros mismos, las conducís a desconectarse de la fuente de su sabiduría y suficiencia. Su dependencia debe ser totalmente de Dios; sólo así podrán crecer en la gracia.

Por mucho que una persona pretenda tener conocimiento y sabiduría, a menos que actúe bajo la dirección del Espíritu Santo, será muy ignorante de las cosas espirituales. Necesita comprender el peligro de su insuficiencia y depender totalmente de Aquel que puede mantener las almas comprometidas con su verdad, capaz de llenarlos con su Espíritu y con amor sin egoísmo, capacitándolos así para dar testimonio de que Dios ha enviado a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Los que se han convertido auténticamente, trabajarán juntos con unidad cristiana. Que no haya división en la iglesia de Dios, que no se ejerza autoridad indebida sobre los que aceptan la verdad. La mansedumbre de Cristo debe aparecer en todo lo que se diga y se haga.

Cristo es el fundamento de cada iglesia verdadera. Tenemos su promesa inalterable de que su presencia y protección será dada a sus fieles que anden en su consejo. Cristo debe ser el primero hasta el fin del tiempo. El es la fuente de vida y poder, de justicia y santidad. Es todo esto para los que llevan su yugo y aprenden de él a ser mansos y humildes.

El deber y deleite de todo servicio es elevar a Cristo delante de la gente. Esta es la finalidad de todo trabajo genuino. Dejad que aparezca Cristo; dejad que el yo se oculte detrás de él. Esta es una abnegación digna que Dios acepta. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”. Isaías 57:15.

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Haciendo frente a la oposición

Con frecuencia surgirán manifestaciones de oposición cuando procuréis presentar la verdad; pero si tratáis de hacer frente a la oposición con argumentos, tan sólo la intensificaréis y no podéis daros el lujo de hacer tal cosa. Mantened una actitud afirmativa. Los ángeles de Dios os observan, y ellos saben cómo impresionar a las personas cuya oposición rehusáis hacer frente con argumentos. No insistáis en los puntos negativos de los asuntos que surgen, sino traed a vuestra mente verdades afirmativas y fijadlas en ella por medio de estudio, ferviente oración y consagración de corazón. Mantened vuestras lámparas aprovisionadas y encendidas, y dejad que emitan brillantes rayos para que la gente, al contemplar vuestras buenas obras, sea inducida a glorificar a vuestro Padre que está en los cielos.

Si Cristo no se hubiera aferrado de lo afirmativo en el desierto de la tentación, habría perdido todo lo que deseaba ganar. El método de Cristo es el mejor para hacer frente a nuestros opositores. Fortalecemos sus argumentos cuando repetimos lo que dicen. Mantened siempre una actitud afirmativa. Podría suceder que la misma persona que se opone estime vuestras palabras y se convierta a la verdad que ha llegado a su entendimiento.

He dicho con frecuencia a nuestros hermanos: “Vuestros opositores harán declaraciones falsas acerca de vuestra obra. No repitáis esas declaraciones, sino que aferraos a vuestras aseveraciones acerca de la verdad viviente, y los ángeles de Dios abrirán el camino ante vosotros. Tenemos una importante obra que debemos realizar, y debemos llevarla a cabo con sensatez. No nos pongamos nerviosos ni abriguemos sentimientos malignos. Cristo no lo hizo, y él es nuestro ejemplo en todas las cosas. Para llevar a cabo la obra que se nos ha encomendado necesitamos una provisión mayor de sabiduría celestial humilde y santificada, y menos del yo. Necesitamos aferrarnos firmemente del poder divino”.

Los que se han alejado de nuestra fe volverán a nuestras congregaciones para apartar nuestra atención de la obra que Dios desea que hagamos. No podéis permitiros apartar vuestros oídos de la verdad para escuchar fábulas. No tratéis de convertir a la persona que pronuncia palabras de condenación contra vuestra obra; en cambio, haced ver que estáis inspirados por el Espíritu de Jesucristo, y los ángeles de Dios pondrán en vuestros labios palabras que llegarán hasta el corazón de los opositores. Si esas personas insisten en sus acusaciones, los miembros de la congregación que tienen mayor sensatez comprenderán que vuestras normas son las más elevadas. Hablad de tal manera que resulte evidente que Jesús está hablando a través de vosotros.

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