Testimonios para la Iglesia, Vol. 9, p. 65-72, día 455

Es mucho mejor seguir el plan esbozado aquí, que dejar al alumno terminar sus estudios sin haber conseguido una educación práctica en la obra, y salir, al fin de su curso, con la carga de una pesada deuda, y con una idea imperfecta de las dificultades que le esperan en un campo nuevo. ¡Cuán difícil le será entonces resolver los problemas financieros que se presentan al obrero que entra como fuerza de avanzada en un país extraño! ¡Y cuán pesada carga tendrá que llevar alguno hasta que estén pagadas las deudas incurridas por el alumno!

Además, ¡cuántas ventajas hay en el plan que permite que cada alumno se baste a sí mismo! Con frecuencia el alumno estaría en situación de salir del colegio sin dejar deudas, las finanzas del colegio serían mucho más prósperas, y las lecciones aprendidas por el alumno, por medio de la experiencia adquirida en su propio campo, serían para él de mucho valor en los campos del extranjero.

Hay que trazar planes juiciosos para ayudar a los alumnos que lo merezcan y deseen ganar sus becas vendiendo esos libros. Los que de este modo ganen suficiente dinero para cursar sus estudios en alguno de nuestros colegios, habrán adquirido una experiencia práctica de mucho valor, que les ayudará para servir como obreros de avanzada en otros campos misioneros.

En nuestro mundo hay una gran obra que hacer en poco tiempo, y debemos estudiar para comprender y apreciar más de lo que hemos hecho en el pasado, la providencia de Dios al colocar en nuestras manos las preciosas obras Palabras de vida del gran Maestro, y El ministerio de curación, como medios de ayudar a que los alumnos dignos de ser ayudados puedan cubrir sus gastos, además de ser un medio para que nuestras instituciones médicas y educativas paguen sus deudas.

Si somos sabios en el uso de estas preciosas obras que nos han sido dadas para el avance de la causa de la verdad presente, recibiremos las grandes bendiciones que nos están reservadas. Y si trabajamos de acuerdo con el plan del Señor, hallaremos que muchos jóvenes consagrados recibirán la preparación necesaria para ir a lejanas regiones como misioneros prácticos. Y al mismo tiempo, las asociaciones de nuestro propio territorio tendrán medios con los cuales contribuir liberalmente en apoyo de la obra que se establezca en los campos nuevos.

Sanatorio, California,

17 de abril de 1908.

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Dios desea que nuestro pueblo entero reconozca que la venta de Palabras de vida del gran Maestro es su método de aliviar de sus deudas a nuestras escuelas. Es por el descuido de este plan que ahora sentimos tan agudamente nuestra falta de medios para la obra que avanza. Si las escuelas hubieran aprovechado la provisión así hecha para ellas, habría más dinero en sus tesorerías, y en las manos de los siervos de Dios, para aliviar las necesidades de otros departamentos de la causa; y lo mejor de todo, maestros y alumnos habrían recibido precisamente las lecciones que necesitaban aprender en el servicio del Maestro.

En las ciudades que se hallan a poca distancia de nuestros sanatorios y escuelas de preparación, se abre ante nosotros un campo misionero que apenas hemos tocado con la punta de los dedos. En algunos lugares se ha hecho un buen comienzo. Pero era el propósito de Dios que por la venta de El ministerio de curación y Palabras de vida del gran Maestro se obtuvieran muchos recursos para la obra de nuestros sanatorios y escuelas, y que por este medio, nuestro pueblo quedara más libre de contribuir con sus fondos para abrir obra en nuevos campos misioneros. Si nuestro pueblo se ocupa en la venta de estos libros, como es su deber, tendremos una cantidad mucho mayor de recursos que la actual para desarrollar la obra en la forma como el Señor dispuso que se la llevara a cabo.

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Los congresos y nuestras publicaciones

En años pasados, los siervos de Dios aprovechaban las ocasiones que los congresos les ofrecían para enseñar a nuestros miembros los métodos prácticos de presentar a sus amigos y conocidos las verdades salvadoras del mensaje del tercer ángel. Muchos aprendieron así a trabajar en sus ciudades o pueblos como misioneros no retribuidos. Muchos volvieron a sus hogares para trabajar con más celo y de una manera más inteligente que en lo pasado.

Agradaría a Dios que esa clase de instrucciones prácticas se diera mucho más a menudo que en lo pasado a los miembros de nuestras iglesias que asisten a los congresos. Nuestros obreros dirigentes, así como nuestros hermanos y hermanas de cada asociación, debieran recordar que los congresos anuales tienen, entre otros propósitos, el de divulgar los métodos prácticos de trabajo misionero personal. Esta fase de nuestros congresos ha sido bosquejada en el tomo 6 de los Testimonios para la iglesia, en la siguiente forma: “Dios nos ha confiado una obra de las más sagradas, y debemos reunimos con el objeto de recibir instrucciones que nos permitan cumplir esa obra. Debemos comprender cuál es nuestra parte individual en la causa del Señor en este mundo, para reivindicar los derechos de la santa ley de Dios y presentar a los hombres el Salvador, ‘el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo’”. Juan 1:29. Debemos congregamos para recibir la llama divina que nos hará comprender nuestro deber en el hogar. Los padres deben saber cómo pueden enviar del santuario del hogar a sus hijos e hijas criados y educados de tal modo que puedan brillar como luces en el mundo. Debemos comprender la división del trabajo y la manera de llevar a cabo cada ramo de la obra. Cada cual debiera saber qué parte le toca en este trabajo, a fin de que la armonía de propósito y de acción se mantenga en el trabajo de todos.

Bien dirigido, el congreso es una escuela en la cual los predicadores, ancianos y diáconos pueden aprender a trabajar para el Maestro de una manera más perfecta. En esta escuela, los miembros de la iglesia, jóvenes y ancianos, deben tener ocasión de aprender a conocer mejor el camino del Señor; los creyentes deben recibir en ella una educación que los habilite para ayudar a otros.

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La mejor ayuda que los predicadores pueden dar a los miembros de nuestras iglesias, no consiste en sermonearlos, sino en trazarles planes de trabajo. Dad a cada uno un trabajo que ayude al prójimo. Enseñad a todos que, por haber recibido la gracia de Cristo, tienen el deber de trabajar por él. Especialmente a las personas que hace poco aceptaron la fe, debe enseñárseles a colaborar con Dios. Si se los pone a trabajar, los abatidos se olvidarán muy pronto de su desaliento; el débil se tornará fuerte; el ignorante, inteligente; y todos aprenderán a presentar la verdad tal cual es en Jesús. Hallarán una ayuda segura en Aquel que prometió salvar a quienes se allegan a él.

En algunas de nuestras asociaciones, los dirigentes han vacilado en introducir esos métodos prácticos de instrucción. Algunos son más propensos a sermonear que a instruir. Pero con motivo de nuestros congresos, no debemos perder de vista la posibilidad que se nos brinda de enseñar a los hermanos y hermanas a hacer trabajo misionero práctico donde viven. En muchos casos, en esas asambleas, convendrá designar a ciertos hombres escogidos para la responsabilidad de impartir enseñanza en los diferentes ramos de actividad. Enseñen algunos a los miembros a dar estudios bíblicos y a dirigir reuniones familiares. Otros pueden encargarse de enseñar los principios de la salud y de la temperancia, y la manera de tratar a los enfermos. Otros aún pueden trabajar en favor de la obra con nuestros periódicos y libros. Y que obreros escogidos manifiesten interés especial en enseñar a muchos cómo distribuir Palabras de vida del gran Maestro y El ministerio de curación.

Muchos no han aprendido a vender los libros dedicados al adelanto de nuestra obra institucional. Pero tales personas no debieran excusarse. Debieran estudiar con diligencia cómo desempeñar su parte fielmente en relación con la circulación de esos preciosos libros. Nuestras escuelas y sanatorios deben administrarse en un elevado plano de eficiencia, y sobre todos nosotros descansa la solemne responsabilidad de ayudar a colocar estas instituciones sobre un terreno ventajoso mediante el recurso de hacer circular ampliamente los libros destinados a solventar esas instituciones. Dios será glorificado por todos los que participen activamente en la obra de colocar esos libros en las manos de las multitudes necesitadas de la verdad salvadora del Evangelio.

La oportunidad que tenemos de hacer el bien al esforzarnos por llevar a cabo el plan de Dios para aliviar financieramente nuestros colegios y sanatorios, se me ha presentado repetidamente en relación con la Asociación del Sur de Califomia. Las condiciones en ese lugar son favorables para organizar la venta permanente de Palabras de vida y El ministerio de curación. Nuestros miembros del Sur de California nunca debieran cansarse de este plan destinado a reunir fondos para pagar las deudas acumuladas. Los alumnos del Colegio de San Fernando, y las enfermeras de los tres sanatorios establecidos, no pueden perder la valiosa experiencia en la obra misionera que reciben los que distribuyen estos libros. Y la asociación no puede darse el lujo de perder los resultados espirituales y financieros que acompañarían un esfuerzo constante de esta naturaleza.

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Pero han transcurrido años, y los alumnos que debieran haber obtenido una valiosa experiencia en la obra misionera real, no han sido instados a dedicarse activamente a la venta de Palabras de vida del gran Maestro. Los miembros de iglesia de numerosos lugares se han encontrado diariamente con turistas desconocidos, hombres y mujeres de recursos e influencia, y sin embargo han pasado por alto oportunidades como éstas sin aprovecharlas. Muchas personas honradas que hubieran podido ser alcanzadas por medio de un esfuerzo diligente y sincero, no recibieron la luz del mensaje del tercer ángel.

Si se hubiera seguido el plan de Dios, su nombre habría sido glorificado, y se habrían ganado numerosas victorias espirituales. Las personas adineradas habrían estado más dispuestas a venir en la ayuda del Señor cuando él dirigía las cosas en forma extraordinaria en el establecimiento de centros médicos excelentes en la vecindad de las grandes vías de circulación. Los alumnos habrían recibido una preparación que hubiera aumentado notablemente su eficiencia como misioneros prácticos en el país y en el exterior. Las iglesias se hubieran reanimado con bendiciones espirituales. Muchos habrían sido ganados a la verdad, y éstos habrían traído a la causa su influencia y sus recursos.

En lugares tales como el sur de California, donde miles de turistas, muchos de ellos en busca de salud y vigor, van y vienen constantemente, debiera efectuarse un esfuerzo especial y continuo para difundir los brillantes rayos de la luz de la verdad. Los libros El ministerio de curación y Palabras de vida, se adaptan especialmente para ser vendidos en centros de turismo, por lo que debiera hacerse todo lo posible para dejar ejemplares de estas obras en manos de los que disponen de tiempo libre y tienen inclinación a la lectura. Especialmente los que andan en busca de salud necesitan el libro El ministerio de curación. Hay que aprovechar toda oportunidad posible de alcanzar a esta clase de personas.

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Me he llenado de gozo al enterarme del reavivamiento del plan para ayudar financieramente a las instituciones en el sur de California en los últimos meses. Algunas de las enfermeras del Hospital de Loma Linda han sido preparadas para vender El ministerio de curación; y mientras visitaban los hogares de los pueblos vecinos, recibieron abundantemente las bendiciones del cielo y realizaron impresiones favorables en favor de nuestro pueblo y su obra.

En el Colegio de San Fernando los profesores llevaron a cabo recientemente un reavivamiento del interés en la venta de Palabras de vida del gran Maestro. Grupos de alumnos, después de estudiar con oración el libro, visitaron Los Angeles en compañía de sus profesores y obtuvieron una sólida y valiosa experiencia que estiman como de más valor que la plata y el oro. Esta clase de obra es, en efecto, uno de los medios que Dios ha establecido para darle a nuestra juventud preparación misionera; y quienes descuidan de aprovechar estas oportunidades pierden una experiencia del valor más elevado. Los alumnos, al participar con entusiasmo de esta obra, pueden aprender a hablar con tacto con hombres y mujeres de diversas profesiones, a tratar con ellos cortésmente y a inducirlos a considerar favorablemente las verdades contenidas en los libros que venden.

Nuestra preocupación principal no debiera consistir tanto en obtener dinero como en salvar almas. Por esto, debemos, por todos los medios posibles, tratar de enseñar a los alumnos cómo impartir un conocimiento del mensaje del tercer ángel. Cuando logramos salvar a la gente, los que hemos añadido a la fe emplean a su vez sus talentos para comunicar la verdad a otros. Cuando trabajemos con diligencia para la salvación de nuestros semejantes, Dios dará éxito a todos nuestros esfuerzos.

A los presidentes de las asociaciones, y a otros obreros que ocupan posiciones de responsabilidad, quiero decir: Hagamos todo lo posible para hacer comprender a los profesores relacionados con nuestras instituciones educativas, el gran valor de las bendiciones que aguardan a los que procuran con diligencia utilizar en la mejor forma posible el don de Palabras de vida del gran Maestro. Animemos a los profesores a unirse con muchos de sus alumnos en el estudio con oración de este libro, como preparación para salir con ellos a la distribución activa de esta obra. Ayudemos a los educadores a comprender su responsabilidad en este asunto. Hagamos todo lo posible para reanimar la obra de distribución de Palabras de vida del Gran Maestro, y para iniciar planes de realizar una campaña activa con El ministerio de curación.

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Cuando los profesores y los alumnos se dediquen con entusiasmo a este trabajo, obtendrán una experiencia que los preparará para llevar a cabo un servicio valioso en relación con nuestras reuniones campestres de reavivamiento espiritual. Mediante la instrucción que puedan proporcionar a los creyentes que asistan, y la venta de numerosos libros en los lugares donde se efectúen esas reuniones, los alumnos y profesores de los colegios podrán realizar su parte en alcanzar a las multitudes que necesitan recibir el mensaje del tercer ángel. Que todos acepten noblemente su parte en la tarea de mostrar a nuestros propios miembros la forma de comunicar el mensaje a sus amigos y vecinos.

Cuando seguimos los planes del Señor, colaboramos con Dios. Cualquiera que sea nuestro cargo: presidente de asociación, predicador, maestro, alumno o simplemente miembro de iglesia, el Señor nos considera responsables de cómo aprovechamos nuestras oportunidades de dar la luz a quienes necesitan la verdad presente. Uno de los mejores medios que él nos ha confiado lo constituyen las publicaciones. En nuestras escuelas y sanatorios, en nuestras iglesias y más particularmente en nuestros congresos, debemos aprender a hacer uso juicioso de este precioso medio. Allí, obreros escogidos deben enseñar con paciencia a nuestro pueblo a acercarse de un modo amable a los que no son creyentes y colocar en sus manos las publicaciones que con poder y claridad presentan la verdad para nuestra época.

Hermanos y hermanas, no nos cansemos de hacer el bien. Cristo, durante su ministerio terrenal, viajó a pie de un lugar a otro. Fatigado, como muchas veces estaba, con su naturaleza humana sobrecargada hasta el máximo, no vaciló en sanar a todos los que se le acercaban y en enseñarles el camino hacia la vida eterna. Aunque con frecuencia se encontraba físicamente exhausto, no abandonó su obra. Había un mundo que debía salvar. Realizó todo sacrificio posible a fin de hacer brillar la luz y la verdad.

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El Señor Dios de Israel desea que nos vinculemos con él en santa unión y que pongamos en ejercicio la fe viva que obra por amor y purifica el alma. El desea que formemos un cuerpo de obreros dotados de adaptabilidad para su servicio, y a los tales les promete poder para ganar una gloriosa victoria para él.

Sanatorio, California,

10 de julio de 1908.

Los dirigentes de cualquier parte de la solemne obra del último mensaje evangélico, deben cultivar y mantener conceptos e ideas amplios. Todos tienen el privilegio de llevar en la obra evangélica responsabilidades que los conviertan en dirigentes competentes en la escuela de Cristo. Los seguidores profesos de Cristo no deben dejarse conducir por los dictados de su voluntad personal; su mente debe ser adiestrada para pensar los pensamientos de Cristo e iluminada para comprender la voluntad y los métodos de Dios. Esta clase de creyentes practicará los métodos de trabajo utilizados por Cristo.

Nuestros hermanos no debieran olvidar que la sabiduría de Dios ha hecho provisión para nuestros colegios en una forma que acarreará bendición a todos los que participen en la empresa. El libro Palabras de vida del Gran Maestro se donó a la obra educativa, para que los alumnos y amigos de los colegios pudieran distribuirlo a fin de reunir una parte considerable de los recursos necesarios para pagar la deuda de estas instituciones. Pero este plan no se ha presentado a nuestros colegios en la forma debida; los profesores y alumnos no han sido preparados a fin de distribuirlos animosamente en beneficio de la obra educativa.

Hace mucho que los profesores y estudiantes de nuestros colegios debieran haber aprendido a aprovechar la oportunidad de reunir dinero por medio de la venta de Palabras de vida del gran Maestro. Los alumnos prestarán un servicio a la causa de Dios con la venta de estas obras, y mientras lo hagan, por medio de la diseminación de la preciosa luz, aprenderán valiosas lecciones en la experiencia cristiana. Todos nuestros colegios debieran acudir ahora para prestar servicio, y esforzarse con entusiasmo por llevar a cabo el plan que se nos presentó para la educación de obreros, apoyo financiero a los colegios y ganancia de almas para la causa.

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Tatiana Patrasco