Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 442-449, día 050

Apreciados jóvenes, vi que con un empleo y un entretenimiento como éste podríais ser felices. Pero la razón por la que estáis inquietos es porque no buscáis la única fuente verdadera de felicidad. Siempre estáis tratando de encontrar fuera de Cristo el gozo que se encuentra únicamente en él. En él no hay esperanzas frustradas. ¡Qué privilegio descuidado es la oración! La lectura de la Palabra de Dios prepara la mente para la oración. Una de las principales razones por la que tenéis tan poca disposición a acercaros a Dios mediante la oración, es que os habéis incapacitado para esta sagrada tarea por dedicaros a la lectura de historias fascinantes que han estimulado la imaginación y despertado pasiones pecaminosas. Así es como la Palabra de Dios resulta desagradable, la hora de la oración cae en el olvido. La oración es la fortaleza del cristiano. Cuando está solo, en realidad no lo está; siente la presencia de Aquel que dijo: “He aquí estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Mateo 28:20.

Los jóvenes necesitan aquello que no tienen, es decir, religión. Nada puede tomar el lugar de esto. Profesar tenerla carece de valor. Los nombres quedan registrados en los libros de la iglesia en la tierra, pero no en el libro de la vida. Vi que no hay uno en veinte jóvenes que sepa en qué consiste la religión experimental. Se sirven a sí mismos, pero profesan ser siervos de Cristo; pero a menos que se rompa el ensalmo que pesa sobre ellos, no tardarán en comprender que la parte de los transgresores es la suya. En lo que concierne a la abnegación o al sacrificio por amor a la verdad, han encontrado algo que es más fácil. En lo que se refiere al ruego ferviente con lágrimas y clamor a Dios por su gracia perdonadora y fuerza de su parte para resistir a las tentaciones de Satanás, han descubierto que es innecesario ser tan fervorosos y celosos; pueden pasarlo bien sin eso. Cristo, el Rey de gloria, con frecuencia fue solo a las montañas y a los lugares desiertos para derramar el pedido de su alma ante su Padre; pero el hombre pecador que carece de fortaleza, piensa que puede vivir sin tanta oración.

Cristo es nuestro modelo; su vida fue un ejemplo de buenas obras. Fue varón de dolores y experimentado en quebranto. Oró por Jerusalén porque sus habitantes no quisieron ser salvos aceptando la redención que él les ofreció. No quisieron ir a él para tener vida. Comparad vuestro estilo de vida con el del Maestro, quien realizó un sacrificio tan grande para que pudiérais ser salvos. Pasó con frecuencia toda la noche sobre el suelo húmedo en oración con intenso sufrimiento. Buscáis vuestro placer personal. Escuchad las conversaciones vanas y frívolas; oíd la risa, los chistes, las bromas. ¿Es así como se imita al Modelo? Continuad escuchando: ¿Se menciona a Jesús? ¿Constituye la verdad el tema de conversación? ¿Se glorían los participantes en la cruz de Cristo? En cambio, es esta moda, aquel sombrero, ese vestido, lo que dijo aquel joven o aquella señorita o las diversiones en las que están planeando participar. ¡Cuánta alegría! ¿Se sienten atraídos los ángeles y se acercan alrededor de ellos para dispersar las tinieblas con las que Satanás los rodea? De ninguna manera. Ved cómo se alejan con tristeza. Veo lágrimas en el rostro de esos ángeles. ¿Será posible que se haga llorar a los ángeles de Dios? Eso es lo que sucede.

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La juventud no considera seriamente los valores eternos. Los ángeles de Dios lloran cuando escriben en los libros celestiales las palabras y los actos de los que pretenden ser cristianos. Los ángeles se ciernen sobre un hogar. Hay allí una reunión juvenil y se oyen sonidos de música vocal e instrumental. Es una reunión de cristianos, ¿pero qué es lo que se oye? Es una canción frívola propia de los salones de baile. Entonces los santos ángeles retraen su luz hacia ellos y la oscuridad rodea a los que se encuentran en ese hogar. Ahora los ángeles se alejan de ese lugar con rostros tristes y llorosos. Vi repetirse numerosas veces esta escena en todas las filas de observadores del sábado, y especialmente en la localidad de _____. La música ha ocupado el tiempo que debiera haberse dedicado a la oración. La música es el ídolo que adoran muchos cristianos que profesan ser observadores del sábado. Satanás no tiene ninguna objeción contra la música cuando puede convertirla en canal para tener acceso a las mentes de la juventud. Servirá a su propósito cualquier cosa que sirva para apartar la mente de Dios y ocupar el tiempo que debiera dedicarse a su servicio. Trabaja con los medios que ejercerán la influencia más poderosa para mantener al mayor número de personas sometidas a una agradable infatuación, mientras ellas quedan paralizadas por su poder. La música es una bendición cuando se la emplea en forma apropiada; pero con frecuencia se la convierte en uno de los instrumentos más atractivos de Satanás para entrampar a las almas. Cuando se abusa de ella, conduce a los que carecen de consagración al orgullo, la vanidad y la insensatez. Cuando se le permite que tome el lugar de la devoción y la oración, se convierte en una terrible maldición. La gente joven se reúne para cantar, y aunque declaran ser cristianos, con frecuencia deshonran a Dios y su fe con sus conversaciones frívolas y su elección de música. La música sagrada no conviene a su gusto. Se me llamó la atención a las claras enseñanzas de la Palabra de Dios, que han sido descuidadas. En el juicio, todas esas palabras inspiradas condenarán a los que no las tomaron en cuenta.

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El apóstol Pablo exhorta a Timoteo “por mandamiento de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza”: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda. Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad”. 1 Timoteo 2:2-10.

El apóstol Pedro escribe a la iglesia: “Por tanto ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está; sed santos, porque yo soy santo”. 1 Pedro 1:13-16.

El inspirado apóstol Pablo pide a Tito que dé instrucciones especiales a la iglesia de Cristo, “para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. Dice: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Tito 2:12-14.

El apóstol Pedro exhorta a la iglesia: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” 1 Pedro 5:8”. “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración” 1 Pedro 4:7. Y además dice: “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal”. 1 Pedro 3:15-17.

¿Se encuentran los jóvenes en una posición desde la cual con mansedumbre y temor puedan dar una respuesta a toda persona que les pida razón de su esperanza? Vi que los jóvenes no comprenden nuestra posición. Ante ellos se acumulan escenas terribles, un tiempo de angustia que probará el valor del carácter. Aquellos en quienes mora la verdad, para entonces estarán desarrollados. En cambio los que hayan rechazado la cruz, descuidado la palabra de vida y adorado su propio yo miserable, serán encontrados faltos. Están entrampados por Satanás, y aprenderán demasiado tarde que han cometido un grave error. Los placeres que habían buscado serán amargos al final. El ángel dijo: “Sacrificadlo todo por Dios. El yo tiene que morir. Los deseos naturales y las tendencias del corazón no renovado tienen que ser subyugados”. Corred en busca de la descuidada Biblia; las palabras inspiradas han sido escritas para vosotros, de modo que no las descuidéis livianamente. Volveréis a encontrar cada palabra pronunciada y tendréis que rendir cuenta de si habéis participado en la obra y conformado vuestra vida de acuerdo con las santas enseñanzas de la Palabra de Dios. Es necesario que haya santidad de corazón y de vida. Los que han tomado el nombre de Cristo y participado en su servicio debieran ser buenos soldados de la cruz. Deben mostrar que están muertos para el mundo, y que su vida está oculta con Cristo en Dios.

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El apóstol Pablo escribe a sus hermanos colosenses: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios”. Colosenses 3:1-3. “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”. Colosenses 3:14-17.

El apóstol exhortó a los efesios de esta manera: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo a Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Efesios 5:15-20.

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Dios es glorificado con cantos de alabanza que proceden de un corazón puro, lleno de amor y devoción a él. Cuando los creyentes consagrados se reúnen, su conversación no debe versar sobre las imperfecciones de la gente, ni tener sabor a murmuraciones o quejas; la caridad, o amor, que es el vínculo de la perfección, los rodeará. El amor a Dios y los semejantes fluye naturalmente en las palabras de afecto, simpatía y estima por sus hermanos. La paz de Dios impera en sus corazones; sus palabras no son vanas, vacías ni frívolas, sino que tienden al consuelo y la edificación mutuos. Si los cristianos obedecen las instrucciones dejadas para ellos por Cristo y sus apóstoles inspirados, adornarán la religión de la Biblia y se ahorrarán severas pruebas y abundante confusión, que atribuyen a aflicciones que experimentan por creer en una verdad que no es popular. Este es un error lamentable. Muchas de sus pruebas son creadas por ellos mismos porque se alejan de la Palabra de Dios. Ceden al mundo, se colocan en el campo de batalla del enemigo y tientan al diablo a que los tiente a ellos. Los que se adhieren estrictamente a las amonestaciones e instrucciones de la Palabra de Dios, y buscan con oración conocer y practicar su justa voluntad, no sienten las pequeñas cosas desagradables que ocurren todos los días. La gratitud que los llena y la paz de Dios que impera en ellos, los induce a entonar en sus corazones alabanzas al Señor, y hablar de la deuda de amor y agradecimiento que tienen con su amado Salvador, quien los amó tanto que murió para que pudieran vivir. Nadie en cuyo interior more el Salvador lo deshonrará ante otras personas interpretando música instrumental que aparte la mente de Dios y el cielo para fijarla en cosas livianas e insubstanciales.

Se requiere que cualquier cosa que hagan los jóvenes, ya sea de palabra o acción, lo hagan todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios y Padre por él. Vi que sólo pocos jóvenes comprenden lo que significa ser cristianos, ser como Cristo. Tendrán que aprender las verdades de la Palabra de Dios antes de que puedan ajustar sus vidas al Modelo. No hay un solo joven en veinte que haya experimentado en su vida la separación del mundo que el Señor requiere de todos los que se convierten en miembros de su familia, en hijos del Rey celestial. “Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré. Y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. 2 Corintios 6:17-18.

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¡Qué promesa grandiosa se hace aquí basada en la obediencia! ¿Tenéis que separaros de vuestros amigos y parientes cuando decidís obedecer las exaltadas verdades de la Palabra de Dios? Animaos porque Dios ha hecho provisión para vosotros y sus brazos están abiertos para recibiros. Salid de en medio de ellos y separaos, y no toquéis lo inmundo, y él os recibirá. El promete ser un Padre para vosotros. ¡Qué admirable relación es ésta! Es más elevada y santa que cualquier vínculo terrenal. Si hacéis el sacrificio, si tenéis que olvidar padre, madre, hermanas, hermanos, esposa e hijos por amor de Cristo, no quedaréis sin amigos. Dios os adopta en su familia; llegáis a ser miembros de la familia real, hijos e hijas del Rey que gobierna los cielos de los cielos. ¿Podéis desear una posición más elevada que la que aquí se promete? ¿No basta esto? El ángel dijo: “¿Qué más podría hacer Dios por los hijos de los hombres que lo que ya ha hecho? Si tal amor, si tales promesas tan exaltadas no son apreciados, ¿podría él concebir alguna otra cosa más excelente, más preciosa y admirable? Todo lo que Dios podía hacer fue hecho para la salvación de los seres humanos, y a pesar de ello los corazones de los hijos de los hombres se han endurecido. Debido a la multiplicidad de bendiciones con las que Dios los ha rodeado, las reciben como si fueran cosas comunes y olvidan a su bondadoso Benefactor”.

Vi que Satanás es un enemigo vigilante que está resuelto a llevar a la juventud a comportamientos totalmente contrarios a los que Dios aprobaría. El sabe perfectamente bien que no hay otro grupo de personas que puede hace tanto bien como los jóvenes y señoritas que se han consagrado a Dios. Los jóvenes, si obran correctamente, pueden ejercer una poderosa influencia. Los predicadores, o laicos avanzados en años, no pueden tener sobre la juventud ni la mitad de la influencia que otros jóvenes dedicados a Dios pueden ejercer sobre sus compañeros. Debieran sentir que pesa sobre ellos la responsabilidad de hacer todo lo que puedan para salvar a sus compañeros mortales, aunque tengan que sacrificar sus placeres y deseos naturales. El tiempo, y hasta los recursos económicos, debieran consagrarse a Dios cuando ello sea necesario. Todos los que profesan santidad debieran sentir el peligro que corren los que no pertenecen a Cristo. Pronto su tiempo de prueba concluirá. Los que habrían podido ejercer influencia para salvar a la gente si hubieran seguido el consejo de Dios, pero no cumplieron su deber a causa del egoísmo, la indolencia o porque se avergonzaban de la cruz de Cristo, no sólo perderán sus propias almas, sino que tendrán sobre sí la sangre de algunos pobres pecadores. Tendrán que rendir cuenta del bien que hubieran podido hacer si se hubieran consagrado a Dios, pero no lo hicieron debido a su infidelidad. Los que de veras han gustado la dulzura del amor redentor no descansarán hasta que todas las personas con quienes se asocian conozcan el plan de salvación. Los jóvenes debieran preguntar: “¿Qué quieres que haga, Señor? ¿Cómo puedo honrar y glorificar tu nombre aquí en la tierra?” La gente perece a nuestro alrededor, ¿pero qué preocupación sienten los jóvenes por ganar almas para Cristo? Los que asisten al colegio pueden poner su influencia del lado de Cristo; ¿pero quién pronuncia el nombre de Cristo? ¿Y a quién se ve abogando con tierno fervor con sus compañeros para que olviden las sendas del pecado y elijan el camino de la santidad?

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Se me mostró que ésta es la manera de proceder que deben adoptar los jóvenes, pero no lo hacen; es más agradable para sus sentimientos unirse con los pecadores en la práctica de deportes y en la búsqueda de placeres. Los jóvenes tienen una amplia esfera de utilidad, pero no se dan cuenta de ello. ¡Ojalá que en adelante dediquen sus facultades mentales a la búsqueda de medios para acercarse a los pecadores que perecen a fin de darles a conocer el camino de la santidad, y mediante oración y ruegos ganar aunque fuera a uno de ellos para Cristo! ¡Qué empresa más noble! ¡Un alma para que alabe a Dios durante toda la eternidad! ¡Un alma que disfrute de felicidad y vida eterna! Pero puede conseguirse que más de una persona se aparte del error y acepte la verdad, que pase del pecado a la santidad. Dios dice por medio del profeta: “Los que enseñan la justicia a la multitud [brillarán] como las estrellas a perpetua eternidad”. Daniel 12:3.

Los que participen con Cristo y los ángeles en la obra de salvar a las almas que perecen serán ricamente recompensados en el reino de los cielos.

Vi que muchas personas podrían salvarse si los jóvenes se encontraran en el lugar donde deben estar, dedicados a Dios y a la verdad; pero generalmente ocupan una posición en la que es necesario dedicarles a ellos atención constante, porque si no se hace eso, ellos mismos se volverían al mundo. Son una fuente de constante preocupación y aflicción. Se derraman lágrimas y se elevan fervorosas oraciones por ellos en los corazones de los afligidos padres. Sin embargo siguen adelante sin preocuparse del dolor causado por su comportamiento. Clavan espinas en el pecho de quienes estarían dispuestos a morir para salvarlos y conseguir que lleguen a ser lo que Dios intenta que sean por medio de los méritos de la sangre de Cristo.

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Los jóvenes ejercen su habilidad de llevar a cabo esta o aquella obra de arte, pero no sienten que Dios requiere que ocupen sus talentos en algo mejor, es decir, en adornar su profesión de fe y en tratar de salvar las almas por quienes Cristo murió. Una sola de esas almas salvada tiene más valor que mundos enteros. El oro y las riquezas terrenales no pueden compararse con la salvación de una sola alma desvalida.

Jóvenes y señoritas, vi que Dios tiene una obra que vosotros debéis realizar; tomad vuestra cruz y seguid a Cristo, porque si no lo hacéis no sois dignos de él. Mientras permanecéis en descuidada indiferencia, ¿cómo podéis decir cuál es la voluntad de Dios acerca de vosotros? ¿Y cómo esperáis ser salvados, a menos que, como siervos fieles, hagáis la voluntad de vuestro Señor? Todos los que hereden la vida eterna habrán recibido el reconocimiento, bien hecho. El Rey de gloria los exaltará colocándolos a su mano derecha mientras les dice: “Bien hecho, buen siervo fiel”. ¿Cómo podéis saber cuántas almas podríais salvar de la ruina si en lugar de buscar vuestro placer personal buscarais qué obra podríais hacer en la viña de vuestro Maestro? ¿Cuántas almas se han salvado en esas reuniones realizadas con fines de conversación y con las ejecuciones musicales? Si no podéis señalar una sola alma salvada, os ruego que adoptéis un comportamiento diferente. Comenzad a orar por las almas; aproximaos a Cristo, colocaos más cerca de su costado sangrante. Permitid que un espíritu humilde y sereno adorne vuestras vidas, y haced que vuestras peticiones fervientes, sinceras y humildes asciendan hacia Dios en busca de sabiduría para tener éxito en la salvación no sólo de vuestra propia alma, sino también de otras almas. Orad más que lo que cantáis. ¿Acaso no tenéis más necesidad de orar que de cantar? Jóvenes y señoritas, Dios os pide que salgáis a trabajar para él. Cambiad radicalmente vuestro comportamiento. Podéis realizar una obra que no pueden hacer los que ministran en palabra y doctrina. Podéis alcanzar a una clase de personas sobre la que el ministro no puede ejercer influencia.

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Tatiana Patrasco