Testimonios para la Iglesia, Vol. 5, p. 93-102, día 273

El día del Señor se acerca

“Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara, sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres. Y atribularé a los hombres, y andarán como ciegos, porque pecaron contra Jehová”. Sofonías 1:14-17. 

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“Acontecerá en aquel tiempo que yo escudriñaré a Jerusalén con linterna, y castigaré a los hombres que reposan tranquilos como el vino asentado, los cuales dicen en su corazón: Jehová ni hará bien ni hará mal”. Vers. 12.

Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, antes que tenga efecto el decreto, y el día se pase como el tamo; antes que venga sobre vosotros el furor de la ira de Jehová, antes que el día de la ira de Jehová venga sobre vosotros. Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, los que pusisteis por obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre; quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová”. Sofonías 2:1-3. 

Nos estamos acercando al fin del tiempo. Me ha sido mostrado que los juicios retributivos de Dios ya están sobre la tierra. El Señor nos ha advertido de los acontecimientos que están por suceder. Resplandece luz de su Palabra, y sin embargo, las tinieblas cubren la tierra y densa oscuridad los pueblos. “Que cuando dirán, paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente,… y no escaparán”. 1 Tesalonicenses 5:3.

Es nuestro deber inquirir la causa de estas terribles tinieblas para que podamos rehuir la conducta por la cual los hombres han atraído sobre sí mismos tan grande engaño. Dios ha dado al mundo una oportunidad de aprender tanto de su Palabra como de la luz de su verdad; le ha mandado advertencias, consejos y amonestaciones; pero pocos quieren obedecer a su voz. Como la nación judía, la mayoría, aun de los cristianos profesos, se enorgullece de sus magníficas ventajas, pero no atribuye a Dios estas grandes bendiciones. En su misericordia infinita, el Creador ha enviado al mundo un último mensaje de amonestación, para anunciar que Cristo esta a la puerta, y llamar su atención a la quebrantada ley de Dios. Pero, como los antediluvianos rechazaron con desprecio la amonestación de Noé, así rechazarán los modernos amadores de los placeres, el mensaje de los fieles siervos de Dios. El mundo prosigue en su giro incesante, absorto como nunca en los negocios y placeres, mientras que la ira de Dios está por caer sobre los transgresores de su ley. 

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Nuestro compasivo Redentor, previendo los peligros que rodearían a sus discípulos en este tiempo, les dio una amonestación especial: “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del hombre”. Lucas 21:34-36. Si la iglesia sigue una conducta similar a la del mundo, compartirá la misma suerte. O, mejor dicho, como recibió mayor luz, su castigo será mayor que el de los impenitentes. 

Nosotros, como pueblo, profesamos tener más luz que cualquier otro pueblo de la tierra. Entonces nuestra vida y nuestro carácter debieran armonizar con una fe tal. Está por sobrecogernos el día en que los justos serán atados como trigo precioso en gavillas para el alfolí celestial, mientras que los perversos serán, como cizaña, recogidos para los fuegos del postrer gran día. Pero, crecen “juntamente lo uno y lo otro hasta la siega”. Mateo 13:30. 

Al cumplir con los deberes de la vida, los justos se verán hasta el último día en contacto con los impíos. Los hijos de la luz están diseminados entre los hijos de las tinieblas, para que todos puedan ver el contraste. Así han de demostrar los hijos de Dios “las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable”. 1 Pedro 2:9. El amor divino, al resplandecer en el corazón, y la armonía cristiana manifestada en la vida, serán como una vislumbre del cielo concedida a los hombres del mundo para que vean y aprecien su excelencia.

Las cosas semejantes se atraen entre sí. Los que están bebiendo de la misma fuente de bendición se acercarán unos a otros. La verdad, morando en el corazón de los creyentes, los llevará a una bienaventurada y feliz asimilación. Así recibirá respuesta la oración que elevó Cristo, para que sus discípulos fuesen uno como él es uno con el Padre. Todo corazón verdaderamente convertido se esforzará por alcanzar esta unidad. 

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Entre los impíos habrá una armonía engañosa que ocultará tan sólo parcialmente una discordia perpetua. En su oposición a la voluntad y la verdad de Dios, están unidos mientras que en todos los demás puntos están desgarrados por el odio, la emulación, los celos y la contienda mortífera. 

El metal puro y el vil están ahora tan mezclados que únicamente el ojo discernidor del Dios infinito puede distinguir con certidumbre entre ellos. Pero el imán moral de la santidad y la verdad atraerá y reunirá el metal puro, mientras que rechazará el vil y falsificado.

“Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy presuroso” (Sofonías 1:14); pero ¿dónde contemplamos el verdadero espíritu adventista? ¿Quiénes se están preparando para subsistir en este tiempo de tentación que está por sobrecogernos? El pueblo al cual Dios ha confiado las verdades sagradas, solemnes y escrutadoras para este tiempo, está durmiendo en su puesto. Dice por sus acciones: Tenemos la verdad, somos ricos, y estamos enriquecidos, y no tenemos “necesidad de ninguna cosa”; mientras que el Testigo Fiel declara: “Y no conoces que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” Apocalipsis 3:17. 

¡Con qué fidelidad describen estas palabras la condición actual de la iglesia: “Y no conoces que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”! Los siervos de Dios presentan mensajes de amonestación dictados por el Espíritu Santo, que señalan defectos de carácter a los que yerran; pero ellos dicen: “Esto no representa mi caso. No acepto el mensaje que me traéis. Estoy haciendo lo mejor que puedo. Creo la verdad”. 

Aquel siervo malo que dice en su corazón: “Mi Señor tarda en venir” (Mateo 24:48) profesa estar aguardando a Cristo. Es un “siervo” exteriormente dedicado al servicio de Dios, mientras que en su corazón ha cedido a Satanás. No niega abiertamente la verdad, como el escarnecedor, sino que revela en su vida el sentir de su corazón, a saber, que la venida del Señor se tarda. La presunción lo vuelve negligente de los intereses eternos. Acepta las máximas del mundo y se conforma a sus costumbres y prácticas. En él predominan el egoísmo, el orgullo mundanal y las ambiciones. Temiendo que sus hermanos ocupen un puesto más elevado que él mismo empieza a hablar despectivamente de sus esfuerzos y a impugnar sus motivos. Así hiere a sus consiervos. A medida que se aparta del pueblo de Dios, se une más y más con los impíos. Se lo encuentra comiendo y bebiendo “con los borrachos” (vers. 49) uniéndose con los mundanos y participando de su espíritu. Así queda adormecido en una seguridad carnal, y vencido por la indiferencia y la pereza. 

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Su mal se inició cuando comenzó a descuidar la vigilancia y la oración secreta. Luego sacrificó otros deberes religiosos, y así se abrió la puerta para todos los pecados que siguieron. Cada cristiano será asaltado por las seducciones del mundo, los clamores de la naturaleza carnal, y las tentaciones directas de Satanás. Nadie está seguro. Cualquiera que haya sido nuestra experiencia, por elevada que sea nuestra posición, necesitamos velar y orar de continuo. Debemos ser dominados diariamente por el Espíritu de Dios o seremos dominados por Satanás. 

Las instrucciones que dio el Salvador a sus discípulos estaban destinadas a beneficiar a sus seguidores de toda época. Cuando dijo: “Mirad por vosotros” (Lucas 21:34) tenía en vista a los que vivirían cerca del fin del tiempo. A cada uno le toca apreciar por su cuenta en su corazón las gracias preciosas del Espíritu Santo. 

Satanás está obrando con incansable perseverancia e intensa energía para arrastrar a sus filas a los que profesan seguir a Cristo. Está obrando “con todo engaño de iniquidad en los que perecen” 2 Tesalonicenses 2:10. Pero Satanás no es el único que trabaja para sostener el reino de las tinieblas. Cualquiera que induce a otros a pecar es un tentador. Cualquiera que imite al gran engañador, lo auxilia. Los que prestan su influencia a sostener una mala obra, están haciendo el trabajo de Satanás. 

Las acciones revelan los principios y los motivos. El fruto que llevan muchos de los que aseveran ser plantas de la viña del Señor demuestra que no son sino cardos y espinas. Una iglesia entera puede sancionar la mala conducta de alguno de sus miembros, pero esa sanción no prueba que el mal sea correcto. No puede sacar uvas de los cardos del monte. 

Si algunos de los que profesan creer la verdad presente pudiesen comprender su verdadera situación, desesperarían de la misericordia de Dios. Han estado ejerciendo toda su influencia contra la verdad, contra la voz de amonestación, contra el pueblo de Dios. Han estado haciendo la obra de Satanás. Muchos se han dejado infatuar de tal manera por sus engaños que nunca se recobrarán. No puede existir semejante estado de apostasía sin ocasionar la pérdida de muchas almas. 

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La iglesia ha recibido advertencia tras advertencia. Han sido claramente revelados los deberes y peligros del pueblo de Dios. Pero han prevalecido los elementos mundanos. Durante años y en desafío a las advertencias y súplicas del Espíritu Santo, han estado ganando terreno las costumbres, prácticas y modas que desvían al alma de Dios; hasta que al fin, esos caminos han parecido correctos, y apenas se oye la voz del Espíritu. Nadie puede decir hasta dónde irá en el pecado, una vez que se entrega al poder del gran engañador. Satanás entró en Judas Iscariote, y le indujo a traicionar a su Señor. Satanás indujo a Ananías y Safira a mentir al Espíritu Santo. Los que no están completamente consagrados a Dios serán inducidos a hacer la obra de Satanás, mientras se lisonjean de que están en el servicio de Cristo. 

Hermanos y hermanas, os suplico que os examinéis “a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos”. 2 Corintios 13:5. Para conservar el calor y la pureza del amor cristiano, se requiere una provisión constante de la gracia de Cristo. ¿Habéis empleado todos los medios para que “vuestro amor abunde aun más y más”… “para que aprobéis lo mejor”; y estéis “llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”? Filipenses 1:9-11.

Muchos de los que debieran destacarse firmemente por la justicia y la verdad han manifestado una debilidad e indecisión que han estimulado los asaltos de Satanás. Los que no crecen en la gracia ni procuran alcanzar las normas más elevadas de las realizaciones divinas serán vencidos.

El mundo es para el cristiano una tierra de extraños y enemigos. A menos que tome para su defensa la panoplia divina, y maneje la espada del Espíritu, llegará a ser presa de las potestades de las tinieblas. La fe de todos será probada. Todos serán probados como el oro es probado por el fuego.

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La iglesia está compuesta de hombres y mujeres imperfectos, que yerran y necesitan que se ejercite continuamente en su favor caridad y tolerancia. Pero ha habido un largo período de tibieza general; un espíritu mundanal ha estado penetrando en la iglesia, y ha sido seguido por enajenamiento, malicia, censuras, contiendas e iniquidad.

Si se oyesen menos sermones de parte de hombres que no están consagrados en su corazón y su vida, y ellos dedicasen más tiempo a humillar su alma delante de Dios, podríamos esperar que el Señor acudiría en vuestra ayuda, y remediaría vuestras apostasías. Mucho de lo que se ha venido predicando últimamente engendra una falsa seguridad. Los intereses importantes de la causa de Dios no pueden ser manejados sabiamente por los que tienen tan poca relación real con Dios como la que han tenido algunos de nuestros ministros. Confiar la obra a hombres tales es como poner niños a pilotear grandes barcos en el mar. Los que están despojados de la sabiduría celestial y del poder vivo de Dios, no son competentes para dirigir el barco evangélico entre témpanos de hielo y tempestades. La iglesia está pasando por severos conflictos, pero en su peligro, muchos quisieran confiarla a manos que la harían zozobrar. Necesitamos un piloto a bordo ahora; porque nos estamos acercando al puerto. Como pueblo, debiéramos ser la luz del mundo. Pero cuántos son como vírgenes fatuas, que no tienen aceite en sus vasos ni en sus lámparas. ¡Que el Señor de toda gracia, abundante en misericordia y perdón, se compadezca de nosotros y nos salve, para que no perezcamos con los impíos! 

En estos momentos de conflicto y prueba, necesitamos todo el apoyo y el consuelo que podamos obtener de los principios correctos, de las convicciones religiosas firmes, de la seguridad permanente del amor de Cristo, y de una rica experiencia en las cosas divinas. Únicamente como resultado de un firme crecimiento en la gracia, es como alcanzaremos la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús. 

¡Oh! ¿Qué puedo yo decir para abrir los ojos ciegos e iluminar el entendimiento espiritual? Debe crucificarse el pecado. El Espíritu Santo debe realizar una renovación moral completa. Debemos tener el amor de Dios, con una fe viva y permanente, que es el oro probado en el fuego. Podemos obtenerlo únicamente de Cristo. Todo buscador sincero y ferviente llegará a participar de la naturaleza divina. Su alma se llenará de intenso anhelo por conocer la plenitud del amor que supera todo conocimiento. Mientras progrese en la vida divina, podrá comprender mejor las verdades elevadas y ennoblecedoras de la Palabra de Dios, hasta que, por contemplación, será transformado y capacitado para reflejar la semejanza de su Redentor.

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Matrimonios insensatos

Se me ha mostrado que los jóvenes de hoy no poseen un verdadero conocimiento del peligro que corren. Hay muchos jóvenes que Dios aceptaría como obreros en los diferentes ramos de su obra, pero Satanás interviene y los envuelve de tal manera en su red que se enajenan de Dios y se hacen ineficaces en su obra. Satanás es un obrero astuto y persistente. Sabe exactamente cómo entrampar a los incautos y es un hecho alarmante que sólo unos pocos logran escapar de sus artimañas. No ven el peligro y no se cuidan de sus tretas. Los insta a fijar sus afectos el uno en el otro sin procurar la sabiduría de Dios o de aquellos a quienes él ha enviado para amonestar, reprender y aconsejar. Se sienten autosuficientes y no toleran el refrenamiento. 

Hermano _____, su propio caso es un ejemplo poderoso de esto. Usted se ha infatuado con el pensamiento de casarse. Como sucede generalmente con los que permiten que sus mentes sean encauzadas por esa vía, las amonestaciones de los siervos de Dios surten poco efecto sobre usted. Se me ha mostrado cuán fácilmente se deja usted afectar por las influencias que le rodean. Dado el caso que se vinculase usted con compañeros cuyas mentes se hayan formado en un molde inferior, se volvería como ellos. A menos que mantuviese presentes el amor y el temor de Dios, sus pensamientos serían como los de ellos; si ellos careciesen de reverencia, usted también sería irreverente; si fuesen ellos frívolos y dados a la búsqueda del placer, usted seguiría el mismo camino con un celo y una perseverancia dignos de una causa más noble. 

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La joven sobre la cual ha puesto usted sus afectos no tiene profundidad de pensamiento ni de carácter. Ha vivido una vida de frivolidad y su mente es limitada y superficial; sin embargo, con firmeza constante usted ha rehusado las advertencias de su padre, de su amante hermana y de sus amigos de la iglesia. Yo me acerqué a usted como una embajadora de Cristo; pero sus fuertes emociones, su confianza propia, cerraron sus ojos al peligro y sus oídos a las amonestaciones. Ha persistido en su proceder tal como si nadie supiera tanto como usted o como si la salvación de su alma dependiese de que usted se dejara llevar por su propio criterio.

Si todo joven que profesa la verdad hiciese como usted ha hecho, ¿cuál sería la condición de las familias y de la iglesia? Tome en cuenta la influencia que ejercerá la falta de respeto hacia sus padres que usted ha demostrado mediante su obstinación y su autosuficiencia. Forma usted parte de la clase de personas descritas como impetuosas e infatuadas. Esta infatuación ha causado que usted pierda su interés en los asuntos religiosos y que piense sólo en sí mismo en lugar de dar gloria a Dios. Ningún bien puede salir de esta intimidad o apegamiento. La bendición de Dios no recaerá sobre tal comportamiento obstinado como el que usted está siguiendo. No debería usted estar ansioso de entrar en una relación matrimonial y asumir el cargo de una familia sin antes haber cimentado sólidamente su propio carácter. Considero que usted está en gran oscuridad, pero que a la vez es incapaz de darse cuenta del peligro en que se encuentra. 

La verdad había comenzado a reformar su vida y carácter y se estaba usted ganando la confianza de los hermanos; pero Satanás veía que lo estaba perdiendo y por lo tanto redobló sus esfuerzos para envolverlo en su artera red, y lo ha logrado maravillosamente bien. La debilidad de su naturaleza, no descubierta hasta el momento, ya se ha desarrollado. Usted no ve su condición, aunque otros la ven claramente. La luz no llega hasta una persona que no se esfuerza por obtenerla. Cuando usted vio que sus hermanos y hermanas lamentaban su proceder, era tiempo entonces de que usted se detuviese a pensar lo que estaba haciendo, orase mucho, y buscase el consejo de hombres de experiencia en la iglesia, aceptando con gratitud sus orientaciones.

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Se preguntará usted: “¿Debo regirme por el criterio de mis hermanos independientemente de mis propios sentimientos?” Yo le contesto: La iglesia constituye la autoridad delegada por Dios sobre la tierra. Cristo dijo: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”. Mateo 18:18. Se muestra demasiado poco respeto por las opiniones de los miembros de la misma iglesia. Es la falta de deferencia hacia las opiniones de la iglesia lo que causa tantos problemas entre los hermanos. Los ojos de la iglesia pueden discernir en sus miembros individuales lo que aquellos que yerran quizá no vean. Unas pocas personas pudieran estar tan ciegas como la persona errante, pero la mayoría de la iglesia es un poder que debiera gobernar a sus miembros individuales. 

Dice el apóstol Pedro: “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. 1 Pedro 5:5. Pablo nos exhorta: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros” (Romanos 12:10), “someteos unos a otros en el temor de Dios” Efesios 5:21. “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Filipenses 2:3. A menos que se lo respete, el consejo de la iglesia será, en efecto, inútil. Dios ha colocado una voz en la iglesia que ha de gobernar a sus miembros.

Si obedece usted a la verdad en vez del error, estará dispuesto a obedecer a sus padres, y con temor sagrado acatar la voz de la iglesia. Sus oraciones han sido hechas bajo la determinación de llevar a cabo lo que considera correcto, sin tomar en cuenta los deseos de sus padres o de la iglesia. A través de toda su vida lo han motivado mayormente sus propios sentimientos egoístas. A menudo hay que hacer un gran sacrificio de sentimientos para poder cumplir con los requisitos expresados en la Palabra de Dios y actuar guiados por principios.

Se pregunta usted: “¿Deben los padres escoger los compañeros sin tomar en cuenta lo que sus hijos e hijas piensan y sienten?” Yo más bien le hago la pregunta como debe ser: ¿Debe un hijo o una hija escoger un compañero o compañera sin antes consultar a sus padres, cuando ese paso habrá de afectar materialmente la felicidad de los padres, si es que tienen algún afecto por sus hijos? ¿Deberá ese hijo o hija insistir en seguir su propia iniciativa a despecho de los consejos y ruegos de sus padres? Decididamente contesto que no, aunque nunca se casen. El quinto mandamiento prohíbe este procedimiento. “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”. Éxodo 20:12. He aquí un mandamiento con promesa que el Señor cumplirá en favor de aquellos que lo obedezcan. 

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Los padres sabios nunca escogerán los compañeros para sus hijos sin respetar sus deseos. Nadie se ha propuesto hacer esto en su caso; pero la mayor parte de lo que la juventud de hoy denomina amor, no es más que un impulso ciego que tiene su origen en Satanás para lograr su destrucción. 

Mi hermano, de ir usted a nuestro colegio ahora, así como lo tiene ideado, tengo temor del comportamiento que vaya a seguir allí. La determinación que ha expresado usted de tener la compañía de una dama dondequiera que vaya me indica que dista mucho de estar en la posición de ser beneficiado por una estadía en Battle Creek. La infatuación que usted tiene es más satánica que divina. Yo no quisiera que usted se desilusionara con respecto a Battle Creek. Las reglas son estrictas allí. No se permite el noviazgo. La escuela no tendría valor alguno para los estudiantes si se envolvieran en amoríos como usted lo ha estado haciendo. Muy pronto se desmoralizaría nuestro colegio. Los padres no envían a sus hijos a nuestro colegio o a nuestras oficinas para iniciar una vida de enamoramiento sentimental, sino para, ser educados en las ciencias o para aprender el oficio de imprenta. Si las normas fueran relajadas al punto de permitir que los jóvenes se embelesaran e infatuaran con la compañía del sexo opuesto como usted lo ha estado haciendo ya por varios meses, se perdería de vista el objetivo de la asistencia a Battle Creek. Si no puede apartar esto completamente de su mente e ir allá con espíritu de aprendiz y con la intención de estimular en sí mismo los más serios, humildes y sinceros propósitos, orando para que disfrute de una comunión estrecha con Dios, sería mejor para usted que permaneciese en casa. 

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